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  • Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2007.

    Resumen

    Llamada |Manuel Vicent|

    Tema: S E N T I R ~ 01/02/2007 21:22 ~ Hay 8 comentarios.

    20070201224054-llamada.jpg

    No había nadie en el bar salvo ellos dos, una pareja de adolescente sentados frente a frente, bebiendo inocente refrescos de naranja. En la mesa, entre los vasos, habían dejado abiertos los teléfonos móviles, que sonaban a veces y entonces él o ella se ponía a charlar alegremente con un ser ajeno e invisible mientras el otro se quedaba hierático. El chico estaba muy enamorado de la chica, pero era incapaz de manifestarle su pasión. Sólo se atrevía a mirarla con intensidad a los ojos y ella ya había captado las turbulencias del corazón de su amigo y también le amaba, pero no podía ayudarle en nada, debido a su extremada timidez. Hablaban de cosas anodinas, sin comprometerse en absoluto. Las palabras iban del uno al otro directamente a través de la vibración del aire sobre el mármol de la mesa. El chico necesitaba declararle su amor y la chica esperaba que lo hiciera ya de una vez, un sueño imposible, porque entre ellos había una barrera psicológica insalvable. Cualquier gesto o inflexión de voz, al estar sus rostros tan cerca, podía delatar un sentimiento íntimo y eso les llenaba de terror. Había media luz en el bar, el hilo musical vertía una melodía propicia y los labios de los enamorados permanecían a una mínima distancia infranqueable. El corazón de los adolescentes tiene hoy un compartimento más. Se compone de dos ventrículos, de dos aurículas y de un teléfono móvil, que también bombea sangre. De pronto, este joven tímido y enamorado tuvo una inspiración. Usó el móvil para hablar con la chica que tenía delante sin dejar de mirarla profundamente a los ojos. Cuando sonó la llamada la chica descolgó. La pareja comenzó a hablarse de forma descarnada como si fueran invisibles. Ninguno de los dos ignoraba que a través de los móviles su voz se convertía en ondas electromagnéticas, viajaban al espacio sideral y luego volvía para penetrar en el cerebro del otro. Brutalmente desinhibido, el chico le dijo que la amaba. La chica le contestó que todas las noches soñaba con él, pero sus expresiones de amor sin amarras tenían dos vehículos: una voz recorría el aire sobre la mesa del bar por medio de la vibración natural y sonaba terriblemente vulgar; la otra bajaba desde un satélite de la estratosfera cargada de libertad e imaginación. “Te amo, te amo”, le decía el chico. “Oigo dos voces a la vez, ¿a cuál de ellas debo creer?”, preguntó ella. El chico le dijo que creyera en el amor que a través de las ondas magnéticas le llegaba por la sangre hasta el corazón.

    La incla interior |Galo Fernández|

    Tema: S E N T I R ~ 02/02/2007 18:31 ~ Hay 2 comentarios.

    20070202183905-la-incla-interior.jpg
    Escurézseme outra tarde
    d’esta mi vidina breve;
    tou solín na mi solana
    cu la lluz del sol que muere,
    ascuitandu qu’aquí en dientru
    nu mieu peitu, sonan güelpes:
     
    Diz que son las martelladas
    d’un martiellu persistente
    que martiella, ya esmartiella,
    ya de día, ya de nueite.
     
    Sin parar ta clabuñandu
    la gadaña de la muerte.

    · dixit V ·

    Tema: c u a d e r n o ~ 16/02/2007 18:12 ~ No hay comentarios. Comentar.

    Durante una semana el servidor de Blogia ha estado inservible, valga la contradicción. No han podido restablecer el servicio hasta hoy, aunque han perdido también la semana anterior de artículos con sus respectivos comentarios. En fin, tampoco se estaba tan mal sin existir.

    El teatro del Bien y el Mal |Eduardo Galeano| [publicado el año 2001]

    Tema: P E N S A R ~ 17/02/2007 11:12 ~ Hay 2 comentarios.

    20070217111250-el-teatro-del-bien-y-el-mal.jpgEn la lucha del Bien contra el Mal, siempre es el pueblo quien pone los muertos. Los terroristas han matado a trabajadores de cincuenta países, en Nueva York y en Washington, en nombre del Bien contra el Mal. Y en nombre del Bien contra el Mal el presidente Bush jura venganza: “Vamos a eliminar el Mal de este mundo”, anuncia.
     
    ¿Eliminar el Mal? ¿Qué sería del Bien sin el Mal? No sólo los fanáticos religiosos necesitan enemigos para justificar su locura. También necesitan enemigos, para justificar su existencia, la industria de armamentos y el gigantesco aparato militar de Estados Unidos. Buenos y malos, malos y buenos: los actores cambian de máscaras, los héroes pasan a ser monstruos y los monstruos héroes, según exigen los que escriben el drama.
     
    Eso no tiene nada de nuevo. El científico alemán Werner von Braun fue malo cuando inventó los cohetes V-2, que Hitler descargó sobre Londres, pero se convirtió en bueno el día en que puso su talento al servicio de Estados Unidos. Stalin fue bueno durante la Segunda Guerra Mundial y malo después, cuando pasó a dirigir el Imperio del Mal. En los años de la guerra fría escribió John Steinbeck: “Quizá todo el mundo necesita rusos. Apuesto a que también en Rusia necesitan rusos. Quizá ellos los llaman americanos.” Después, los rusos se abuenaron. Ahora, también Putin dice: “El Mal debe ser castigado.” Saddam Hussein era bueno, y buenas eran las armas químicas que empleó contra los iraníes y los kurdos. Después, se amaló. Ya se llamaba Satán Hussein cuando los Estados Unidos, que venían de invadir Panamá, invadieron Irak porque Irak había invadido Kuwait. Bush Padre tuvo a su cargo esta guerra contra el Mal. Con el espíritu humanitario y compasivo que caracteriza a su familia, mató a más de cien mil iraquíes, civiles en su gran mayoría.
     
    Satán Hussein sigue estando donde estaba, pero este enemigo número uno de la humanidad ha caído a la categoría de enemigo número dos. El flagelo del mundo se llama ahora Osama Bin Laden. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) le había enseñado todo lo que sabe en materia de terrorismo: Bin Laden, amado y armado por el gobierno de Estados Unidos, era uno de los principales “guerreros de la libertad” contra el comunismo en Afganistán.
     
    Bush Padre ocupaba la vicepresidencia cuando el presidente Reagan dijo que estos héroes eran “el equivalente moral de los Padres Fundadores de América”. Hollywood estaba de acuerdo con la Casa Blanca. En estos tiempos, se filmó Rambo 3: los afganos musulmanes eran los buenos. Ahora son malos malísimos, en tiempos de Bush Hijo, trece años después. Henry Kissinger fue de los primeros en reaccionar ante la reciente tragedia. “Tan culpable como los terroristas son quienes les brindan apoyo, financiación e inspiración”, sentenció, con palabras que el presidente Bush repitió horas después.
     
    Si eso es así, habría que empezar por bombardear a Kissinger. El resultaría culpable de muchos más crímenes que los cometidos por Bin Laden y por todos los terroristas que en el mundo son. Y en muchos más países: actuando al servicio de varios gobiernos estadounidenses, brindó “apoyo, financiación e inspiración” al terror de Estado en Indonesia, Camboya,
     
    Chipre, Irán, África del Sur, Bangladesh y en los países sudamericanos que sufrieron la guerra sucia del Plan Cóndor.
     
    El 11 de septiembre de 1973, exactamente 28 años antes de los fuegos de ahora, había ardido el palacio presidencial en Chile. Kissinger había anticipado el epitafio de Salvador Allende y de la democracia chilena, al comentar el resultado de las elecciones: “No tenemos por qué aceptar que un país se haga marxista por la irresponsabilidad de su pueblo.”
     
    El desprecio por la voluntad popular es una de las muchas coincidencias entre el terrorismo de Estado y el terrorismo privado. Por poner un ejemplo, la ETA, que mata gente en nombre de la independencia del País Vasco, dice a través de uno de sus voceros: “Los derechos no tienen nada que ver con mayorías y minorías.” Mucho se parecen entre sí el terrorismo artesanal y el de alto nivel tecnológico, el de los fundamentalistas religiosos y el de los fundamentalistas del mercado, el de los desesperados y el de los poderosos, el de los locos sueltos y el de los profesionales de uniforme.
     
    Todos comparten el mismo desprecio por la vida humana: los asesinos de los cinco mil quinientos ciudadanos triturados bajo los escombros de las Torres Gemelas, que se desplomaron como castillos de arena seca, y los asesinos de los doscientos mil guatemaltecos, en su mayoría indígenas, que han sido exterminados sin que jamás la tele ni los diarios del mundo les prestaran la menor atención. Ellos, los guatemaltecos, no fueron sacrificados por ningún fanático musulmán, sino por los militares terroristas que recibieron “apoyo, financiación e inspiración” de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos.
     
    Todos los enamorados de la muerte coinciden también en su obsesión por reducir a términos militares las contradicciones sociales, culturales y nacionales. En nombre del Bien contra el Mal, en nombre de la Única Verdad, todos resuelven todo matando primero y preguntando después. Y por ese camino, terminan alimentando al enemigo que combaten. Fueron las atrocidades de Sendero Luminoso las que en gran medida incubaron al presidente Fujimori, que con considerable apoyo popular implantó un régimen de terror y vendió el Perú a precio de banana. Fueron las atrocidades de Estados Unidos en Medio Oriente las que en gran medida incubaron la guerra santa del terrorismo de Alá.
     
    Aunque ahora el líder de la Civilización esté exhortando a una nueva Cruzada, Alá es inocente de los crímenes que se cometen en su nombre. Al fin y al cabo, Dios no ordenó el holocausto nazi contra los fieles de Jehová, y no fue Jehová quien dictó la matanza de Sabra y Chatila ni quien mandó expulsar a los palestinos de su tierra. ¡Acaso Jehová, Alá y Dios a secas no son tres nombres de una misma divinidad? Una tragedia de equívocos: ya no se sabe quién es quién. El humo de las explosiones forma parte de una mucho más enorme cortina de humo que no impide ver. De venganza en venganza, los terrorismos nos obligan a caminar a los tumbos. Veo una foto, publicada recientemente: en una pared de Nueva York alguna mano escribió: “Ojo por ojo deja al mundo ciego”.
     
    La espiral de la violencia engendra violencia y también confusión: dolor, miedo, intolerancia, odio, locura. En Porto Alegre, a comienzos de este año, el argelino Ahmed Ben Bella advirtió: “Este sistema, que ya enloqueció a las vacas, está enloqueciendo a la gente.” Y los locos, locos de odio, actúan igual que el poder que los genera.
     
    Un niño de tres años, llamado Luca, comentó en estos días: “El mundo no sabe dónde está su casa.” Él estaba mirando un mapa. Podía haber estado mirando un noticiero.

    · dioses y diablos ·

    Tema: e s b o z o s ~ 17/02/2007 20:14 ~ Hay 2 comentarios.

    20070217201410-dioses-y-diablos.jpgLa ofensa se remontaba al origen de los tiempos, cuando Satán decidió abandonar el paraíso harto de que siempre hiciera buen tiempo y de que las buganvillas estuviesen permanentemente en flor. Entonces Dios, en su absoluta arrogancia, se había sentido terriblemente ofendido “con la de días que ha costado hacerlo” y no escuchó las razones de Satán, buenas o malas, qué sé yo, pero eran suyas y eso debiera haber sido suficiente para escucharlo. Entonces Satán se fue cabizbajo a ver mundo y, como en un principio no había nada más que paraíso, se creó el mundo que nosotros conocemos para poder verlo. Hacía ya una eternidad de todo ello cuando de repente sonó el teléfono del despacho de Satán:
     
    -Satán al habla, dígame.
     
    -Hola Satán, soy Dios.
     
    -¡Válgame Dios!, no te ofendas, es un decir. Tanto tiempo sin saber de ti, pensaba que te habías retirado, ¿en qué puedo ayudarte?
     
    -Sí, verás, he estado pensando mucho últimamente y... bueno... en fin... ¿no crees que va siendo hora de que nos reconciliemos?
     
    -Pues vaya... sí, y tanto que sí. Las criaturas humanas están necesitadas de nuestro ejemplo.

    · dixit VI ·

    Tema: c u a d e r n o ~ 17/02/2007 20:18 ~ Hay 9 comentarios.

    Cuando estar por estar
    no es estar al cuadrado
    sino dolor doble de estar
    y mi risa se ha esfumado.

    · Diario mexicano ·

    Tema: m i r a d a s ~ 18/02/2007 10:22 ~ Hay 5 comentarios.

    20070217212118-eclipsis.jpg

    sábado, 07/01/06 por la tarde, Barcelona
     
    Para entrar en Narnia hay que atravesar un armario, una singularidad espacio-temporal que transporta a otras dimensiones. También están los agujeros negros que nadie sabe a dónde van ni nadie quiere averiguarlo in situ pues, de todos modos, a dónde sea se llegaría batido molecularmente, lo cual no parece una sensación especialmente agradable. Hay que añadir, además, otra singularidad espacio-temporal, ésta cotidiana: la maleta. En una maleta cabe más de lo que ocupa. El espacio disponible se expande conforme se comprime lo colocado y las paredes de la maleta, sorprendentemente, aguantan la discontinuidad. Evidentemente se trata de una situación de inestabilidad y, por lo tanto, puede producirse la expansión súbita con desparramamiento de contenido. O bien pueden cambiar las condiciones físicas y lo que una vez accedió a la dimensión de la maleta negarse a hacerlo de nuevo, lo cual suele ocurrir en lugar lejano sin otra alternativa que expandir el volumen y tornar esférico lo que una vez fue un paralelepípedo.
     
    Tengo la maleta preparada, prueba fehaciente de lo explicado antes, pues mañana me voy un mes a trabajar en México. Que Zapata me proteja.
     
     
    lunes, 16/01/06 después de cenar, México
     
    Hoy ha hecho calor y ahora mismo el aire sopla caliente, cuando lo "normal" sería que por la noche hiciera frío y por el día se rondasen los 20 ºC. La puerta al jardín no ajusta bien y de tanto en tanto se oye el silbido del espíritu del viento. La luna está llena y su faz es sonrosada, como si se avergonzase de crear las sombras de la noche. Y yo que lo escribo y nadie me lee, esto se llama soledad.
     
     
    martes, 17/01/06 después de cenar, México
     
    Ayer hizo calor, hoy hizo frío, me siento un filete vuelta y vuelta, poco hecho, por favor. El viento no amainó en todo el día y el polvo del terreno se coló por los resquicios más recónditos de mi ser, así que aparte de filete me siento croqueta rebozada. Conste que he cenado pero comer aquí es abrirme aún más el apetito, cuando lo que yo querría es perder peso. Y es que me lo como todo, cuanto más raro mejor, pues lo mío es el turismo gastronómico. Hoy estuve trabajando hasta las 21:00h, lo cual significa que si en Barcelona era explotado ahora soy un explotado internacional. Y eso es todo por hoy, me voy a dormir hasta que el gallo o el burro de la finca de enfrente me despierten de madrugada... tendré que comérmelos para que dejen de molestar.
     
     
    lunes, 23/01/06 después de cenar, México
     
    Ha llovido, ¡milagro!, pero sólo un poco y suavecito, así que ha sido un milagro chiquitito. Se supone que estamos en época seca pero si lloviese en época mojada lo estaría haciendo sobre mojado y, claro, ya no habría sorpresa. Así que los cáctus se han mostrado hoy más relucientes, y sus púas presentaron la típica gota que cae de la jeringuilla del genio chiflado que ha decidido experimentar con tu cuerpo. El suelo olía a mojado y caminar por fuera era como seguir en la cama, arropado por los agradables efluvios de la naturaleza. Y hablando de naturaleza: El burro de enfrente ha estado callado, ¡milagro!, ojalá pille un resfriado.
     
     
    martes, 24/01/06 después de cenar, México
     
    Hoy ha vuelto a llover, lo cual dejará de ser milagro para convertirse en plaga divina si sigue así muchos días. Y hablando de lo divino y lo mexicano, al lado de la residencia hay una pequeña iglesia en la cual todavía no he entrado pues para hacerlo hay que estar armado de fe y escopeta, cuando menos. En lo alto de la entrada se ve una cruz iluminada, no precisamente por el Espíritu Santo sino por la Compañía Eléctrica pues su perfil es un neón luminoso. Algo así como la entrada de un prostíbulo pero en reverente. Y continuando con lo divino, en muchas de las máquinas aparece la pintada “primero Dios”. Resulta curioso que aquí se diga precisamente “primeramente Dios” en lugar de nuestro “Dios mediante”, lo cual me lleva a pensar que en  España empezamos las cosas al tuntún y después (en el medio) nos encomendamos a Dios sólo por si acaso. ¿Habrá algún lugar en el que la expresión sea “Dios finalmente”? Quizá cuando te encuentre, amor.
     
     
    lunes, 06/02/06 después de dormir 15 horas seguidas, Barcelona
     
    El mundo es pequeño y, desde 1492, también redondo. Así pues no existe posibilidad de crecimiento personal cuando seguir indefinidamente cualquier camino nos llevará irremediablemente de vuelta al lugar de partida. El empeño debe de estar entonces en hacer más confortable esta jaula en la que nos movemos en círculos, amueblar los pensamientos y adornarlos con sentimientos viejos, nuevos e inventados. Llegar al final del camino es encontrar el inicio de nuevo. Las circunstancias que rodean nuestra vida conforman el carácter, tanto las voluntarias como las infligidas. El viajar es una de las más enriquecedoras pues el contacto con otras culturas barniza nuestros matices y relativiza nuestras conclusiones. Y volver es tomar conciencia de que hay cosas que han cambiado aunque sigan siendo las mismas.

    Poema vagabundo |Duende|

    Tema: S E N T I R ~ 19/02/2007 21:46 ~ Hay 13 comentarios.

    20070217214559-poema-vagabundo.jpg
     

    Le quité la máscara al amor

    y encontré amistad.


    Desnudé la amistad

    y te hallé a ti.


    Desde entonces
    ya no tiene sentido
    la palabra soledad.

     

    Del primado de la voluntad en la autoconciencia |Arthur Schopenhauer| [fragmento]

    Tema: P E N S A R ~ 20/02/2007 21:53 ~ No hay comentarios. Comentar.

    20070217204051-del-primado-de-la-voluntad-en-la-autoconciencia.jpgCuando recorremos la serie gradual de los animales hacia atrás, vemos que el intelecto se hace cada vez más débil e imperfecto: pero en modo alguno observamos una correspondiente degradación de la voluntad. Antes bien, esta conserva en todos los casos su esencia idéntica y se muestra como una gran dependencia de la vida, desvelo por el individuo y la especie, egoísmo y desconsideración hacia todos los demás, así como los afectos que de ahí derivan. La voluntad está presente completa y en su totalidad hasta en el más diminuto insecto: este quiere lo que quiere, tan decidida y completamente como el hombre. La diferencia radica únicamente en lo que quiere, es decir, en los motivos; pero estos son cosa del intelecto. En cuando secundario y vinculado a un órgano corporal, el intelecto posee innumerables grados de perfección y es, en general, esencialmente limitado e imperfecto. En cambio, la voluntad, en cuanto realidad originaria y cosa en sí, no puede nunca ser imperfecta sino que cada uno de sus actos es todo lo que puede ser. Debido a la simplicidad que corresponde a la voluntad como cosa en sí, a lo metafísico del fenómeno, su esencia no admite grados sino que es siempre plenamente ella misma: únicamente su excitación tiene grados, desde la más débil inclinación hasta la pasión, y lo mismo su excitabilidad, o sea, su vehemencia, desde el temperamento flemático al colérico. El intelecto, en cambio, no solo posee grados de excitación, desde la modorra hasta el desvarío y el entusiasmo, sino que tiene también grados en su esencia misma, en su perfección, que ascienden por niveles desde el animal inferior que solo percibe confusamente hasta el hombre; y en este, a su vez, desde el tonto hasta el genio. Solamente la voluntad es siempre plenamente ella misma. Pues su función es de la máxima simplicidad: consiste en querer y no querer, cosa que se efectúa con la mayor facilidad y sin esfuerzo, y no requiere ninguna práctica; mientras que, por el contrario, el conocimiento tiene variadas funciones y nunca se lleva a cabo sin esfuerzo, ya que este se necesita para pensar y reflexionar; por eso es susceptible de un gran perfeccionamiento por medio del ejercicio y la instrucción. Si el intelecto le presenta a la voluntad un simple objeto intuitivo, esta expresa inmediatamente su agrado o desagrado sobre él: y lo mismo ocurre cuando el intelecto ha cavilado y sopesado fatigosamente para, partiendo de numerosos datos y mediante difíciles combinaciones, extraer finalmente el resultado que en mayor medida parece acorde con el interés de la voluntad; porque mientras tanto esta descansa ociosa y, tras obtenerse el resultado, entra igual que el sultán en el diván, para volver a expresar su monótono agrado o desagrado, los cuales pueden resultar diversos en grado pero en esencia siguen siendo siempre los mismos.
     
    Esta naturaleza radicalmente distinta de la voluntad y el intelecto, el carácter simple y originario de aquella en oposición a la índole complicada y secundaria de este, se nos hacen más claros si observamos en nuestro interior su peculiar despliegue y contemplamos en los casos individuales cómo las imágenes y pensamientos que ascienden hasta el intelecto ponen en movimiento la voluntad, y qué separadas y diferenciadas están las funciones de ambos. Eso lo podemos percibir ya en los acontecimientos reales que excitan vivamente la voluntad, aunque sean ante todo y en sí mismos meros objetos del intelecto. Solo que, por una parte, aquí no está tan claro que esa realidad como tal no exista primariamente más que en el intelecto; y, por otra parte, la mayoría de las veces el cambio no se produce con tanta rapidez como se precisa para que la cosa sea fácilmente abarcable y así correctamente captada. Sin embargo, ambas cosas ocurren cuando son meros pensamientos y fantasías los que actúan sobre la voluntad. Si, por ejemplo, a solas con nosotros mismos, reflexionamos sobre nuestros asuntos personales y nos representamos vivamente la amenaza de un peligro realmente presente y la posibilidad de un desenlace desdichado, el miedo comprime enseguida nuestro corazón y se nos hiela la sangre en las venas. Pero si luego el intelecto pasa a la posibilidad del desenlace opuesto y deja que la fantasía pinte la dicha largamente esperada y conseguida, enseguida el pulso cobra una alegra marcha y nuestro corazón se siente ligero como una pluma; hasta que el intelecto despierta de su sueño. Acaso algún motivo para ello lo cause el recuerdo de una ofensa o perjuicio sufrido hace mucho tiempo: enseguida la ira y el rencor asaltan el pecho aún tranquilo. Luego asciende, casualmente provocada, la imagen de una persona amada perdida hace tiempo, a la que se asocia toda la aventura con sus mágicas escenas; entonces aquella ira dejará lugar a una profunda nostalgia y melancolía. Si, por último, nos viene a la cabeza algún antiguo suceso vergonzoso, nos encogemos, queremos hundirnos, nos ponemos colorados e intentamos a toda costa apartarnos y evadirnos de él con una sonora exclamación, como ahuyentando los malos espíritus. Se ve que el intelecto toca la música y la voluntad tiene que bailar a su son: incluso aquel le hace a esta representar el papel de un niño al que su niñera pone a placer en los más diversos estados de ánimo al parlotearle y contarle alternativamente cosas alegres y tristes. Todo esto se debe a que la voluntad carece en sí misma de conocimiento y el entendimiento que le acompaña carece de voluntad. Esta se asemeja a un cuerpo que es movido y aquel a las causas que lo ponen en movimiento: pues es el medio de los motivos. Pese a todo, el primado de la voluntad vuelve a hacerse patente cuando ésta, tras dejar gobernar al intelecto, su espejo, le hace sentir en última instancia su supremacía al prohibirle ciertas representaciones y no permitir la evocación de ciertos pensamientos; porque ella sabe, es decir, se entera por ese mismo intelecto, de que caería en alguna de las emociones descritas: entonces refrena el entendimiento y le obliga a dirigirse a otras cosas. Por muy difícil que ello pueda ser, se consigue en cuanto la voluntad se lo toma en serio: pues la resistencia no procede aquí del entendimiento, que siempre permanece indiferente, sino de la voluntad misma, que en un sentido se inclina hacia una representación que en otro sentido rechaza. En sí misma ésta es interesante porque le motiva; pero al mismo tiempo el conocimiento abstracto le dice que la pondría inútilmente en una agitación penosa o que no valiera la pena: conforme a este último conocimiento, ella se decide y obliga al intelecto a obedecer. A esto se le llama «ser dueño de sí»: está claro que aquí el dueño es la voluntad y el servidor el intelecto; pues ella es en última instancia la que siempre ostenta el mando. A este respecto, correspondería a la voluntad el título de lo hegemónico, lo que tiene el mando: pero también parece corresponderle al intelecto en cuanto es el director y el guía, igual que el asalariado que marcha por delante del viajero. Pero en verdad el ejemplo más acertado para la relación entre ambos es el del ciego forzudo que lleva en sus hombros a un paralítico que ve.
     
    La relación aquí expuesta entre la voluntad y el intelecto puede además reconocerse en el hecho de que el intelecto es originariamente ajeno por completo a las decisiones de la voluntad. Él le suministra los motivos: pero solo se entera de cómo han actuado sobre ella después, totalmente a posteriori; es igual que quien hace un experimento, pone los reactivos y luego espera el resultado. El intelecto queda excluido de las verdaderas decisiones y las resoluciones ocultas de su propia voluntad hasta tal punto que en ocasiones, igual que si se tratara de una voluntad ajena, solo se puede enterar de ellas espiando por sorpresa, y tiene que atraparla en sus exteriorizaciones para descubrir sus verdaderos propósitos. Por ejemplo, he trazado un plan al que se opone algún escrúpulo y cuya ejecución es totalmente incierta en lo que a su posibilidad respecta, ya que depende de circunstancias externas y aún no resueltas; así que por de pronto no sería necesario adoptar ninguna resolución sobre él; de ahí que deje el asunto en paz de momento. Pero con frecuencia no sé hasta qué punto he confraternizado ya en secreto con aquel plan y cuánto deseo realizarlo pese a los escrúpulos; es decir, mi intelecto no lo sabe. Mas luego llega una noticia favorable a su realización: enseguida nace en mi interior una alegría jubilosa e incontenible que se extiende por todo mi ser y se apropia permanentemente de él, para mi propio asombro. Hasta entonces no llega mi intelecto a saber con qué firmeza había abrazado mi voluntad aquel plan y cómo se había adaptado plenamente a él, mientras que el intelecto sólo lo había adaptado plenamente a él, mientras que el intelecto sólo lo había tomado por algo totalmente problemático y que difícilmente podía hacer frente a aquel escrúpulo. O, en otro caso, he contraído con gran empeño una obligación recíproca que creía altamente acorde con mis deseos. Luego, al proseguir el asunto, se hacen sentir los inconvenientes y las cargas, y caigo en la sospecha de que me arrepiento de aquello que con tanto empeño emprendí: sin embargo, me libro de ella dándome por seguro que, aunque no estuviera obligado, seguiría por el mismo camino. Pero entonces, de manera inesperada, se resuelve el compromiso por el lado opuesto y percibo con asombro que ello se produce con gran alegría y alivio por mi parte. Con frecuencia no sabemos lo que deseamos o lo que tememos. Podemos abrigar durante años un deseo sin confesárnoslo o sin permitir que se nos haga claramente consciente; porque el intelecto no debe enterarse de nada, ya que con ello se resentiría la buena opinión que tenemos sobre nosotros mismos: pero si el deseo se cumple, en nuestra alegría reconocemos, no sin vergüenza, que hemos deseado eso: por ejemplo, la muerte de un familiar cercano al que estamos enterrando. Y a veces no sabemos lo que realmente tememos, ya que nos falta el valor de hacérnoslo claramente consciente. Incluso con frecuencia estamos en un completo error acerca del auténtico motivo por el que hacemos u omitimos algo, hasta que acaso una casualidad nos revela el secreto y nos damos cuenta de que no era un motivo lo que considerábamos como tal, sino otra cosa que no habíamos querido confesar, ya que en modo alguno se corresponde con la buena opinión que abrigamos acerca de nosotros. Por ejemplo, dejamos de hacer algo por razones puramente morales, según creemos; pero luego nos damos cuenta de que fue únicamente el miedo lo que nos retuvo, ya que lo hacemos tan pronto como desaparece cualquier peligro. En casos particulares la cosa puede llegar tan lejos que un hombre no suponga siquiera el verdadero motivo de su acción y hasta se considere incapaz de ser movido por él: y, sin embargo, ese es el verdadero motivo de su actuar. De paso se confirma y explica en todo esto la regla de La Rochefoucauld: L’amour propre est plus habile que le plus habile homme du monde [El amor propio es más hábil que el hombre más hábil del mundo]; e incluso encontramos ahí un comentario al Conócete a ti mismo délfico y su dificultad. Si, por el contrario, tal y como se figuran todos los filósofos, el intelecto constituyera nuestra verdadera esencia y las resoluciones de la voluntad fueran un mero resultado del conocimiento, entonces lo decisivo de cara a nuestro valor moral tendría que ser únicamente el motivo por el que suponemos actuar; del mismo modo que la intención, no el resultado, es aquí lo decisivo. Pero entonces la distinción entre motivos supuestos y reales sería imposible. Así pues, todos los casos aquí expuestos, junto a otros análogos que cualquiera que preste atención puede observar en sí mismo, nos permiten ver cómo el intelecto es tan ajeno a la voluntad, que a veces es incluso mistificado por ella: pues él, ciertamente, le suministra los motivos pero no penetra en los resortes ocultos de sus resoluciones. Es un confidente de la voluntad pero un confidente que no lo sabe todo. Una confirmación de esto nos la ofrece el hecho de que en ocasiones el intelecto no informa correctamente a la voluntad, como casi todos habrán tenido alguna vez la oportunidad de observar en sí mismos. En efecto, cuando hemos concebido una decisión importante y atrevida que en cuanto tal no es en realidad más que una promesa que la voluntad hace al intelecto, en nuestro interior nos queda la duda leve e inconfesa de si la cosa va totalmente en serio, de si al cumplirla no vacilaremos ni nos echaremos atrás sino que tendremos la firmeza y constancia suficientes para llevarla a cabo. Por eso se necesita el hecho para convencernos a nosotros mismos de la sinceridad de la decisión.
     
    Todos estos hechos atestiguan la total diversidad de la voluntad y el intelecto, el primado de la primera y la posición subordinada de éste.

    · Stille |Lacrimosa| [1997] ·

    Tema: t e s o r o s ~ 21/02/2007 22:13 ~ Hay 9 comentarios.

    20080323222041-stille.jpg

    Aunque todos los discos tienen forma redonda no todos son así. La discografía de Lacrimosa se caracteriza por su esbelta redondez apenas alterada por alguno que pueda ser ligeramente elíptico o algún otro que pueda tener alguna punta que pinche. Su música arropa como la oscuridad cierra los ojos del cansado de esperar una luz que nunca llega, una suavidad áspera y una dureza acariciadora. Entonces llega el momento de querer destacar alguno y renuncio a ello para simplemente tomar una muestra: Stille. Un disco redondo. Porque la vida es como el teatro: quien la contempla ve un espectáculo asombroso, quien está en el escenario sólo ve oscuridad delante y, al final, a nadie.

    Diario |Anne Frank| [fragmento]

    Tema: P E N S A R ~ 22/02/2007 21:24 ~ Hay 2 comentarios.

    20070217213558-diario.jpgMe es absolutamente imposible construir cualquier cosa sobre la base de la muerte, la desgracia y la confusión. Veo como el mundo se va convirtiendo poco a poco en un desierto, oigo cada vez más fuerte el trueno que se avecina y que nos matará, comparto el dolor de millones de personas, y sin embargo, cuando me pongo a mirar el cielo, pienso que todo cambiará para bien, que esa crueldad también se acabará, que la paz y la tranquilidad volverán a reinar en el orden mundial.

    Al carrer, davant de casa... |Josep Fornés|

    Tema: S E N T I R ~ 23/02/2007 22:19 ~ No hay comentarios. Comentar.

    20070219215914-al-carrer.jpg
    Al carrer, davant de casa,
    les cadires hem posat,
    i damunt d’una rabassa
    fustes velles hi hem plantat.
     
    Pels terrats el fum escampa
    cants i gloses, sons eterns,
    que la gent pagesa canta
    vora el foc ara a l’hivern.
     
    Aturant l’aire al seu pas
    va sonant mentre somia,
    tremolosa va cridant
    pels carrers la xirimia.
     
    Freda nit de cor calent,
    fogueró de flames altes,
    culte antic, brasa roent
    que la gent al foc atanses.
     
    Aigua i canya fregadissa,
    la ximbomba va sonant,
    aspre so que al món encisa,
    vell caduf que va plorant.
     
    Plora l’aigua, vella amiga
    que el seu ventre, ara tan sec,
    fresca i clara travessava
    amb alegre frec a frec.
     
    Canta el vell que el temps mesura
    recordant tot el passat,
    canta el jove la ironia
    del que encara no ha arribat.
     
    Nit de fum i fartanera
    arrauxada en el cantar,
    nit de càlida harmonia
    generosa en el parlar.
     
    Nit d’hivern, vella poblera,
    tu que plantes cara al temps,
    bruixa sàvia i remeiera,
    qui podrà dir els anys que tens?
     
    Fràgil cendra voladissa
    alça un suau ventet gelat.
    Al carrer, davant de casa,
    hi ha la gent que jo he estimat.

    Sexo |Carmen Martín Gaite|

    Tema: P E N S A R ~ 24/02/2007 17:33 ~ Hay 7 comentarios.

    20071104003053-cmg.jpgDe verdad el sexo ha tenido siempre el mismo valor: un rato. Antes se menospreciaba a la mujer de fácil entrega; ahora se la valora. Pero el acto en sí mismo sigue siendo de segunda fila; y comoquiera que la mujer -al sentirse valorada por su generosidad en darse- haya elevado el tema a rango superior, asistimos a una hipertrofia del tema del sexo del cual a no ser por las enfermedades disimuladas, harturas y cegueras a que ha dado lugar, bien poco tendría que decirse.

    · La velada ·

    Tema: e s b o z o s ~ 25/02/2007 17:01 ~ Hay 12 comentarios.

    20070224180256-la-velada.jpgCompró dos velas estilizadas de color miel, porque las cortinas eran de ese tono y el mantel que había comprado en la otra tienda también. Mahler sonaría de fondo y tres horas antes quemaría una barrita de incienso para aromatizar la habitación. En el centro de la mesa un pequeño jarrón de vidrio con unas margaritas blancas... Él, que se consideraba muy macho, no permitió que encendiese las velas cursis. Él, que era un forofo del Barça, pidió parar la música y sintonizar el partido. Él, que era fumador, mató el olor del incienso tras su primera calada. Él, que dijo ser alérgico pero era muy macho, provocó que las margaritas cursis terminasen en el cubo de la basura... El café se lo tomó en un bar.

    · Todo cuanto amé |Siri Hustvedt| ·

    Tema: t e s o r o s ~ 26/02/2007 21:18 ~ Hay 4 comentarios.

    20070224221615-todo-cuanto-ame.jpgTampoco son tantos a los que queremos, se podrían contar con los dedos de una mano; en cambio nuestra vida tiene miles de días. La operación es sencilla: tiempo disponible / tiempo dedicado a esas personas. Para unos será mucho y para otros ridículo. La estupenda novela de Siri Hustvedt desarrolla la operación anterior ante nuestros ojos y demuestra que el resultado, por más que nos esforcemos, siempre será aproximado.

    Padrenuestro |Anónimo|

    Tema: S E N T I R ~ 27/02/2007 21:28 ~ No hay comentarios. Comentar.

    20070225120056-padrenuestro.jpg
    Capital nuestro, que estás en el Oeste, amortizadas sean tus inversiones.
    Vengan a nosotros tus beneficios, aumenten tus tipos de interés.
    Así en Wall Street como en Europa.
    Nuestra facturación diaria dánosla hoy.
    Y prorróganos nuestros créditos, así como nosotros se los prorrogamos a nuestros acreedores.
    Y no nos dejes caer en la bancarrota, mas líbranos de los sindicatos.
    Pues tuyos son medio mundo, el poder y las riquezas.
    Por los últimos doscientos años.
    Mammon.

    Los Colegiantes |Steven Nadler| [fragmento]

    Tema: P E N S A R ~ 28/02/2007 21:29 ~ No hay comentarios. Comentar.

    20070301212709-colegiantes.jpgLa primera comunidad de Colegiantes se formó en 1619 en Warmond, en parte como respuesta a las reaccionarias resoluciones del Sínodo de Dort, que había expulsado a los Replicantes de la Iglesia Reformada. El grupo trasladó pronto su base de operaciones a Rijnsburg, justo a pocas millas de Leiden. Hacia los años 1640 había «colegios» en varias ciudades de los Países Bajos, incluyendo Groningen, Rotterdam y, sobre todo, Amsterdam. Tratando de mostrarse circunspecto, el grupo de Amsterdam celebraba usualmente sus encuentros en las casas de sus miembros, aunque era sabido que a veces se reunían en la librería de Jan Rieuwertsz llamada «Libro de los mártires», o (tratando de gozar de algún respiro del acoso de los predicadores calvinistas) en la sacristía de la comunidad Anabaptista. Los asistentes a estas reuniones rezaban y leían juntos, interpretaban las Escrituras y discutían libremente sobre su fe. Estaban convencidos de que tanto la Iglesia Reformada oficial como las iglesias disidentes organizadas no eran mucho mejores que la Iglesia Católica cuando caían en un sectarismo dogmático. Para ellos, el verdadero cristianismo era no confesional, pues consistía simplemente en un amor evangélico a los seres humanos y a Dios, y en la obediencia a las palabras originales de Jesucristo, no mediatizadas por ningún comentario teológico. Más allá de las pocas verdades simples y generales contenidas en las enseñanzas de Jesús, cada individuo tenía el derecho a creer lo que quisiera, y nunca el derecho a perseguir a los otros por sus creencias. Creían también que la salvación no se alcanzaba mediante ciertos ritos o signos supersticiosos, ni por pertenecer a un culto organizado, sino solo a través de una sincera y cordial fe interna.
     
    Los Colegiantes no utilizaban pastores: todo el que se sintiera inspirado para hablar en una reunión podía hacerlo. Rechazaban toda doctrina sobre la predestinación, por parecerles incompatible con la libertad cristiana, y (al igual que los Anabaptistas, que por cierto abundaban entre los miembros de los Colegiantes) recomendaban el bautismo solamente por libre consentimiento del individuo adulto. Anticlericales hasta la médula, los Colegiantes buscaban liberar a la Cristiandad de las constricciones impuestas sobre el culto y las propias acciones por las religiones institucionalizadas. La acción moral era para estos pacíficos «cristianos sin Iglesia» (por usar la famosa frase de Kolakowski) más importante que cualquier conjunto de dogmas. El verdadero sentimiento religioso y el comportamiento apropiado que lo acompaña solo podrían florecer cuando el sentimiento, el pensamiento y el lenguaje se vieran liberados de todo poder eclesiástico.

    ...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.

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