
La amistad encierra maravillosas satisfacciones si nos damos cuenta de que la alegría es contagiosa. Resulta suficiente que mi presencia procure a mis amigos un poco de alegría auténtica para que el espectáculo de esta alegría me haga experimentar, a mi vez, una alegría. De este modo, alegría que cada uno proporciona le es devuelta, y se ponen en libertad verdaderos tesoros de alegría. Los dos amigos se dicen: tenía en mí una felicidad que no usaba para nada.
La fuente de la alegría está en el interior, estoy de acuerdo, y no hay espectáculo más triste que el que ofrece un grupo de gente descontenta haciéndose cosquillas mutuamente para reír. Pero hay que decir también que el hombre contento, si está solo, pronto olvida que está contento; pronto toda su alegría se duerme; alcanza una especie de estupidez y casi de insensibilidad. El sentimiento interior necesita de movimientos exteriores. Si algún tirano ordenara meterme en prisión para enseñarme a respetar los poderes, tendría como regla de salud reírme solo todos los días; ejercitaría mi alegría igual que ejercitaría mis piernas.
Un haz de ramas secas. Inertes, en apariencia, como la tierra. Si las dejáis ahí, se volverán tierra. Sin embargo, estas ramas encierran un ardor oculto que han tomado del sol. Acercadles la más pequeña llamita y pronto tendréis un brasero crepitante. Bastaba con sacudir la puerta y despertar al prisionero.
Así, es preciso una especie de entrenamiento para despertar la alegría. Cuando un bebé ríe por primera vez, su risa no expresa nada en absoluto; no ríe porque sea feliz; yo diría más bien que es feliz porque ríe. El bebé encuentra un placer en el hecho de reír, igual que lo encuentra en el de comer, pero primero es necesario que coma. Es algo que no es sólo cierto para la risa, también necesitamos de las palabras para saber lo que pensamos. Mientras estamos solos no podemos ser nosotros mismos. Los memos de los moralistas dicen que amar es olvidarse de sí; es una visión demasiado simple: cuanto más salimos de nosotros más somos nosotros, mejor también nos sentimos vivir. No dejes que tu leña se pudra en el sótano.