

Para Jacques Monod, uno de los fundadores de la biología molecular, la vida es una casualidad, imposible de deducir a partir de la naturaleza de las cosas, pero que, una vez ha emergido, evoluciona siguiendo la selección natural de mutaciones aleatorias. La especie humana no se distingue en nada de las demás: no es más que una extracción afortunada en la lotería cósmica.
Ésa es una verdad que nos resulta difícil de aceptar. Como escribe el propio Monod, «las sociedades “liberales” de Occidente enseñan aún, con desdén, como base de su moral, una repugnante mezcla de religiosidad judeocristiana, de progresismo cientista, de creencia en los derechos “naturales” del hombre y de pragmatismo utilitarista». El hombre debe apartar esos errores a un lado y aceptar que su existencia es enteramente accidental. Debe «despertar de su sueño milenario para descubrir su soledad total, su radical foraneidad. Él sabe ahora que, como un zíngaro, está al margen del universo donde debe vivir. Universo sordo a su música, indiferente a sus esperanzas, a sus sufrimientos y a sus crímenes».
Monod tiene razón en cuanto a lo difícil que es aceptar que los humanos no son en nada diferentes del resto de animales. Ni él mismo lo acepta. Desprecia con razón la cosmovisión moderna, pero su propia filosofía constituye otra versión de esa misma mezcolanza sórdida. Para Monod, la humanidad es una especie privilegiada. Es la única que sabe que su existencia es un accidente y sólo ella puede hacerse cargo de su destino. Como los cristianos, cree que el hombre se encuentra en un mundo que le es ajeno e insiste en que debe elegir entre el bien y el mal: «Puede escoger entre el Reino y las tinieblas». En esa fantasía, la humanidad del futuro será diferente no sólo de cualquier otro animal, sino también de cualquier otra cosa que haya sido antes. Los cristianos que se oponían a la teoría de Darwin temían que hiciera que la humanidad pareciera insignificante. No tenían de qué preocuparse. El darwinismo ha sido utilizado para poner a la humanidad de nuevo sobre su pedestal.
Como otros muchos, Monod combina dos filosofías irreconciliables: el humanismo y el naturalismo. La teoría de Darwin muestra la verdad del naturalismo: somos animales como los demás, nuestro destino y el del resto de la vida sobre la Tierra son el mismo. A pesar de eso, una ironía que resulta especialmente exquisita, dado que nadie se ha percatado de ella, el darwinismo es actualmente el pilar central de la fe humanista según la cual nosotros somos capaces de trascender nuestras naturalezas animales y dominar la Tierra.
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.