
El avance en la criogenización de seres vivos permitía a la NASA abordar, por fin, el ansiado viaje hasta el sol, de aproximadamente unos cuarenta y tres años, seis horas, catorce minutos y dieciocho segundos, año más, año menos. El cohete era muy ligero gracias a que prescindía de reservas de combustible, salvo el indispensable para el despegue. Su fuente principal de energía sería la solar de su destino, más algo de combustible nuclear para la estufa. Los dos afortunados astronautas fueron introducidos en las cápsulas criogénicas con la esperanza de que el automatismo los despertase al llegar. La maniobra de despegue y direccionamiento fue realizada por control remoto desde la base de Cabo Cañaveral una cálida tarde de primavera del año 2008.
Cuarenta y tres años después...
El automatismo funcionó correctamente y el despertador digital sonó en el momento oportuno. Tras desperezarse y sacudirse la escarcha, los astronautas se dirigieron a la cabina de control de la nave para contemplar el panorama. Allí, frente a ellos, se presentaba majestuoso el sol en toda su inmensidad (no echaron en falta ningún trozo). El calor no les afectaba pues la nave estaba recubierta de presarolita, un elemento de prodigiosas propiedades totalmente ficticio descubierto por el autor de este cuento, y, sobretodo, porque disponían de un buen aparato de aire acondicionado.
-Torre de control, torre de control, aquí el comandante del Voyager-Sideral, ¿me reciben?
-Aquí la torre de control, identifíquese por favor.
-Misión Lorenzo-2008, nave Voyager-Sideral, les habla el comandante Rupérez.
-Pues no me aparece nada con ese nombre, un momento que lo consulto de nuevo.
-Oiga, torre de control, no tarde que es llamada interplanetaria.
Tras unos minutos...
-Comandante Rupérez del Voyager-Sideral, ¿no están ustedes muertos?
-Torre de control, decía Descartes “pienso, luego existo”, así que dado que nosotros existimos, pienso que su pregunta es una estupidez.
-Bien, me alegro, abuelito.
-Torre de control, ¿ha dicho usted “abuelito”?
-Sí, soy tu nieto, Arturo Rupérez. Papá murió en un incendio hace quince años.
-Vaya, ¿por qué no me avisasteis?
-Estabas fuera de cobertura.
-Arturo, concentrémonos en la misión Lorenzo-2008 y ya hablaremos cuando vuelva a casa. Veamos, estamos en la posición X1, cara al sol con la escafandra nueva, y vamos a iniciar la maniobra de circunvalación para averiguar lo estipulado en la directriz secreta. Restableceremos el contacto para comunicar el resultado.
-Suerte.
-Nos vemos.
La nave realizó un movimiento de declinación sindical, sin apenas turbulencias huelguistas, y escorándose a babor emprendió la ruta parabólica que la habría de llevar a la posición X2, es decir, la cara oculta del sol. Una vez alcanzada la posición y realizadas las observaciones pertinentes, el comandante llamó de nuevo.
-Torre de control, torre de control, aquí el comandante del Voyager-Sideral, ¿me reciben?
-Aquí la torre de control, dime abuelito.
-No me llames abuelito que estamos en el aire.
-De acuerdo, comantito, pero esto es una conexión interestelar segura, ¿no ves el candadito abajo a la derecha de HAL?
-En fin... Torre de control, tenemos los resultados de nuestras observaciones según la directriz secreta.
-¿No puedes ser un poco más explícito? Es que se quemaron todos los archivos en el incendio del 2036.
-La directriz es: “Averiguar la existencia de sombra en el sol”. Y el resultado de nuestras observaciones es: El sol no tiene sombra, la oscuridad procede sólo de aquellos que se oponen a su esplendor.