

Hay dos tipos de cuentos de terror: aquellos que llegar al final supone un agradable alivio después de tanto susto, y aquellos en que el punto final sólo está en el papel, pues la inquietud salta hasta nuestra imaginación para que el cuento continúe con nuevos protagonistas, quizá nosotros mismos. A cuentos del segundo tipo me refiero cuando quiero recomendar fervorosamente el libro de José María Latorre, La noche de Cagliostro y otros relatos de terror (editorial Valdemar, colección El Club Diógenes, nº 239). Copio a continuación el cuento de terror más breve que he leído nunca:
FRENTE A LA TUMBA
El hombre se sentó frente a la tumba y esperó a que ésta se abriera.
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.