

| Cuando el amor, ese desesperado afán de no estar solo, tiñe de azul mi corazón, y se acercan a mí todas las criaturas de su mano, de repente me asalta una imprevista furia por seguir siendo yo solamente, pobre y frío yo, en mi desmantelada guarida, que ni para ser sepulcro sirve pero es mía. No quiero mirar nada a través de otros ojos, ni dormitar sobre la dúctil gracia de una cintura o una mano, del arco de unos labios o unas cejas. Quiero ser yo, ser mío, ser mi dueño y mi esclavo, morir en mi tiniebla. Que muera en mi tiniebla todo aquello que pudo ser mi hijo, sangre mía, mi casta, regusto de mi boca. Que cada amanecer en sí mismo se cierre, sin verter su palabra al oído de un cómplice. |
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.