

Es el nombre supersticioso del destino: todo estaría escrito por anticipado, de manera que el porvenir sería tan imposible de alterar como el pasado. Y ciertamente era verdad, hace cien mil años, que tú leerías hoy estas líneas. Pero no las lees porque fuera verdad, sino que era verdad porque tú las lees. La fatalidad no es más que un contrasentido sobre la eternidad: consiste en someter lo real a lo verdadero, cuando toda acción hace lo contrario.
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.