
Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2007.

| Alegría yo te he buscado y buscado por todos los lugares por todos los caminos que andaba y desandaba, alguna vez oí tus pasos en el bosque, otra vez escuché tu risa, pero nunca te tuve entre los brazos para poder hablarte, para decirte que mi vida iba cayendo como una gota de agua, que hacía frío y que te he esperado siempre roto y amante como me ves, como me tienes contra tu pecho amiga. |
La ruina de los ideales clásicos hizo de todos artistas en potencia, y por lo tanto malos artistas. Cuando el criterio del arte era la construcción sólida, la cuidadosa observación de unas reglas: pocos podían atreverse a ser artistas, y buena parte de esos pocos son muy buenos. Pero cuando el arte pasó de ser considerado como creación a ser considerado como expresión de sentimientos, entonces cada cual pudo ya ser artista, porque sentimientos los tenemos todos.
| Este domingo triste pienso en ti dulcemente y mi vieja mentira de olvido ya no miente. La soledad a veces es peor castigo, ah, ¡pero qué alegre todo si estuvieras conmigo! Entonces no querría mirar las nubes grises formando extraños mapas de imposibles países y el monótono ruido del agua no sería el motivo secreto de mi melancolía. Este domingo triste nace de algo que es mío, que quizás es tu ausencia y quizás es mi hastío, mientras corren las aguas por la calle en declive y el corazón se muere de un ensueño que vive. La tarde pide un poco de sol, como un mendigo, y acaso hubiera sol si estuvieras conmigo, y tendría la tarde, fragantemente muda, el ingenuo impudor de una niña desnuda. Si estuvieras conmigo, amor que no volviste. Oh, ¡qué alegre me sería este domingo triste! |

Máscaras (27/01/07)
Me quité la máscara de diablo y me puse la corbata para ir a la oficina. Soy un ejecutivo agresivo. Al volver a casa me quité la máscara de diablo y la corbata.
Ignorante (27/01/07)
Calla, no me lo digas, prefiero no saber
que nuestro amor no vino de Cupido.
Igual me da si eran uniones neuronales
alteradas, hormonas fruto del genotipo
y lo creído pasión, instintos animales.
Disfraz (28/01/07)
No era mi intención asustarte, de verdad, te quiero, piensa que estamos en Carnaval, por eso me disfracé, lo siento, no te vayas, por favor, si quieres me vuelvo a tapar la cara.
Casualidades (28/01/07)
En un baile de disfraces tropecé con una silla que resultó ser la mujer con la que sentaría cabeza, me casé. El año pasado tropecé con una ninfa y mi mujer se alarmó.
Política (30/01/07)
El día de Carnaval el presidente se disfrazó de principal opositor y el opositor de presidente electo, y así trabajaron de acuerdo con sus papeles el resto del día. Nadie se dio cuenta.
Alumno (03/02/07)
Qué bien lo pasé estudiando en la escuela de chirigotas de Cádiz, colaborando con las letras y cantando todos a coro. Aún recuerdo cuando terminé y en lugar de título me dieron risa.
Disfraces (11/02/07)
Disfracé mi amor de indiferencia
para que ella notase mi ausencia.
Disfracé mi presencia de sorpresa
para que ella se sintiese princesa.
Le dije un “te quiero”, un abrazo.
Desde entonces sigo disfrazado.
Tenerife (13/02/07)
El Teide entró en erupción cuando prohibieron los carnavales. Los ríos de lava incandescente y los gases mataron a todos los tinerfeños. Al año siguiente volvieron a permitirlos pero nadie quedaba para disfrazarse.
Sin título (18/02/07)
Se disfrazó de sombra, toda de negro. Al volver a casa pasó por debajo de la puerta y esperó sentada. Cuando ella llegó la sombra volvió a ser real y lo real sombra.
Amor tórrido (24/02/07)
Quién fuera vestido
para ceñir tus curvas
vertiginosas,
de hembra.
Quién fuera crema
para extenderme
por tu piel de seda
y sentirme cual beso.
Quién fuera tuyo
para no estar fuera,
sino dentro.
Ventana sobre el miedo
La voz maligna de Vernon Lee (pseudónimo masculino de la escritora Violet Paget, 1856-1935) es un cuento y, actualmente, un libro breve que incluye sólo tres cuentos: La muñeca, Amour Dure y, claro, La voz maligna. Comencé a leer con aprensión en vista de la espantosa portada con la cabeza cortada de Medusa pintada por Caravaggio. El primer cuento me encantó por su buena narración, su in crescendo que te lleva irremediablemente a un final que, por imprevisto, satisface el doble. Pensé: “Qué chulo este libro, tendré que hacer una crítica para que lo sepan los demás” (suelo comentar sólo los libros que me gustan). El segundo se refería a una influencia maléfica más allá de la muerte, evidentemente femenina, cof-cof, bien escrito pero tan parecido a tantos cuentos posteriores con una historia similar que resultaba completamente previsible. Quizá fuese ella la primera en relatarlo, no lo sé, pero no fue la primera que leí diciendo lo mismo y, claro, me decepcionó bastante. Pensé: “Bueno, a ver si el último cuento vale la pena o me temo que pasaré de recomendarlo”. Y llegué al último cuento, el de título homónimo al libro, por lo que debería de ser el no va más. Y fue el no va menos. Un rollo acerca de un músico muerto que no daba miedo ni leyéndolo dentro de un cementerio a las doce de la noche. Así que pensé: “Pues vaya, paso de escribir una crítica de este libro, menudo bodrio”, pero cuando me di cuenta ya la estabas leyendo.
Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja. De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.

| Udaberria loratu da lorontzi baten barruan txori marroiak dabiltza jiraka nire gelako zeruan egun denak ez dira txarrak batzuk txarragoak dira behin gau oso bat pasatu nuen egunsentiari begira ez dago ezer tristeagorik tristea izatea baino horregatik egiten dut parre malkoak irtetzeraino bakar bakarrik egon nahi nuke bakarrik zure ondoan udaberria itzaldu aurretik erre dezagun negua | La primavera ha dado su flor |
Es fácil observar que cuando se forma una cola -para sacar dinero del cajero automático, para facturar la maleta antes de subir al avión, para comprar una entrada de cine...-, a menudo hay alguien que se desmarca de la línea.
El terrorista puso disimuladamente la bomba detrás de la papelera. El temporizador dispararía el detonador una hora más tarde, cuando el lugar estuviese abarrotado. Se dibujó una sonrisa en su cara, “será un bonito trabajo, la causa lo merece”, pensó. Con calma salió a la calle y torció a la derecha. Esperaría en el bar de la otra esquina para no perder detalle del espectáculo. Pidió al camarero una caña y un bocadillo de tortilla y se sentó junto a la ventana, “espero que la onda expansiva no rompa estos cristales”, pensó. Entonces vio como comenzaban a llegar las madres con sus niños, también algún padre pero pocos, “aún está lejos la igualdad de sexos”, pensó. A la hora prefijada se escuchó la fuerte explosión y, después, silencio. Adultos y niños ensangrentados salían dando tumbos, otros se intuían en el suelo, inmóviles, por todas partes salpicaduras y trozos de vida destrozada. “¿La causa lo merece?”, no pensó.
Els valors que mouen al govern dels Estats Units pel que fa a la seva política internacional es basen en els interessos econòmics de les indústries petrolera i militar mundials. | Los valores que mueven al gobierno de los Estados Unidos en lo que se refiere a su política internacional se basan en los intereses económicos de las industrias petrolera y militar mundiales. |

| Limpiar miedos, desechar prejuicios. Dejar a un lado celos y rencores. Preservar al niño que hay en uno. Cortar finamente, con paciencia. Batir con energía, saltear con coraje. Añadir generosidad. Amasar con las manos. Llevar el deseo a punto de ebullición. Rallar una pizca de locura. Condimentar con vida interior y perfumar con amigos. Ligar con trabajo y diversión. Dejar reposar. Se puede acompañar con música y/o niños. Decorar con buen humor y servir con alegría. |
Cuando considero la brevedad de mi vida, absorbida en la eternidad que precede y que sigue al pequeño espacio que ocupo y que incluso veo, sumergido en la infinita inmensidad de los espacios que ignoro y que me ignoran, me asusto y me sorprendo de verme aquí y no allí, ya que no hay ninguna razón por la que estar aquí en vez de allí, por qué ahora y no entonces. ¿Quién me ha puesto aquí? ¿Por orden y dirección de quién este lugar y este tiempo me han sido destinados? Memoria hospitis unius diei praeteruntis [Recuerdo del huésped de un día que pasa]. El silencio eterno de estos espacios infinitos me espanta.
| Todo el mundo es luz y sombra pero a él la sombra le siguió más que la luz y oscurecía de igual modo un suceso alegre que el reposo entre dos abrazos. Ese aire gris sobrevolaba sus pensamientos día a día y le acosó por los jardines por los hoteles y sus camas manteniéndole prisionero del insomnio y la soledad. Sólo el humo de un cigarrillo o la ebriedad o la pasión le apartaban ciertos momentos de una suerte sin caridad. Por eso ella le acompaña cuando bebe y respira el humo y le desviste y se desviste para que habite entre su luz. |

La ONU resolvió hacer una gran encuesta mundial. La pregunta era: “Por favor, diga honestamente cuál es su opinión sobre la escasez de alimentos en el resto del mundo.” El resultado fue desastroso:
Los europeos no entendieron qué es escasez.
Los africanos no sabían lo que eran alimentos.
Los norteamericanos preguntaron el significado de el resto del mundo.
Los cubanos se extrañaron y pidieron más explicaciones sobre opinión.
El congreso argentino todavía está debatiendo qué es honestamente.
Año 2054. Mis nietos están explorando el desván de mi casa. Descubren una carta fechada en el 2004 y un CD-ROM. La carta dice que ese disco CD-ROM que tienen entre sus manos contiene un documento en el que se da la clave para heredar mi fortuna. Mis nietos tienen una viva curiosidad por leer el CD, pero jamás han visto uno salvo en las viejas películas. Aún cuando localizaran un lector de discos adecuado ¿cómo lograrían hacer funcionar los programas necesarios para la interpretación del disco? ¿Cómo podrían leer mi anticuado documento digital? Dentro de 50 años lo único directamente legible será la carta.
| Hi hagué un home que visqué setanta anys no gaire lluny de casa. Jo el vaig conèixer quan ja era molt vell, però puc dir que no s’havia mogut mai del poble. Del món n’havia vist quatre viles i escaig del voltant de la nostra; mai no anà a ciutat, i mai tampoc no posà els peus en un ferrocarril. Això sí: coneixia pam per pam els topants de les vores del riu i havia estat expert en herbes remeieres. Durant cinquanta anys llargs treballà de paleta i, segons em digueren, va perdre la muller quan encara era jove. De tres fills que tingué dos van morir a la guerra: l’altre marxà del poble, molt lluny, molt lluny..., i mai més no tornà. L’home visqué qui sap els anys tot sol i a les tardes d’estiu s’asseia en un pedrís davant de casa seva. Era afable i molt pulcre i somreia, discret, a la gent que passava. Jo recordo d’haver-hi conversat sobre qualsevol cosa, i recordo també que tenia la veu afectuosa i clara i que en parlar movia molt lentament les mans. L’hivern que el van trobar mort al llit, les veïnes digueren que semblava que el pis hagués estat endreçat feia poc. Degué morir de fred, perquè en tota la casa no hi havia ni un sol bocí de llenya i ell jeia, bo i vestit, embolicat amb una manta. Algú digué que semblava un ocell arraulit sota un ràfec. |

Había una vez tres cerditos que vivían juntos en armonía y mutuo respeto con el entorno que les rodeaba. Sirviéndose de los materiales propios de la zona que habitaban, se construyeron cada uno una hermosa casa. Un cerdito se la construyó de paja, otro de madera y el último de ladrillos fabricados a base de estiércol, arcilla y zarcillos y posteriormente cocidos en un pequeño horno. Al terminar, los tres cerditos se sintieron satisfechos de su labor y siguieron viviendo en paz e independencia.
Pero su idílica existencia no tardó en verse desbaratada. Un día, pasó por allí un enorme lobo malo con ideas expansionistas. Al ver a los cerditos, se sintió sumamente hambriento, tanto desde un punto de vista físico como ideológico. Cuando los cerditos vieron al lobo, se refugiaron en la casa de paja. El lobo corrió hasta ella y golpeó la puerta con los nudillos, gritando:
-¡Cerditos, cerditos, dejadme entrar!
Pero los cerditos respondieron:
-Tus tácticas de bandidaje no te servirán para amedrentar a unos cerditos empeñados en la defensa de su hogar y su cultura.
Pero el lobo se negaba a renunciar a lo que consideraba su destino ineludible. En consecuencia, sopló y sopló hasta derribar la casa de paja. Los cerditos, atemorizados, corrieron a la casa de madera con el lobo pisándoles los talones. El solar en el que se había alzado la casa de paja fue adquirido por otros lobos para organizar una plantación bananera.
Al llegar a la casa de madera, el lobo volvió a golpear la puerta y gritó:
-¡Cerditos, cerditos, dejadme entrar!
Pero los cerditos gritaron a su vez:
-¡Vete al infierno, condenado tirano carnívoro e imperialista!
Al oír aquello, el lobo se rió condescendientemente para sus adentros. Pensó para sí: «Va a ser una lástima que tengan que desaparecer, pero no se puede interrumpir la marcha del progreso.»
A continuación, sopló y sopló hasta derribar la casa de madera. Los cerditos huyeron a la casa de ladrillo con el lobo pisándoles nuevamente los talones. Al solar que había ocupado la casa de madera acudieron otros lobos y fundaron una urbanización de recreo en multipropiedad destinada a lobos en período de vacaciones, diseñando cada unidad como una reconstrucción en fibra de vidrio de la antigua casa de madera e instalando tiendas de recuerdos típicos de la localidad, clubes de submarinismo y delfinarios.
El lobo llegó a la casa de ladrillos y, una vez más, comenzó a aporrear la puerta, gritando:
-¡Cerditos, cerditos, dejadme entrar!
Esta vez, y a modo de respuesta, los cerditos entonaron cánticos de solidaridad y escribieron una carta de protesta a las Naciones Unidas.
Para entonces, el lobo comenzaba a irritarle la obcecación de los cerditos en su negativa a contemplar la situación desde una perspectiva carnívora, por lo que sopló y resopló y volvió a soplar hasta que, de repente, se aferró al pecho con las manos y se desplomó muerto como consecuencia de un infarto producido por el exceso de alimentos ricos en grasas.
Los tres cerditos celebraron el triunfo de la justicia y realizaron una breve danza en torno al cadáver del lobo. Su siguiente paso consistió en liberar sus tierras. Reunieron a un ejército de cerditos que se habían visto igualmente expulsados de sus propiedades y, con su nueva brigada de porcinistas, atacaron la urbanización con ametralladoras y lanzacohetes y dieron muerte a los crueles opresores lobunos, transmitiendo con ello un mensaje inequívoco al resto del hemisferio de no entrometerse en sus asuntos internos. A continuación, los cerditos fundaron un modelo de democracia socialista dotado de educación gratuita, un sistema universal de seguridad social y viviendas asequibles para todos.
Nota del autor: El lobo de este relato representa una imagen metafórica. Ningún lobo real ha sufrido daño alguno durante la redacción de esta historia.
Al igual que un volcán, resulta interesante ver a un erudito en erudición, pero no es recomendable. Leí Salidas de caverna de Hans Blumenberg sin comprender gran parte de lo que ahí se explica, y eso que por la contraportada sabía que giraba entorno a interpretaciones del mito de la caverna de Platón. Dice así: Todo cuanto la imaginación de la caverna haya podido lograr alguna vez está aquí reunido para una historia de salida y ascenso a la realidad plena, una realidad aliada con aquello que, justamente en este punto, Platón parece haber olvidado en su monumental caverna: el recuerdo. Terminarlo ha sido un alivio y tengo la extraña satisfacción de sentir que por mis manos ha pasado una muestra clara de humanidad, pues de nosotros es hacer cosas inútiles.
San Miguel estaba sentado en el borde de una nube, balanceando los pies. Sufría uno de esos días de gloria en los que un tedio celestial le impregnaba hasta la última pluma. Volar de aquí para allá perdía todo interés y adorar a Dios le parecía poco menos que un peloteo hipócrita. Consideraba que la verdadera grandeza está en adorar a nuestros iguales, además de que un ser superior jamás permitiría su endiosamiento. Desde la nube veía a lo lejos a los querubines juguetear con las querubinas, pobres ellas, ángeles de tercera que ni siquiera la divina providencia había permitido que existieran en los textos sagrados. Eran tantos los designios incomprensibles y tanta la eternidad transcurrida, que se había acostumbrado a acatar las órdenes flamígeras sin rechistar ni buscarles justificación. Sólo cuando las nubes parecían negras a su mirada, le asaltaban las dudas y se alejaba momentáneamente de la corte celestial: mejor evitar cualquier encuentro con el jefe omnipresente. Entonces se pasaba horas balanceando los pies y mirando hacia abajo, y si alguna lágrima se le escapaba se convertía en lluvia ácida. “Tendría que haberme ido con él”, se decía, y es que no podía evitar echar de menos al que había sido su mejor amigo, Luzbel, el primer ángel que voló.
Las historias que uno se cuenta a sí mismo de sí mismo «es que yo soy así y no lo puedo remediar», atrincherándose en ese perfil que se adopta, determinan la propia estolidez y la tergiversación de los datos reales que serían capaces de hacernos rectificar la realidad, que en vez de operar beneficiosamente sobre nosotros se pliega pasivamente -pero con menoscabo y deterioro para un todo armonioso y clasificador- a ser operada y manipulada por nosotros, cegándose así la posible eficacia de una mutua interpenetración para la narrativa amplia, justa y liberadora.
| Al pie del alto monte la ciudad yace, rendida y encendida. Bajo la luna llena -y siempre la ven llena los amantes- furtivos besos y suspiros se oyen. El sonoro cortejo de una boda cruza la noche. Quienes se casan hoy ayer mismo aquí mismo se abrazaron; quizá abajo se olviden. En este territorio del amor yo estoy tan solo como de costumbre. Mientras estrecha una cintura, dice alguien: «El poeta cantará la belleza de este ardor y esta hora.» El poeta, cansado de cantar para oídos ajenos, no puede resistirse, sin embargo, a tanta plenitud... El olor y los grillos hacen que la tierra respire, libre y ajena hasta de sí misma, lo mismo que el poeta. |
Els homes com a mecanos som molt simples. Per a una dona és molt fàcil desmuntar-nos peça a peça, i li resulta igualment senzill tornar-nos a muntar. Som automàtics, no tenim secrets, i duem les instruccions d'ús escrites en lloc ben visible. En canvi el mecano de la dona és molt més complicat. Pot ser que amb molta dedicació -i més sort encara- aconsegueixis desmuntar una dona, però quan la tornis a muntar et sobraran sempre tres o quatre peces. Bé, aquestes tres o quatre peces que ens acaben sobrant són el que no entenem de les dones. El que moltes vegades ens fa que ens sentim imbècils davant de la seva manera de funcionar que no podem comprendre, però també el que fa que les estimem, que n'estem enamorats, perquè només ens enamorem d'allò que en alguna mesura ens roman obscur i no del tot abastable. Elles, en canvi, i això és encomiable, ens estimen sabent que som uns grollers i uns primaris. Les dones saben que som estúpids i desgraciats, però que no per això som menys respectables. Ni menys estimables, i és així que es mariden, i que senten il·lusió per les bodes pomposes, pels vestits blancs i pels discursos. El que no entenem de les dones és que no ens menyspreïn com nosaltres les menysprearíem si fossin elles tan simples, tan previsibles, tan vulgars. El que no entenem de les dones és que no siguin totes lesbianes, amb la varietat de masturbadors que hi ha avui al mercat. Per això fan pena les feministes cridaneres que exigeixen igualtat amb retòrica de monja mula, perquè són les úniques que encara no s'han adonat del trist negoci que la igualtat els seria, si precisament el que les diferencia de nosaltres és la seva estratosfèrica superioritat. Per la part que ens toca, consola saber que també hi ha dones tontes.
En su lecho de muerte, una mujer joven hace jurar a su marido que no se comprometerá con ninguna otra mujer. “Si faltas a tu promesa, vendré en espíritu y no te dejaré vivir tranquilo”. El marido, al principio, mantiene su palabra, pero al cabo de unos meses, conoce a otra mujer y se enamora de ella.
Muy pronto empieza a aparecérsele un espíritu cada noche que le acusa de haber faltado a su juramento. Para el hombre no hay duda de que se trata de un espíritu, pues el fantasma nocturno no sólo está informado de todo lo que pasa cada día entre él y su nueva amiga, sino que también conoce exactamente sus pensamientos, esperanzas y sentimientos. Como la situación se le hace insoportable, el hombre decide pedir consejo a un maestro zen.
“Vuestra primera mujer se ha convertido en espíritu y sabe todo lo que vos hacéis”, le declara el maestro. “Todo lo que vos hacéis o decís, todo lo que dais a vuestra prometida, él lo sabe. Tiene que ser un espíritu muy sabio. En verdad, tendríais que admiraros de un tal espíritu. Cuando se os aparezca de nuevo, haced un trato con él. Decidle que sabe tanto que vos no le podéis ocultar nada y que vais a romper vuestro compromiso, si puede contestaros a una sola pregunta”.
“¿Qué pregunta he de hacerle?”, dice el hombre.
El maestro responde: “Tomad un buen puñado de guisantes y preguntadle por el número exacto de guisantes que tenéis en la mano. Si no os sabe responder, sabréis que el espíritu no es más que un producto de vuestra imaginación y ya no os molestará más”.
Cuando a la noche siguiente apareció el espíritu de la mujer, el hombre lo aduló diciéndole que lo sabía todo.
“Efectivamente”, respondió el espíritu, “y sé que hoy has ido a ver al maestro de zen”.
“Y ya que sabes tanto”, prosiguió el hombre, “dime cuántos guisantes tengo en la mano”.
Y ya no hubo espíritu alguno para responder a esta pregunta.

| No es un mandamiento ser la diva del momento Para qué trabajar por un cuerpo escultural, ¿Acaso deseas sentir en ti todos los ojos?, ¿Y desencadenar silbidos al pasar? Mira la esencia, no las apariencias... Mira la esencia, no las apariencias... El cuerpo es sólo un estuche y los ojos la ventana De nuestra alma aprisionada Mira la esencia, no las apariencias... Que todo entra por los ojos dicen los superficiales, Lo que hay adentro es lo que vale Siento en el aire un aroma espiritual, Mensajeros alados intentando aterrizar, Si abres el estuche lo que debes encontrar Es una joya que te deslumbrará Mira la esencia, no las apariencias... Mira la esencia, no las apariencias... 90-60-90, suman doscientos cuarenta, Cifras que no hay que tener en cuenta Mira la esencia, no las apariencias No te dejes medir, no te dejes confundir ¡Agúzate! Hazte valer |
El socavón apareció justo al final de la calle mayor, donde comienzan ya los campos. “Menos mal que no pasaba ningún vecino en ese momento”, decían todos pensando en a quién hubiesen deseado que pasase en ese momento, que todos queremos el bien pero a algunos les queremos un poco menos. Tiburcio, el de la farmacia, fue el primero en acercarse hasta el borde. Cipriano, el del colmado, le sujetaba firmemente por la cintura, dando así pábulo a las malas lenguas que decían que ambos no necesitaban de socavones para sujetarse mutuamente. El fondo no se veía, como el de algunas personas que ni buenas son porque carecen de él. Melitón, el alcalde, dictó un bando prohibiendo que nadie tirase basura después de ver a Radegunda, la beata, tirar las revistas guarras de su sobrino Eufrasio, el estudiante, que con la excusa de explorar el interior se deslizó con cuerdas para recuperarlas. La profundidad del socavón era de apenas veinte metros y en el fondo una hermosa flor. ¿Qué pinta una flor en esta historia? Será cosa de la primavera que siempre vuelve a aparecer cuando todo parecía negro y sin fondo.
Es cosa generalmente reconocida que el hombre es animal social, y yo, que no concibo que las cosas puedan ser sino del modo que son, yo, que no creo que pueda suceder sino lo que sucede, no trato por consiguiente de negarlo. Puesto que vive en sociedad, social es sin duda. No pienso adherirme a la opinión de los escritores malhumorados que han querido probar que el hombre habla por una aberración, que su verdadera posición es la de los cuatro pies, y que comete un grave error en buscar y fabricarse todo género de comodidades, cuando pudiera pasar pendiente de las bellotas de una encina el mes, por ejemplo, en que vivimos. Hanse apoyado para mudar semejante opinión en que la sociedad le roba parte de su libertad, si no toda; pero tanto valdría decir que el frío no es cosa natural, porque incomoda. Lo más que concederemos a los abogados de la vida salvaje es que la sociedad es de todas las necesidades de la vida la peor: eso sí. Esta es una desgracia, pero en el mundo feliz que habitamos casi todas las desgracias son verdad; razón por la cual nos admiramos siempre que vemos tantas investigaciones para buscar ésta. A nuestro modo de ver no hay nada más fácil que encontrarla: allí donde está el mal, allí está la verdad. Lo malo es lo cierto. Sólo los bienes son ilusión.
| Oh muerte mía, ¿dónde estás? Ya tengo edad para saber de ti, para verte desnuda, intacta y mía como la luz, como la voz del alba que hecha de plata vieja y anubarradas rosas se anuncia sobre el pueblo, los dos primeros gallos y los pinos solemnes. Oh muerte mía, sólo te pido lo que al día le pido cuando asoma: si has de estar junto a mí, no me hagas daño. |

Las imágenes resultan inquietantes y las manchas evolucionan intentando saltar fuera. El libreto del disco Liod de Helium Vola da aprehensión y el proceso de colocar el disco en el reproductor se hace con respeto. Entonces comienza el embrujo de sus canciones en latín, alemán, inglés y francés. La música y la voz modifican el continuo espacio-temporal y las dimensiones paralelas se muestran ajenas a las elucubraciones físico-matemáticas, bienvenidos al mundo onírico de la música. Cuando termina de sonar da miedo abrir la bandeja, quién puede predecir las consecuencias de romper un encantamiento.

Darse de bruces con una puerta cerrada cuando se pretende escapar de nuestro pasado, porque no quisiéramos convertirlo en futuro continuo, duele. Ver los lazos que se cierran como sogas al cuello, cada vez más cortos, cada vez más tensos, duele. Intentar huir y no poder, palmear el aire como quien espanta fantasmas, arañar las paredes sin alcanzar a sentir la luz del otro lado, librar batallas en la conciencia donde todos los muertos son propios, duele. Pero más duele encontrarse la puerta cerrada cuando en vez de escapar se quiere entrar, ser aceptado, querido.
La novela El elfo oscuro (trilogía: La morada, El exilio y El refugio) de R. A. Salvatore es doblemente fantástica: por su temática y por su calidad. Un mundo tan ajeno que resulta propio, un lugar donde el huir y el buscar son dos caras de la misma moneda, la que los dioses lanzan para dirimir nuestro destino.
Además, al igual que el drow reclama la mágica presencia de Guenhwyvar, este libro necesita una banda sonora que, sin duda, es el disco Liod de Helium Vola: tierna oscuridad que se insinúa en el quicio de una puerta encantada.
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.