

Es hablar con otro, sin intentar convencerle ni vencerle: el propósito es entenderse, no ponerse de acuerdo. Por eso, se distingue de la discusión (que supone una discrepancia y el deseo de ponerle fin) y del diálogo (que tiende hacia una verdad común). La conversación no tiende hacia nada o no tiene otro objetivo que ella misma. Su gratuidad forma parte de su encanto. Es uno de los placeres de la existencia, especialmente entre amigos: disfrutan de sus propias diferencias; ¿qué motivos podrían tener para suprimirlas?
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.