

Un joven era muy querido por la gente de su pueblo porque, hacia la hora del crepúsculo, todos se reunían a su alrededor, le hacían preguntas y él contaba las muchas cosas extrañas que había visto durante el día.
-Contemplé tres sirenas en el mar -decía-, que cepillaban sus cabellos verdes con un peine dorado.
Y cuando lo urgían a contar más decía algo así:
-A través de una piedra hueca espié a un centauro. Al encontrarse nuestras miradas, se giró lentamente para retirarse y me observó con tristeza, por encima del hombro.
Y si ellos insistían ansiosamente:
-Dinos ¿qué más has visto?
Él les contaba:
-En un bosquecillo, un joven fauno tocaba su flauta para los habitantes del bosque, que bailaban al ritmo de su música.
Sin embargo, un día que salió de paseo vio surgir entre las olas a tres sirenas que alisaban sus cabellos con un peine dorado, y cuando se hubieron ido, un centauro lo miró a través de un risco hueco, y más tarde, al pasar junto a un bosquecillo, contempló a un fauno que tocaba su caramillo para los habitantes del bosque.
Esa noche, cuando la gente del pueblo se reunió bajo el crepúsculo y le espetaron:
-Dinos ¿qué has visto hoy?
Él respondió con tristeza:
-Hoy no he visto nada.
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.