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  • Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007.

    Resumen

    · tempus fugit ·

    Tema: e s b o z o s ~ 01/01/2007 12:06 ~ Hay 8 comentarios.

    20070102123122-2070101tf.jpgHay días en los que el tiempo se detiene, nos mira a los ojos y nos dice: “Mañana iré más rápido que nunca”. Entonces comprendemos que hay cosas que nunca llevaremos a cabo, veremos escapar las oportunidades en un remolino tras el tiempo en fuga. Y estaremos quietos en medio del vendaval de horas que transcurren, habremos llegado a la mitad de nuestras vidas sin ser conscientes de haber vivido. Todo fue vano pues se trocó en pasado lejano, y el futuro resulta menos halagüeño en tanto que aún no existe. Mientras tanto el presente, ese instante inaprensible, se reirá a nuestras espaldas y no nos podremos girar para preguntarle el motivo. Y al final, si algún rastro queda tras nuestro será por haber arrastrado los pies.

    Elegía lamentable |José Ángel Buesa|

    Tema: S E N T I R ~ 02/01/2007 21:24 ~ Hay 8 comentarios.

    20070102212416-2070102el.jpg
    Desde este mismo instante seremos dos extraños
    por estos pocos días, quién sabe cuántos años...
    Yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido,
    uno de esos que nadie confiesa haber leído.
    Y así mañana, al vernos en la calle, al ocaso,
    tu bajarás los ojos y apretarás el paso,
    y yo, discretamente, me cambiaré de acera,
    o encenderé un cigarro, como si no te viera...
     
    Seremos dos extraños desde este mismo instante
    y pasarán los meses, y tendrás otro amante:
    Y como eres bonita, sentimental y fiel,
    quizás, andando el tiempo, te casarás con él.
    Y ya, más que un esposo será como un amigo,
    aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo,
    y aunque, tras tu sonrisa, de mujer satisfecha,
    se te empañen los ojos, al llegar una fecha.
     
    Acaso, cuando llueva, recordarás un día
    en que estuvimos juntos y en que también llovía.
    Y quizás no te pongas nunca más aquel traje
    de terciopelo verde, con adornos de encaje.
    O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta,
    cuando dobles la almohada con mano soñolienta.
    Y domingo a domingo, cuando vayas a Misa,
    de tu casa a la Iglesia, perderás tu sonrisa.
     
    ¿Qué más puedo decirte? Serás la esposa honesta
    que abanica al marido cuando ronca su siesta:
    Tras fregar los platos y de tender las camas,
    te pasarás las noches sacando crucigramas...
    Y así, años y años, hasta que, finalmente,
    te morirás un día, como toda la gente.
    Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre,
    y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre.
    Y no me importa quien pase después por un sendero,
    si me queda el orgullo de haber sido el primero.
    Y el vaso que embriaga mi ilusión y mi hastío,
    aunque esté en otra mano seguirá siendo mío.
    Por eso puedes irte mi pobre soñadora,
    pues si el reloj se para no detiene la hora,
    y tú serás la misma de las noches aquellas
    aunque cierres los ojos por no ver las estrellas. 

    · Postre ·

    Tema: e s b o z o s ~ 03/01/2007 21:39 ~ No hay comentarios. Comentar.

    20070103213902-2070103p.jpg-Ambrosio, este trozo de pastel tiene una mancha verde, ¿es crema o moho?
    -Señor, se trata de sirope de menta.
    -¿Y esto que parece mierda de paloma?
    -Señor, es merengue.
    -Ah, ¿y estos cagarros negros?
    -Señor, son granos de café caramelizado.
    -Entonces, ¿qué son estas garrapatas con publicidad en el lomo?
    -Señor, son Lacasitos.
    -De acuerdo, gracias.
    -A su servicio, señor.
     
    -Cariño, lo tuyo no es el trato afable con el servicio.
    -Mi vida, a los criados hay que atarlos bien corto.
     
    -Paquita, el señor ha vuelto a hacer uno de sus numeritos con el pastel.
    -Tranquilo, Ambrosio, ¿te ha preguntado por los fideos de chocolate blanco?
    -No, ha sido lo único que no ha utilizado para insultarnos.
    -Menos mal, son gusanos muertos.

    Agresión y guerra |Brian Ferguson|

    Tema: P E N S A R ~ 04/01/2007 21:14 ~ No hay comentarios. Comentar.

    20070104223959-2070104g.jpgNuestra naturaleza biológica y trasfondo evolutivo puede ayudarnos a entender ciertos aspectos de la guerra. Como especie, incuestionablemente somos capaces de una agresión a escalas incomparables. Pero la capacidad para la violencia colectiva no explica la existencia de la guerra. Incluso aunque la agresión sea un rasgo universal, la guerra no lo es. Las sociedades guerreras luchan sólo ocasionalmente y muchas sociedades no conocen la guerra. Son circunstancias de la vida social las que explican esta variación. Pero la imagen de la humanidad sedienta de sangre, e inevitablemente avanzando para matar, es un poderoso mito y un importante apoyo para el militarismo de nuestra sociedad. A pesar de su falta de credibilidad científica, todavía habrá cabezas duras «realistas» que continúen creyéndolo, felicitándose a sí mismos por «el valor para enfrentarse a la verdad», totalmente ajenos al mito que hay detrás de su realidad.

    · dixit II ·

    Tema: c u a d e r n o ~ 05/01/2007 21:12 ~ No hay comentarios. Comentar.

    Escribir a letra abierta, con las diez almas en las yemas. Cada golpe arranca un trozo y cada trozo es una pena.

    · Perspicacia térmica ·

    Tema: e s b o z o s ~ 06/01/2007 11:02 ~ Hay 2 comentarios.

    20070106110222-2070106rm.jpgNunca creí en los Reyes Magos, siempre he sido muy perspicaz. Mis padres atribulados desistieron pronto de querer convencerme de semejante falsedad y acordamos simplemente respetar las formas externas que los ambientes infantiles imponían. Me sentía mayor y feliz al contribuir a que mis amiguitos de la guardería siguiesen en la inopia. Así que cuando el otro día compré un termómetro en la farmacia quise verificar su correcto calibrado. Nada más llegar a casa tomé un vaso, unos cuantos cubitos y me fui al lugar de experimentación escogido. Llené el vaso de cubitos y esperé a que comenzase la licuación. Cuando había descongelado más o menos la mitad introduje el termómetro: -1 ºC. ¡Imposible!, el agua congela (y, por supuesto, descongela) a 0 ºC. Evidentemente había tomado la precaución de tomar agua destilada y el experimento lo hice tumbado en la playa de la Barceloneta. Tras sacudirme la arena regresé airado a la farmacia:
     
    -Hola, me han vendido un termómetro que no está bien calibrado. Marca un grado negativo en la congelación del agua.
    -Señor, eso es imposible. Todo el mundo sabe que el agua congela a 0 ºC.
    -Cierto, eso mismo pensé yo, por eso mi termómetro está mal o... quizás sea peor de lo que creía.
    -¿Qué quiere usted decir?
    -Usted ha dicho que el agua congela a 0 ºC, pero los termómetros se calibran precisamente tomando como referencia que el agua congela a 0 ºC. Es decir, los 0 ºC de la congelación del agua son los que marca un termómetro calibrado a partir de la congelación del agua a 0 ºC. ¡Dios mío!, quizás ha cambiado la realidad, quizás ha variado esa constante universal que es la temperatura de congelación del agua, valor que rige nuestras vidas y es la base de toda la tecnología existente. ¿Se imagina qué sucedería si hubiese que ajustar todos los termómetros a un grado menos?, de entrada las lecturas serían de un grado más, ¡todo el mundo tendría fiebre!, ¡se colapsarían los hospitales!
    -¿Quiere aspirinas?
    -Sí, dos cajas.

    · Gabriela, clavo y canela |Jorge Amado| ·

    Tema: t e s o r o s ~ 07/01/2007 11:05 ~ Hay 4 comentarios.

    20070107110637-20701062052.jpgExplicar la idiosincrasia de la ciudad de Ilhéus y sus habitantes provoca que los primeros capítulos de Gabriela, clavo y canela resulten un poco indigestos, además de que acceder con pretensiones de mucho calado provocaría el encallamiento en las arenas de su puerto. La novela se comienza a disfrutar cuando Jorge Amado nos presenta a su protagonista indiscutible, Gabriela, mujer de la clase de ciertas flores que se marchitan en los jarrones. Una preciosa historia de amor con olor a clavo, sabor a canela y tacto cálido.
     
    Copio a continuación la contraportada de la edición de El Aleph:
     
    Años veinte, la modernidad se instala en las vidas de los habitantes de Ilhéus en forma de nuevos medios de transporte, periódicos locales y primeras luchas políticas. En esos días, una pareja adúltera muere a manos del marido ultrajado. El crimen flota en el ambiente como una premonición, pero Nacib, joven apacible de origen sirio propietario de un pequeño negocio, lo que más le preocupa, de momento, es la marcha inesperada de su vieja cocinera. Será la hermosa Gabriela quien ponga el clavo y la canela al restaurante y a la existencia de Nacib.
     
    Gabriela, uno de los personajes femeninos más sabrosos de la literatura del siglo XX, se revela indómita e imprevisible, sensual y dulce, sabia e inocente, abanderada del amor-pasión, y del amor de combustión espontánea; capaz de poner en tela de juicio las costumbres más rancias y arraigadas en una sociedad de terratenientes y militares, comerciantes y políticos, damas y prostitutas.
     
    Como celebración del amor y de los placeres de la vida, en contra de convencionalismos y partícipe de la libertad, esta novela de Jorge Amado contiene los ingredientes de sus mejores obras, sin faltar condimentos como la picardía y el humor. Más allá de la atractiva trama de amores y poderes, el talento de Amado para tratar las cuestiones sociales perfila un deslumbrante mapa geográfico y humano. Traducida a más de cuarenta idiomas, Gabriela, clavo y canela ha conocido diferentes adaptaciones televisivas y cinematográficas; la más célebre de ellas protagonizada por la actriz brasileña Sonia Braga y el actor italiano Marcelo Mastroianni.

    · dixit III ·

    Tema: c u a d e r n o ~ 07/01/2007 20:37 ~ No hay comentarios. Comentar.

    Constatar por escrito las propias deficiencias no siempre alivia sino que a veces contribuye a ahondar más en la herida. Hay dos mecanismos básicos para superar la pusilanimidad: la acción (convertirla en excusa de superación) y la ficción (convertirla en argumento de imaginación). El regodearse en los defectos no pertenece a ninguna de las dos categorías anteriores.

    La lucha por la dignidad |José Antonio Marina / María de la Válgoma| [Introducción y fragmentos del último capítulo]

    Tema: P E N S A R ~ 08/01/2007 21:57 ~ No hay comentarios. Comentar.

    20070106121958-2070106t.jpg

    INTRODUCCIÓN

     
    En Sierra Leona, los guerrilleros cortan la mano derecha de los habitantes de una aldea antes de retirarse. Una niña, que está muy contenta porque ha aprendido a escribir, pide que le corten la izquierda para poder seguir haciéndolo. En respuesta, un guerrillero le amputa las dos. En Bosnia, unos soldados detienen a una muchacha con su hijo. La llevan al centro de un salón. Le ordenan que se desnude. «Puso al bebé en el suelo, a su lado. Cuatro chetniks la violaron. Ella miraba en silencio a su hijo, que lloraba. Cuando terminó la violación, la joven preguntó si podía amamantar al bebé. Entonces, un chetnik decapitó al niño con un cuchillo y dio la cabeza ensangrentada a la madre. La pobre mujer gritó. La sacaron del edificio y no se la volvió a ver más» (The New York Times, 13-12-1992). Los periódicos están llenos de horrores. La historia también. Hitler, Stalin, Pol Pot y muchos otros deberían formar parte de un retablo maldito que no olvidáramos nunca.
     
    Resulta incomprensible que ante tanta maldad, ante tanto comportamiento indigno e indignante, afirmemos que todos los seres humanos están dotados de dignidad, es decir, de un valor intrínseco, independiente de sus actos, de su barbarie, de ese inicuo refinamiento de la crueldad. Resulta incomprensible que no sigamos enarbolando el equilibrado principio del talión, culminación de la justicia conmutativa, que tengamos consideración con quien no la tuvo previamente, que nos empeñemos en librar de la pena capital a quien ha violado y matado a una niña, o en rehabilitar a quien sin razón y sin excusa nos ha destrozado la vida. ¿De dónde hemos sacado una idea tan extraña? ¿Por qué la aceptamos hasta el punto de que está recogida en muchas Constituciones modernas? ¿No va contra el sentido común, contra los sentimientos comunes, contra la sana indignación ante el salvajismo, contra el equilibrio de la justicia?
     
    Es contradictorio afirmar la dignidad de los indignos. ¿Por qué lo hacemos? Tal vez nos suceda lo mismo que a Sigmund Freud, que abrumado por su escepticismo y su enfermedad escribía a su amigo: «Durante toda mi vida me he empeñado en ser honrado y en cumplir con mis obligaciones. No sé por qué lo he hecho.» Utilizamos la palabra «dignidad» para fundar en ella nuestra clemencia, cuando en realidad deberíamos justificar primero esa presunta «dignidad» que vamos a utilizar como comodín cada vez que nos encontremos en un atolladero ético.
     
    Rorty, un prestigioso filósofo contemporáneo, comenta que la afirmación de la dignidad humana por encima de la dignidad animal no es más que la petulancia injustificada de una especie que sabe hablar. ¿Debemos entonces prescindir de ella? No hay que precipitarse, porque el concepto de dignidad está sirviendo de fundamento a muchas concepciones éticas y jurídicas, y ya vivimos bastante al descampado como para prescindir alegremente de un posible cobijo. Esperamos que al final de nuestro relato el lector sepa a qué atenerse.
     
    A pesar del comienzo dramático, éste es un libro sobre la felicidad política. Sobre la Ciudad feliz. Hace unos años, cuando las facultades de psicología estaban inundadas por el conductismo de Skinner, se leía mucho un libro suyo titulado Más allá de la libertad y la dignidad. En él sostenía que el ser humano sólo conseguiría la felicidad cuando se librara de esos dos mitos ensoberbecidos y absurdos. Nosotros, en cambio, consideramos que la dignidad es una invención imprescindible para alcanzar la felicidad.
     
    Estamos embarcados en un gran proyecto. No somos ilusos, aunque estemos llenos de ilusiones. Hay que tomarse en serio a Shakespeare: «La vida es un cuento absurdo, contado por un idiota sin gracia, lleno de ruido y furia.» Pero queremos añadir: «que se empeña en escribirlo de otra manera». El hombre es un animal, desdichado por comprender que es un animal, y que aspira a dejar de serlo. Ésta es la patética y parricida historia de la humanización. El hombre nuevo quiere matar al hombre viejo. Es nuestra historia común, en la que todos podemos buscar nuestra identidad. Creemos que la Humanidad navega por un mar azaroso con rumbo pero sin mapas. Su historia es la crónica de múltiples naufragios. Pero como escribió el sentencioso Séneca: «El buen piloto, aun con la vela rota y desarmado y todo, repara las reliquias de su nave para seguir su ruta.» Los autores, convencidos de que vivir navegando, cara al viento, es un bello vivir, han pretendido recuperar el cuaderno de bitácora de la Humanidad, con sus tempestades y bonanzas, mares profundos e islas emergentes, para ver de descubrir los rumbos perdidos y los rumbos logrados.
     
     

    XV. HACIA UNA CONSTITUCIÓN UNIVERSAL

     
    La historia, como el trigo, ha llenado con sus acontecimientos los trojes de la memoria. Es hora de hacer el pan para alimentar el futuro. Después de tantos datos, después de tantos libros, que expresaban la luz y las tinieblas de este mundo, después de admirar de nuevo el poder creador de la inteligencia, después de haber oído a lo lejos como el grito de un niño la llamada de lo posible, ha llegado el momento de mirarnos al espejo y preguntarnos. ¿Y si creyéramos de verdad que estamos haciendo lo que estamos haciendo? Entonces, nos sentiríamos en periodo constituyente. Oiríamos una vez más la poderosa voz del poeta:
     
              Si arrancaras de ti las cadenas,
              te llamarían constructor de ciudades.
     
    En esto estamos empeñados. En construir a trancas y barrancas los cimientos de la Ciudad feliz. Pero lo estamos haciendo con más pena que gloria, sin planos, deshaciendo por la mañana lo que hemos construido por la tarde. Y es difícil pensar que Sísifo sea dichoso.
     
    Ahora, en la atardecida de este libro [“La lucha por la dignidad”] que se acaba, con el crepúsculo ya encendido para detener la noche, vamos a hacer al lector nuestra propuesta más sensata, más meditada y más ambiciosa, es decir, más poética. Damos por descontada la risita displicente de los enterados, que están de vuelta de todo sin haber ido a ninguna parte. Conocemos muy bien a los profetas de la imposibilidad. Son los que dijeron que era imposible la emancipación de los esclavos, el voto de la mujer, la asistencia médica universal, la alfabetización general, las vacaciones pagadas o el subsidio de desempleo. Afortunadamente, vivimos de esas imposibilidades que se realizaron. Es verdad que somos utópicos, pero no para alejarnos de la realidad, sino para comprender mejor el presente y sus posibilidades. «Porque la utopía», como ha dicho José María Cabodevilla, «más que una visión del futuro, constituye una interpretación del presente.»
     
    Los cimientos de la Ciudad dichosa son los derechos individuales, universalmente reconocidos y realizados. Estos derechos innatos, descubiertos en una gigantesca aventura intelectual y metafísica, son la gran creación de la inteligencia para paliar el sufrimiento e instaurar el orbe de la dignidad. Las Declaraciones, fantásticos y humildes documentos a los que tanta importancia hemos dado, han supuesto un paso decisivo en su construcción. Han sembrado sus nobles palabras en la tierra firme aunque a veces engañosa de las Constituciones. Pero no es suficiente porque las palabras sembradas pueden producir sólo palabras, que producen más palabras, y acaban convirtiéndose en significantes sin significados, proliferantes sin sentido. Hay que ir más allá y establecer realmente el contrato que Hobbes imaginó. Necesitamos elaborar una Constitución Universal, que cumpla respecto del universo las funciones que con éxito han cumplido las Constituciones nacionales respecto de la nación. No estamos, pues, proponiendo una solución original, sino ampliando soluciones ya probadas.
     
    El mundo ha disminuido de tamaño. Lo que hace unos siglos no era posible lo es ahora. Hasta hace muy poco tiempo, tribus luchaban contra tribus, condados contra condados, ciudades contra ciudades, señores contra señores. El mundo terminaba donde terminaba el aliento de un caballo. Todas aquellas facciones encontradas acabaron uniéndose en Estados, y los intereses permanentemente en lucha, apaciguándose. La inteligencia práctica inventó las Constituciones para permitir que colaboraran los que antes habían sido fuerzas encrespadas y dispersas. No había generosidad sino protección del propio interés, pero ese invento normativo produjo bienes insospechados. Creó un régimen de seguridad jurídica. Impuso solidaridad donde siempre hubo rapiña. Unas villas ayudaron a otras villas antes enemigas. Se consumó una redistribución de los bienes sin guerras ni víctimas.
     
    Nos parece sensato aplicar la misma receta ampliando la escala. (...)
     
    Estamos reclamando una afirmación constituyente de la especie humana, decidida a instaurarse, mediante un enorme y emocionante acto de creación, como una especie dotada de dignidad.
     
    (...) Proponemos como primer artículo de la Constitución Universal el siguiente texto:
     
    Nosotros, los miembros de la especie humana, atentos a la experiencia de la historia, confiando críticamente en nuestra inteligencia, movidos por la compasión ante el sufrimiento y por el deseo de felicidad y de justicia, nos reconocemos como miembros de una especie dotada de dignidad, es decir, reconocemos a todos y cada uno de los seres humanos un valor intrínseco, protegible, sin discriminación por edad, raza, sexo, nacionalidad, idioma, color, religión, opinión política, o por cualquier otro rasgo, condición o circunstancia individual o social. Y afirmamos que la dignidad humana entraña y se realiza mediante la posesión y el reconocimiento recíproco de derechos.
     
    Sobre estos cimientos podríamos construir la Ciudad feliz.

    · spiritchaser |Dead Can Dance| [1996] ·

    Tema: t e s o r o s ~ 09/01/2007 20:11 ~ Hay 2 comentarios.

    20070107171114-2070107dcd.jpg

    Los discos suelen ser planos y redondos, por lo que los reproductores presentan una bandeja plana y estrecha en la que colocarlos. Pero spiritchaser de Dead Can Dance tiene, además, raíces que se hunden en la riqueza de los ancestros y los sonidos de la tierra, y ramas que llegan hasta el cielo de las armonías. Para colocarlo en el reproductor lo más aconsejable es olvidarse momentáneamente de estas características especiales (aquello que se olvida deja de existir), hasta que las arborescencias que aparezcan por los altavoces e invadan la habitación nos recuerden que hay músicas tan de este mundo que nos llevan más allá de él.
     
    Harmonies of heaven and earth |Joscelyn Godwin|
     
    In most musical instruments the resonator is made of wood while the actual sound generator is of animal origin. In cultures where music is still used as a magical force, the making of an instrument always involves the sacrifice of a living being. That being's soul then becomes part of the instrument and in the tones that come forth, the 'singing dead', who are ever present with us, make themselves heard.

    Oración por la belleza de una muchacha |Dámaso Alonso|

    Tema: S E N T I R ~ 10/01/2007 18:02 ~ No hay comentarios. Comentar.

    20070106183142-20701061829.jpg

    Tú le diste esa ardiente simetría
    de los labios, con brasa de tu hondura,
    y en dos enormes cauces de negrura,
    simas de infinitud, luz de tu día;
     
    esos bultos de nieve, que bullía
    al soliviar del lino la tersura,
    y, prodigios de exacta arquitectura,
    dos columnas que cantan tu armonía.
     
    ¡Ay, tú, Señor, le diste esa ladera
    que en un álabe dulce se derrama,
    miel secreta en el humo entredorado!
     
    ¿A qué tu poderosa mano espera?
    Mortal belleza eternidad reclama.
    ¡Dale la eternidad que le has negado!

    El niño pobre |Raúl Guerra Garrido|

    Tema: S E N T I R ~ 11/01/2007 22:08 ~ No hay comentarios. Comentar.

    20070111221012-20701112207.jpg

    Cubierto de harapos, moqueando, con los ojos dilatados por la envidia y la boca hecha agua, el niño se aproxima al escaparate en donde rebosan pasteles, cestas de Navidad y los más apetitosos manjares que imaginarse uno pueda.
     
    Sacude los pies para que la nieve no empape sus raídas zapatillas y aplasta el rostro contra el cristal, los labios se deslizan deformes por el vidrio saboreando bocados imposibles; salmón, pavo, langosta, no le motivan como las maravillas de nata y guirlache, los turrones y la tartas, el hojaldre y la fruta escarchada, pero sobre todo, lo mejor, si le dejaran estar ahí dentro por un minuto, lo primero que comería, hasta reventar, serían las figuritas de mazapán y el chocolate relleno de avellanas. Se le nublan los ojos, mazapán y chocolate con avellanas, casi nada, no sabría qué elegir primero, quizá las figuritas, hasta reventar, y le suenan las tripas sólo de pensarlo.
     
    La dependienta, una delicada viejecita de pelo blanco, sale y le dice con voz cálida: «Nene, no te apoyes que empañas el escaparate y la nata no parece fresca, toma» y para que no se repita su mala acción le da un fuerte palmetazo, con la espátula de servir, en la cabeza.
     
    El niño huye restañando la herida con un sucio pañuelo. Hay mucha gente en la calle, celebran las fiestas con gritos y llevan pegatinas, banderas y pancartas. Por los derechos humanos. Pro amnistía. Mili come coco. Contra la explotación del hombre por el hombre. Violación, castración. Comer y amar, todo lo demás es fascismo. Aprovecha para pedir limosna, pide para comer y nadie le hace caso, salvo el militante veterano, comprensivo, que se agacha y le dice: «Anda, majo, no seas reaccionario y repárteme las octavillas».
     
    Aparece la cohorte de pretorianos, con el casco calado y el escudo en ristre, no se molestan en desenvainar las espadas, disparan desde lejos las pelotas de goma y se van. El niño recoge una, al menos tendrá con qué jugar, pero el municipal le reprende: «No seas ladronzuelo y devuelve la pelota, es propiedad del estado, yo te la daría, pero con el plan de austeridad no es posible».
     
    Hambre, frío y cansancio hacen presa en el niño. No puede más, se sienta en el borde de la calzada y piensa con lágrimas amargas. «¿Habrá un niño más desgraciado que yo? ¿Por qué jamás nadie me ha regalado nada? ¿Por qué los Reyes Magos tampoco? Les puedo escribir. Queridos Reyes Magos, quisiera algo y ahora mismo, lo que se os ocurra, aunque no sea de comer, un bolígrafo, un chicle, una canica, una prueba de que existo y tengo derecho a existir». El guardacoches acudió solícito: «Te vas a quedar helado, chaval. Estorbas el aparcaje y me chafas las propinas, así que largo o te sacudo. Y no te dejes el paquete, so lelo».
     
    Es un paquete grande, pesado, envuelto con papel de lujo con un lazo rosa. No lo dudó ni por un instante, los Reyes Magos habían escuchado su mensaje y aquí estaba el regalo. Lo abrió y no pudo dar crédito a sus ojos, magnífica, espléndida, fusiforme, con su punta color butano, tenía en sus manos el último modelo disuasorio de bomba A, referencia NATO 512-WE.
     
    Una bomba tan nueva, limpia y práctica equivale en el mercado negro a una montaña de dólares.
     
    O cincuenta hospitales de cien camas completamente dotados.
     
    O a cien bloques de cien viviendas habitables y amuebladas.
     
    O a diez mil tractores.
     
    O al sueldo de cien mil maestros durante un año.
     
    O a un millón de uniformes infantiles de fútbol con botas reglamentarias y balón ídem.
     
    O a un kilo de chocolate con avellanas para cada uno de los cuarenta millones de niños a los que en todo el mundo se obliga a trabajar ilegalmente.
     
    O a lo más sublime, cien figuritas de mazapán por cada...
     
    El niño, distraído con sus cálculos, tropezó y la bomba se le cayó de las manos. Surgió una llama de un kilómetro de altura mil veces más brillante que el sol, las retinas se quemaron con el resplandor y los cielos fueron agitados por un viento huracanado. Las tuberías de gas y los depósitos subterráneos de gasolina estallan destruyendo las casas de alrededor, manzana tras manzana, fila tras fila, se desploman los edificio comerciales y de viviendas, la gente, perdiendo miembros y sentidos, marcha sobre pirámides de escombro sin posibilidad de huir, la capa de ceniza radiactiva llega hasta la rodilla, oculta abismos, sobresalen cables de acero calcinados, por el aire vuelan coches transformados en gigantescos cócteles molotov vomitando metralla y aceite en llamas, la ciudad es un mar de fuego que sigue ardiendo mientras queda algo por consumir, en pocos minutos se transforma en el rescoldo de un brasero monstruoso.
     
    El niño se asustó un tanto con la explosión, pero lo que de veras le alarmó fue ver a la gente correr furiosa señalándole con el dedo: «Ha sido él. ¡Ha sido él! ¡Ha sido él!». Le rodearon. Del amenazador corro se adelantó un pretoriano con el escudo de plástico derretido. «¿Has sido tú?».
     
    El niño, aterrorizado, trató de defenderse: «Ha sido sin querer, era mi regalo de Reyes».
     
    El pretoriano se indignó: «Estúpido, ¿no sabes que los Reyes son los padres?».
     
    Salió la viejecita de la pastelería esgrimiendo la espátula, el niño se cubrió la cabeza pero no hizo falta, los golpes cayeron sobre el casco guerrero: «El estúpido es usted, si le decimos la verdad a los niños, ¿qué ilusión les queda en la vida?».
     
    El niño asintió con la cabeza. Los mayores no comprenden nada y encima se enfadan por cualquier cosa. Si seguía la corriente a la afable abuela de pelo blanco a lo mejor le sacaba, a pesar de los pesares, una figurita de mazapán.

    · Ascensor ·

    Tema: e s b o z o s ~ 12/01/2007 19:59 ~ No hay comentarios. Comentar.

    20070112195900-20701121956.jpg
    El ascensor de mi edificio
    no se detiene nunca
    ni en la primera ocasión,
    ni en la segunda oportunidad,
    ni en la tercera va la vencida,
    ni en la cuarta dimensión,
    ni en el quinto pino,
    ni en el sexto sentido,
    ni en el séptimo cielo,
    ni en el octavo... ¡mambo!
    pues mi piso es el noveno
    y hasta aquí subo andando.

    La transición de la sociedad tradicional a la sociedad moderna / La familia nuclear |Dietrich Schwanitz|

    Tema: P E N S A R ~ 13/01/2007 18:21 ~ Hay 20 comentarios.

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    LA TRANSICIÓN DE LA SOCIEDAD TRADICIONAL A LA SOCIEDAD MODERNA


     
    La transición de la sociedad organizada jerárquicamente a la moderna sociedad industrial llena la historia de la Edad Moderna hasta nuestros días, pero el paso de la una a la otra se produjo concretamente en la segunda mitad del siglo XVIII (con la Revolución francesa y la Revolución industrial).
     
    En este sentido, el primer momento decisivo lo constituyó la evolución de las clases superiores. Durante los siglos XVI y XVII, el fortalecimiento de las monarquías trajo consigo la aparición de grandes cortes en todos los países europeos, en las que los aristócratas se relacionaban con mujeres de ascendencia aún más ilustre que la suya. Los aristócratas debían mostrarse respetuosos, corteses y galantes con ellas, lo que dio lugar a una cultura del comportamiento, a una nueva «cortesía» en la que se combinaban el respeto debido a la posición social y el culto erótico a la mujer heredado de los caballeros. El prestigio de un aristócrata ya no dependía solamente de su poder, sino también de su estilo de conducta, de su porte, de su amabilidad, de su galantería, de su ingenio y de su capacidad para cautivar a los presentes con su animada conversación, en una palabra, de lo que desde entonces se llamó las «maneras». Quienes juzgaban este estilo eran las mujeres y, por lo tanto, el primer gran paso hacia la civilización lo supuso la necesidad de satisfacer las expectativas de conducta de las damas distinguidas.
     
    Al mismo tiempo, la estructura familiar de la aristocracia continuó siendo tradicional. La familia de esta sociedad estamental es totalmente distinta de la familia moderna. No era una familia nuclear compuesta de padres e hijos y renovada en cada generación; por familia se entendía más bien la familia extensa, que abarcaba varias generaciones. A ella pertenecían, además de las tías, tíos y sobrinos solteros, las criadas, las doncellas, los oficiales y los aprendices que tampoco se habían casado. El hogar familiar era al mismo tiempo la empresa, ya se tratase de una explotación importante, de una hacienda, de un taller de artesanía o de un comercio. En los países protestantes se convirtió en la base del orden moral y religioso, y el cabeza de familia velaba por la lectura de la Biblia y el comportamiento cristiano. Este tipo de familia estaba profundamente integrada en la sociedad y no necesitaba ninguna cohesión emocional especial. Esto no significa que no pudiese haberla; pero en la cultura todavía no existía el sentimiento de intimidad familiar como vínculo especial entre el matrimonio y entre padres e hijos.
     
    En la aristocracia, el amor erótico se practicaba fuera del matrimonio, algo que a los burgueses les parecía ridículo. Para referirse al amor tampoco se hablaba de sentimiento, sino de pasión, es decir, de una forma de sufrimiento que se consideraba una enfermedad; el matrimonio, en cambio, se celebraba por razones de política familiar. En estas familias no había intimidad.
     
    Todo esto cambia con la transición a la sociedad moderna durante el siglo XVIII, cuando la burguesía disputa a la nobleza la dirección cultural. La transformación de la familia se sitúa en el centro de la confrontación ideológica. En la sociedad moderna la familia ya no garantiza al individuo su posición social. Además de la crianza de los hijos, ahora la familia tiene otra función fundamental: la intimidad entre el matrimonio y entre padres e hijos compensa unas relaciones sociales cada vez más impersonales. Este paso se dio en la revolución cultural que tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XVIII, en el llamado «movimiento sentimental».
     
     

    LA FAMILIA NUCLEAR


     
    A diferencia de lo que ocurría en la antigua sociedad estamental, en la sociedad moderna, caracterizada por la movilidad, la posición social ya no se hereda sino que se adquiere en cada generación a través del esfuerzo individual. En correspondencia, la familia ya no abarca varias generaciones, sino que se renueva en cada generación. De este modo surge la denominada familia nuclear. El amor sustituye a la política familiar a la hora de buscar pareja. El siglo XVIII inventa el sentimiento. Naturalmente, también antes había afectos y emociones, pero éstos no eran atribuidos a la psique, sino al cuerpo. Caían en el ámbito de competencias de la medicina. En cambio, el concepto de «sentimiento» (afecto, simpatía, sensibilidad) introduce un nuevo estado anímico que media entre el espíritu y el cuerpo. De este modo se funda el ámbito de lo que hoy llamamos psíquico. El sentimiento es universal, es «común a todos los hombres», por lo que desde un punto de vista ideológico cumplió la función de superar las barreras entre los distintos estamentos y unir a todos los hombres. El sentimiento fue, pues, revolucionario: todos los hombres son iguales y pueden sentir igual. Al mismo tiempo, Richardson crea en Inglaterra la novela psicológica, que comienza como novela amorosa. Esta clase de novelas idealiza los roles sexuales.
     
    El amor tiene ahora una nueva misión: fundar el matrimonio y superar las barreras entre los distintos estamentos. De ahí que el hombre aparezca siempre como aristócrata (como príncipe) y la mujer como burguesa. El noble se entrega a la galantería sin fines matrimoniales y su deseo es seducir a la joven burguesa. Pero, en materia de sexualidad, ésta es virtuosa y absolutamente fiel a sus principios. Para ella, la moral es fundamentalmente moral sexual, y conceptos como la virtud, decencia, pureza y castidad adquieren un matiz fundamentalmente sexual. De este modo, en el amor las jóvenes sólo pueden reconocer sus sentimientos hacia el hombre cuando él les pide matrimonio, pues antes de esta petición, sería indecente sentir una atracción erótica hacia el hombre. La resistencia de la mujer virtuosa dura justamente hasta ese momento.
     
    Tales ideas conducen a una nueva tipificación de los roles sexuales: a los hombres se les atribuye una naturaleza más pecaminosa, y lo máximo que cabe esperar de ellos es que den satisfacción a sus irreprimibles impulsos únicamente dentro del matrimonio; por el contrario, la mujer es considerada como un ser mucho más puro que el hombre y se cree que es completamente inmune a los deseos sexuales. Si se casa, no es para satisfacer su necesidad de placer, sino porque en cierto modo la base religiosa del matrimonio sólo está segura en sus manos. Por eso su misión es disciplinar y ennoblecer los instintos de la impura naturaleza masculina, una concepción que sigue resonando en «el eterno femenino nos encumbra» de Goethe.
     
    Desde un punto de vista histórico, esta diferenciación es nueva. Desde Eva, la actitud tradicional hacia las mujeres había sido inculpatoria: eran las responsables de inducir al pecado a los hombres.
     
    Así pues, esta revolución cultural del siglo XVIII introduce un nuevo estereotipo de mujer que dominará la escena familiar durante la época burguesa hasta el siglo XX. En todos los ámbitos, al conversar, al comer, al practicar deporte, al vestir, etcétera, «ella» ha de comportarse decentemente. Asimismo, la sensibilidad lingüística de la mujer se agudiza hasta tal punto que, ante palabras pronunciadas con doble sentido, puede llegar a desmayarse.
     
    Esta sentimentalización idealiza a la mujer y la convierte en el «ángel de la casa». El hogar y la familia son ahora el refugio frente a la frialdad del mundo. Además, la mujer obtiene un nuevo compañero: el hijo. Naturalmente, también antes había hijos, pero no se les reconocía ninguna naturaleza especial. Hasta entonces se les consideraba simplemente como potenciales adultos, y todavía no se había descubierto la infancia como una etapa especial del desarrollo. Por pura lógica eran vistos como seres faltos de experiencia, de conocimiento y de dominio sobre sí mismos, pero esto se consideraba simplemente un déficit. No se sabía que en el mundo infantil las cosas tenían vida, que la magia y la fantasía jugaban un papel muy distinto en la experiencia del niño, por que no se hacía ninguna distinción entre el mundo del niño y el mundo de los adultos. Así, por ejemplo, niños y adultos jugaban a los mismos juegos. Se consideraba innecesario proteger la inocencia infantil de las diversiones o chistes obscenos. La literatura aún no había presentado el mundo infantil como un mundo distinto del mundo del adulto.
     
    Todo esto cambia en el siglo XVIII. Tras leer a Rousseau, las madres empiezan a amamantar a sus hijos, al tiempo que se desarrolla una pedagogía infantil. La literatura romántica descubre el mundo infantil como esfera poética, y con ella se descubren también los cuentos. se inaugura el culto a lo originario. Desde la mirada retrospectiva del adulto, la infancia aparece como un mundo encantado que se ha perdido y se inventa la nostalgia. ahora los niños aparecen en la poesía y en la literatura. Surge la literatura infantil, y desde Peter Pan hasta Oskar Matzerath, el protagonista de El tambor de hojalata, la literatura introduce un nuevo ideal: no tener que crecer. El descubrimiento de la infancia y de la feminidad supone una nueva valoración de la sensibilidad, la inocencia y la pasividad. Quien actúa, se hace culpable; quien, como los niños y las mujeres, no puede actuar, sino que se limita a sentir, es inocente. Sentir se convierte en una forma de pasividad: sólo quien es sensible, registra pasivamente impresiones, y sólo es bueno el que se limita a sentir. Se considera a los niños y a las mujeres seres tan delicados, que se cree que hay que protegerlos de las groserías, de las obscenidades y de toda alusión al sexo.
     
    En esta nueva situación, la imagen de la mujer cambia radicalmente: ahora es vista fundamentalmente como madre. La mujer es la encarnación de la humanidad. Si el hombre personifica la ciencia, el mercado o la política, la mujer suaviza esta dureza masculina con la compasión maternal. El padre duro y la madre tierna se convierten en las dos figuras complementarias de la familia burguesa. Y cuanto más se ve en la mujer una madre, tanto más se desexualiza, lo que conduce posteriormente a la dualidad de la imagen de la mujer, situada entre «la santa» y «la puta»; una dualidad que reaparece en la teoría freudiana del complejo de Edipo: puesto que la madre es una santa, hay que rechazar y reprimir la idea de su sexualidad. Mientras que en la Alemania de mediados de siglo se idealiza la Navidad como una fiesta celebrada en la intimidad de la sacrosanta familia, en Francia se produce una obsesión cada vez mayor por la figura de la prostituta. La dama de las camelias, de Dumas, crea el mito de la cortesana de buen corazón, un mito que perdura hasta nuestros días: la imagen de la mantenida tuberculosa, seductora pero condenada a muerte, que es redimida de su sufrimiento por una muerte desgarradora. Por el contrario, Nana, de Zola, Marthe, de Joris-Karl Huysmans, y La fille Eliza (1877), de Edmond de Goncourt, describían con absoluta exactitud una profesión que seguía siendo misteriosa. Hasta mediados de siglo, la prostitución se vio como una especie de mal necesario. En su libro titulado Prostitución, el sexólogo Dr. Acton afirma que esta red no se puede eliminar. Pero hacia fines de siglo, científicos sociales, jueces, médicos y moralistas comienzan a considerar el destino de las prostitutas como un problema moral y social pendiente de solución. Esto fue interpretado como una fantasía de salvación colectiva: decepcionado por el descubrimiento de la sexualidad de su madre, el niño la degrada en su fantasía a una mercancía, a la que después salva para poder recuperar el primer amor de su vida.

    Fado corridiño |J.T.Sousa / Letra popular| [cantado por Acetre]

    Tema: S E N T I R ~ 14/01/2007 21:19 ~ No hay comentarios. Comentar.

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    Venham cá amores novos
    que os vellos já me esqueceram,
    foram penas que voaram
    folhas secas que já arderam.
     
    Voam as velhas cantigas
    todas tem som lamentado,
    carregadas de fadigas
    longe do tempo passado.
     
    Quando vem ao pensamento
    uma lembrança divina
    vejo os teus olhos na noite
    que me acordaram de dia.
     
    Rosa que estás na roseira
    deixate estar que estás bem,
    que acima ninguem te chega
    a baixo nao vai ninguem.
     
    Está a lua parada
    por cima de essa janela,
    com sete rosas na mâo
    vou a roubar essa estrela.

    · Aceras ·

    Tema: e s b o z o s ~ 15/01/2007 19:28 ~ Hay 5 comentarios.

    20070115193021-20701151925.jpgLas aceras son duras y están ligeramente por encima del nivel de la calzada, con un bordillo que nos protege como eximia muralla frente a los coches (fieros dragones humeantes... ¿te gusta metaforizar?). En la acera nos cruzamos con los demás y todos vamos a algún sitio, no precisamente el mismo para tranquilidad de las autoridades que velan por nuestra integridad y su orden. Y en este deambular nos olvidamos de que en la superficie misma de la acera, justo a ras de nuestras suelas, comienza el cielo.

    El pasado |Andrés Trapiello|

    Tema: S E N T I R ~ 16/01/2007 21:02 ~ Hay 3 comentarios.

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    QUIEN busca libros viejos
    nada recuerda, mientras dura
    entre fechas, aun soñadas, dudosas.
    La tenue luz se entrega,
    un mar que sesga el alto estante,
    si cae allí de la ventana,
    ola serena borrando casi el nombre,
    arena al fin, el nombre deseado.
    Y cuando después, en un invierno,
    se abre el libro, un nuevo olvido
    bajo la lámpara se instala.
    No ese invierno,
    vienen en el olor de las páginas
    picadas con la humedad del ámbar,
    unas palmeras, el cielo en desnivel,
    y un oscuro mirar hasta cegarse.
    E igual que entonces se tiene la certeza.
    A pesar de aquella luz y de esta hora,
    tampoco los libros son la vida.

    Dos números menos |Jorge Bucay|

    Tema: S E N T I R ~ 18/01/2007 21:20 ~ Hay 4 comentarios.

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    Un hombre entra en una zapatería, y un amable vendedor se le acerca:
     
    - ¿En qué puedo servirle, señor?
    - Quisiera un par de zapatos negros como los del escaparate.
    - Cómo no, señor. Veamos: el número que busca debe ser... el cuarenta y uno. ¿Verdad?
    - No. Quiero un treinta y nueve, por favor.
    - Disculpe, señor. Hace veinte años que trabajo en esto y su número debe ser un cuarenta y uno. Quizás un cuarenta, pero no un treinta y nueve.
    - Un treinta y nueve, por favor.
    - Disculpe, ¿me permite que le mida el pie?
    - Mida lo que quiera, pero yo quiero un par de zapatos del treinta y nueve.
     
    El vendedor saca del cajón ese extraño aparato que usan los vendedores de zapatos para medir pies y, con satisfacción, proclama «¿Lo ve? Lo que yo decía: ¡un cuarenta y uno!».
     
    - Dígame: ¿quién va a pagar los zapatos, usted o yo?
    - Usted.
    - Bien. Entonces, ¿me trae un treinta y nueve?
     
    El vendedor, entre resignado y sorprendido, va a buscar el par de zapatos del número treinta y nueve. Por el camino se da cuenta de lo que ocurre: los zapatos no son para el hombre, sino que seguramente son para hacer un regalo.
     
    - Señor, aquí los tiene: del treinta y nueve, y negros.
    - ¿Me da un calzador?
    - ¿Se los va a poner?
    - Sí, claro.
    - ¿Son para usted?
    - ¡Sí! ¿Me trae un calzador?
     
    El calzador es imprescindible para conseguir que ese pie entre en ese zapato. Después de varios intentos y de ridículas posiciones, el cliente consigue meter todo el pie dentro del zapato.
     
    Entre ayes y gruñidos camina algunos pasos sobre la alfombra, con creciente dificultad.
     
    - Está bien. Me los llevo.
     
    Al vendedor le duelen sus propios pies sólo de imaginar los dedos del cliente aplastados dentro de los zapatos del treinta y nueve.
     
    - ¿Se los envuelvo?
    - No, gracias. Me los llevo puestos.
     
    El cliente sale de la tienda y camina, como puede, las tres manzanas que le separan de su trabajo. Trabaja como cajero en un banco.
     
    A las cuatro de la tarde, después de haber pasado más de seis horas de pie dentro de esos zapatos, su cara está desencajada, tiene los ojos enrojecidos y las lágrimas caen copiosamente de sus ojos.
     
    Su compañero de la caja de al lado lo ha estado observando toda la tarde y está preocupado por él.
     
    - ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras mal?
    - No. Son los zapatos.
    - ¿Qué les pasa a los zapatos?
    - Me aprietan.
    - ¿Qué les ha pasado? ¿Se han mojado?
    - No. Son dos números más pequeños que mi pie.
    - ¿De quién son?
    - Míos.
    - No te entiendo. ¿No te duelen los pies?
    - Me están matando, los pies.
    - ¿Y entonces?
    - Te explico -dice, tragando saliva-. Yo no vivo una vida de grandes satisfacciones. En realidad, en los últimos tiempos, tengo muy pocos momentos agradables.
    - ¿Y?
    - Me estoy matando con estos zapatos. Sufro terriblemente, es cierto... Pero, dentro de unas horas, cuando llegue a mi casa y me los quite, ¿imaginas el placer que sentiré? ¡Qué placer, tío! ¡Qué placer!

    UNE CHAROGNE |Charles Baudelaire|

    Tema: S E N T I R ~ 19/01/2007 20:49 ~ Hay 16 comentarios.

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    Rappelez-vous l’objet que nous vîmes, mon âme,
    Ce beau matin d’été si doux:
    Au détour d’un sentier une charogne infâme
    Sur un lit semé de cailloux,
     
    Les jambes en l’air, comme une femme lubrique,
    Brûlante et suant les poisons,
    Ouvrait d’une façon nonchalante et cynique
    Son ventre plein d’exhalaisons.
     
    Le soleil rayonnait sur cette pourriture,
    Comme afin de la cuire à point,
    Et de rendre au centuple à la grande Nature
    Tout ce qu’ensemble elle avait joint;
     
    Et le ciel regardait la carcasse superbe
    Comme une fleur s’épanouir.
    La puanteur était si forte, que sur l’herbe
    Vous crûtes vous évanouir.
     
    Les mouches bourdonnaient sur ce ventre putride,
    D’où sortaient de noirs bataillons
    De larves, qui coulaient comme un épais liquide
    Le long de ces vivants haillons.
     
    Tout cela descendait, montait comme une vague,
    Ou s’élançait en pétillant;
    On eût dit que le corps, enflé d’un souffle vague,
    Vivait en se multipliant.
     
    Et ce monde rendait une étrange musique,
    Comme l’eau courante et le vent,
    Ou le grain qu’un vanneur d’un mouvement rythmique
    Agite et tourne dans son van.
     
    Les formes s’effaçaient et n’étaient plus qu’un rêve,
    Une ébauche lente à venir,
    Sur la toile oubliée, et que l’artiste achève
    Seulement par le souvenir.
     
    Derrière les rochers une chienne inquiète
    Nous regardait d’un oeil fâché,
    Épiant le moment de reprendre au squelette
    Le morceau qu’elle avait lâché.
     
    -Et pourtant vous serez semblable à cette ordure,
    À cette horrible infection,
    Étoile de mes yeux, soleil de ma nature,
    Vous, mon ange et ma passion!
     
    Oui! telle vous serez, ô la reine des grâces,
    Apres les derniers sacrements,
    Quand vous irez, sous l’herbe et les floraisons grasses,
    Moisir parmi les ossements.
     
    Alors, ô ma beauté! dites à la vermine
    Qui vous mangera de baisers,
    Que j’ai gardé la forme et l’essence divine
    De mes amours décomposés!

    Recuerda, alma mía, aquello que vimos
    una hermosa mañana de verano suave:
    una carroña asquerosa, al borde de una senda,
    en lecho muy pedregoso,
     
    piernas arriba, como una mujer lúbrica,
    ardiendo y rezumando veneno,
    en actitud indolente y cínica abríase
    su vientre con mil emanaciones.
     
    Sobre esa podredumbre el sol brillaba
    como para cocerla en su fuego,
    devolviendo a la Naturaleza y centuplicándolo,
    todo cuanto ella reunió.
     
    El cielo contemplaba tan espléndida osamenta
    que maduraba y expandía como una flor.
    Pero tan fuerte era el hedor que creíste
    desmayarte sobre la hierba y caer.
     
    Las moscas revoloteaban por aquel pútrido vientre,
    del que salían densos batallones
    de larvas negruzcas que parecían fluir
    como espeso líquido sobre tales restos vivos.
     
    Todo subía y bajaba, igual que las olas,
    o incluso se desgajaba con crujidos;
    dijérase que, con indeciso soplo, el cuerpo
    vivía y se multiplicaba.
     
    Conjunto era con música extraña,
    evocando el agua que mana o el viento,
    o el grano que rítmicamente el cribador
    agita y da vueltas en su criba.
     
    Se borraban las formas, sólo eran ensueño,
    un esbozo apenas trazado,
    como olvidado en la tela y que el artista
    ultima solamente por los recuerdos.
     
    Tras las rocas, una perra inquieta
    con ojos furiosos nos miraba,
    acechando la ocasión de seguir mordiendo
    en aquella osamenta abandonada.
     
    -Y sin embargo, ya sabes, basura serás,
    igual que esta carroña infecta,
    ¡ay, tú, estrella de mis ojos, sol de mi vida,
    tú, ángel mío, pasión mía!
     
    Sí, así serás, oh tú reina de los encantos,
    así te verás tras recibir los sacramentos,
    cuando bajo la hierba y las flores
    raíces eches entre mil y mil huesos.
     
    Cuando eso ocurra, ay belleza querida, di a
    los gusanos que con besos te roan,
    que conservé la forma y la divina esencia
    de mis amores aunque ya sin presencia.

    Tiempo para amar |Robert Heinlein| [fragmento]

    Tema: S E N T I R ~ 20/01/2007 17:57 ~ Hay 2 comentarios.

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    Bien, pues... Cuando llegué me dijo usted que eso de madrugar es un vicio. ¿Lo decía en serio?
    -Es posible. El abuelo Johnson aseguraba que lo era. Solía contar la historia de un hombre que debía ser fusilado al amanecer, pero no oyó el despertador y llegó tarde. Le conmutaron la sentencia y vivió cincuenta o sesenta años más. El abuelo decía que aquel caso probaba su teoría.
    -¿Y usted cree que esa historia es cierta?
    -Tan cierta como cualquiera de las que contaba Scherezade. Yo interpreto así la moraleja:
    “Duerme cuanto puedas, porque acaso tengas que pasar mucho tiempo en vela”. Madrugar puede no ser un vicio, Ira, pero desde luego no es una virtud. Todo lo que demuestra el cuento del pajarito madrugador es que el gusano debió quedarse un rato más en la cama. No trago a la gente que presume de madrugadora.
    -No pretendía hacer tal cosa, abuelo. Me levanto temprano como consecuencia de un hábito largamente cultivado: el hábito de trabajar. Yo no digo que sea una virtud.
    -¿Qué: trabajar o madrugar? Ni lo uno ni lo otro es una virtud. No se produce más por levantarse antes: es como cortar un cabo de una cuerda y atarlo al otro queriendo hacerla más larga. En realidad, uno trabaja menos si se empeña en levantarse bostezando y todavía cansado. No se está ágil y se cometen errores que obligan a repetir la tarea, y este trajín resulta improductivo y engorroso, además de molesto para quienes dormirían hasta más tarde si el vecino no anduviera trasteando y haciendo ruido a horas intempestivas. El progreso no lo traen los madrugadores, Ira, sino los perezosos que buscan la forma más cómoda de hacer las cosas.

    · dixit IV ·

    Tema: c u a d e r n o ~ 20/01/2007 21:39 ~ No hay comentarios. Comentar.

    Esta mañana pasé al lado de un padre que había montado a su hijo en una de esas pequeñas atracciones que hay a la entrada de algunas tiendas. Unas monedas y el cacharro comienza a moverse, da igual que sea un coche, un pato, un caballo o una nave espacial. En este caso era un coche todoterreno propio de safaris en tierras más salvajes, con volante incluido. Sin embargo, el niño no tenía el volante entre sus manos sino que se agarraba a los bordes del armatoste, mirando fijamente a su padre. ¿Quién se divertía más: el que creía que el otro lo hacía o el que lo hacía para que el otro se lo creyese?

    · AP-68 ·

    Tema: e s b o z o s ~ 21/01/2007 12:07 ~ Hay 2 comentarios.

    20070120225717-20701202030.jpgSalgo del coche a duras penas, supongo que daría algunas vueltas de campana, no lo recuerdo. Tampoco sé dónde estoy, ni siquiera qué momento es, pero hace sol aunque lo sienta frío. ¿Iba solo?, cómo saberlo si no recuerdo ni quién soy, volveré a mirar por si acaso. Me paso la mano por los ojos entelados de la sangre que noto correr desde la frente, estoy herido, los médicos dirán cuánto. Vuelvo sobre mis pasos y mis manos, me arrastro. Miro por donde antes estaba el parabrisas y ahora sólo quedan fragmentos en las esquinas, parecen telarañas de cristal, mi mente se dispersa con fantasías, ¿estaré a punto de desmayarme? Dentro del coche distingo un bulto inmóvil, aferrado al volante, el cinturón todavía puesto y la cabeza echada hacia atrás en un ángulo imposible. Me duele todo pero tengo que acercarme más, tengo que tocarlo y ver si está vivo, ver quién es para comenzar a recordar o, simplemente, saber a quién llorar. Adelanto el brazo y consigo aferrar un mechón de pelo. Estiro y la cabeza se mueve sin ofrecer resistencia, como un muñeco roto. Esa cara me resulta familiar, la reconozco casi al instante, no he sobrevivido al accidente.

    Enfants, regardez bien toutes les plaines rondes,... |Ana de Noailles|

    Tema: S E N T I R ~ 22/01/2007 19:32 ~ Hay 9 comentarios.

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    Enfants, regardez bien toutes les plaines rondes,
    la capucine avec ses abeilles autour,
    regardez bien l’étang, les champs, avant l’amour,
    car après l’on ne voit plus jamais rien au monde.
     
    Niños, mirad bien las llanuras que os rodean,
    la capuchina con sus abejas alrededor,
    mirad bien el estanque, los campos, antes del amor,
    porque después ya no se ve nada en el mundo.

    El hombre y la serpiente |Popular (Ancares)|

    Tema: S E N T I R ~ 23/01/2007 20:04 ~ Hay 8 comentarios.

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    Cuentan que un teixarego descubrió una mañana, cuando se dirigía a la villa para realizar unas compras, a una serpiente bajo un gran peñasco en el borde del camino.
     
    Había pasado su letargo invernal en aquel agujero y en primavera, al pretender salir, no le fue posible por haber aumentado de tamaño. Por muchos esfuerzos que realizaba no conseguía de manera alguna salir de allí.
     
    Habiendo el buen señor comprobado que sin ayuda de alguien le esperaba a la serpiente una muerte segura, se compadeció de ella y acudió en su socorro.
     
    Dejó la mochila sobre una pared, cogió una estaca de una cerca y la introdujo debajo de la roca. Hincó luego el hombro, y tras muchísimos esfuerzos, consiguió liberar a la serpiente.
     
    Una vez la serpiente libre, le dijo al teixarego:
     
    - Pues ahora te voy a comer.
    - ¿Cómo? -le contestó-. Vaya agradecimiento que me haces. Yo que tenía tanta prisa, dejé sin hacer mis compras por ti, y pretendes pagarme ahora con esa moneda.
    - Escucha -continuó la serpiente-: todo en este mundo es una trampa; aquél que hace bien recibe mal. Y, por el contrario, quien hace mal recibe bien. Así pues, tú que has hecho tanto bien debes recibir mal porque nadie puede escapar a su destino.
     
    De poco sirvieron las súplicas y las razones de aquel pobre hombre: la serpiente no mudaba de parecer. Después de muchas discusiones le concedió la serpiente una oportunidad:
     
    - Vamos a solicitar consejo a los tres primeros animales que hallemos -dijo la serpiente-: si dos de ellos aceptan tus argumentos, quedas en libertad; en caso contrario, será tu definitiva sentencia de muerte.
     
    En vista de su difícil situación y de que sus pretensiones podrían ser comprendidas por los animales, aceptó la propuesta de la serpiente.
     
    Fue el primer animal en aparecer un perro viejo y flaco. Se dirigió a él el teixarego y le habló de esta manera:
     
    - Mira; venía yo de viaje y descubrí debajo de una roca a esta serpiente sin posibilidad alguna de salir. Perdí mi viaje para sacarla del agujero y me dice ahora que me va a comer: ¿qué piensas tú de todo esto?
    - Pues creo que te debe comer -contestó el perro-. Mientras fui yo joven y fuerte, era apreciado y respetado por mis dueños; ahora que soy anciano y no puedo guardar ya sus rebaños, me maltratan y me matan de hambre. Con que es lícito que a ti te suceda otro tanto.
    - Ya tienes un animal en contra -le dijo la serpiente a su futura víctima.
     
    Poco más tarde apareció un ajado y fatigado lobo. Se acercaron a él y solicitaron igualmente su parecer acerca del pleito que enfrentaba al teixarego con la serpiente.
     
    - Venía yo a la villa -expuso el teixarego-, cuando descubrí a esta serpiente bajo un peñasco sin lograr salir, y muriendo poco a poco de hambre. Sentí lástima y, perdiendo mi viaje, la saqué de allí, salvándola de una muerte segura. ¿Qué piensas de que pretenda ahora comerme?
    - Debe comerte -sentenció el lobo-. Todo en este mundo es una trampa: quien hace bien recibe mal, y quien hace mal recibe  bien. Era yo en mi juventud un lobo carnicero, feroz y muy veloz. Cazaba para los lobeznos todo cuanto comer querían. Ahora que soy viejo, me desprecian y me echan a dentadas de la madriguera y de la manada. De los favores de antaño nadie se acuerda. En tierra de lobos toca aullar como todos.
    - Veamos o no a un tercer animal, ya tienes la disputa perdida -sentenció la serpiente.
     
    Sin embargo, el teixarego, como quien se agarra a un clavo ardiendo, exigió que se cumpliera lo acordado y se escuchase al animal que restaba.
     
    Encontraron finalmente a una zorra, y le expusieron las razones que les llevaba a requerir su juicio.
     
    Una vez oídas las partes, permaneció la zorra pensativa durante un tiempo, al cabo del cual dijo:
     
    - Siempre he presumido de ser justa e imparcial en mis juicios, y pretendo conservar este prestigio ganado. Si en verdad queréis escuchar de mí una sentencia justa, no hay más solución que regresar al lugar en donde acaecieron los hechos.
     
    Regresaron, pues, todos al mismo lugar en el que el teixarego se había encontrado la serpiente. Una vez allí, solicitó la zorra que se colocara la serpiente en idéntica posición a como estaba antes de su liberación. Tan pronto como la serpiente empezó a enroscarse en el nido bajo la roca, retiró apresuradamente el teixarego los calzos y la estaca que todavía mantenían levantado el peñasco, y la serpiente quedó atrapada nuevamente en su lecho de muerte.
     
    - Esta es mi inapelable sentencia -dijo la zorra-: deja abandonada a su suerte a quien tanto proclamó la desgracia ajena. Y puesto que te he salvado la vida -continuó la zorra-, espero que me recompenses por ello como me merezco.
    - A nada de lo que me pidas podré negarme -contestó el teixarego-. ¿Qué es lo que tú más desearías?
    - Lo que yo más en este momento ansío, es una nidada de pollitos con su gallina.
     
    Eso está hecho, tengo yo en mi casa una gallina con sus pollitos; aguarda aquí mientras voy a por ellos, que no tardo nada en regresar.
     
    Quedó la zorra relamiéndose y, pensando en el banquete que le esperaba, no lograba controlar su excitación.
     
    Se encaminó, pues, el teixarego hacia su casa, y cuando llegó buscó un cesto de mimbre con una tapadera y metió en él un perro de caza en lugar de los prometidos pollitos. Regresó con la cesta junto a la zorra, impaciente ya por la tardanza del hombre, y le indicó que se colocara en unos prados situados debajo del camino, mientras desde arriba le iba sirviendo los pollitos de uno en uno.
     
    La zorra, deseosa de empezar el festín cuanto antes, saltó a los prados y se colocó en posición de espera. Abrió entonces el teixarego el cesto y salió de él un enorme perro que, tan pronto como se percató de la presencia de la zorra, salió en su persecución.
     
    La zorra, que descubrió el engaño de que había sido objeto, se lanzó en veloz carrera para huir del acoso del perro mientras decía:

    Arriba pernas
    e arriba zancas,
    que neste mundo
    sólo son trampas.
     
    [Arriba piernas
    y arriba zancas,
    que en este mundo
    todo son trampas.]

    La speme che rinasce in un col giorno... |Giacomo Leopardi|

    Tema: S E N T I R ~ 24/01/2007 20:39 ~ Hay 2 comentarios.

    20070124204056-20701211854.jpg
    La speme che rinasce in un col giorno.
    Dolor mi preme del passato, e noia
    Del presente, e terror de l’avvenire.
     
    [L’esperança que reneix junt amb el dia.
    Dolor em causa del passat, i avorriment
    Del present, i terror de l’esdevenidor.]

    Se me olvidó que te olvidé |Lolita de la Colina| [canción]

    Tema: S E N T I R ~ 25/01/2007 21:08 ~ Hay 14 comentarios.

    20070125210959-20701202022.jpg
    Yo te recuerdo cariño
    mucho fuiste para mí
    siempre te llamé mi encanto
    siempre te llamé mi vida
    hoy tu nombre se me olvida
     
    se me olvidó que te olvidé
    se me olvidó que te dejé
    lejos muy lejos de mi vida
    se me olvidó que ya no estás
    que ya ni me recordarás
    y me volvió a sangrar la herida
     
    se me olvidó que te olvidé
    y como nunca te lloré
    entre las sombras escondido
    y la verdad no se porqué
    se me olvidó que te olvidé
    a mí que nada se me olvida

    · Mañana ·

    Tema: e s b o z o s ~ 26/01/2007 20:14 ~ Hay 2 comentarios.

    20070120230921-20701202307.jpg- ¿Cuando piensas comprármelo? - preguntó ella.
    - Mañana, cariño, mañana. - respondió él.
     
    Y con cada nuevo hoy, mañana del ayer, se repetía la misma cantinela:
     
    - ¿Cuando piensas comprármelo? Venga, di.
    - Mañana sin falta, mi amor.
     
    Hasta que un día él se lo dio dentro de una cajita de terciopelo azul.
     
    - ¿Y las gracias?, ¿no me las das? - preguntó él ansioso.
    - Mañana. - respondió ella.

    · El mito de Ícaro |André Comte-Sponville| ·

    Tema: t e s o r o s ~ 27/01/2007 19:32 ~ Hay 7 comentarios.

    20080329230553-el-mito-de-icaro.jpgCualquier artefacto trae consigo un libro de instrucciones. Sin embargo, al nacer venimos con un pan debajo del brazo, ¡ni siquiera un mísero manual abreviado del sobrevivir! Entonces debemos de aprender sobre la marcha e ir recopilando informaciones que nos servirán para redactar nuestra propia guía de uso, la cual terminaremos cuando desgraciadamente ya no nos haga falta.
     
    Hace unos años leí un fantástico libro de filosofía. André Comte-Sponville: EL MITO DE ÍCARO. Tratado de la desesperanza y de la felicidad/1, editorial Antonio Machado Libros, colección Teoría y Crítica. Desde entonces he estado preguntando repetidamente en las librerías por el segundo volumen, su continuación, con resultado infructuoso. Así que busqué la forma de ponerme en contacto con el traductor y, al encontrarla, tuve la osadía de mandarle un mensaje preguntando por la continuación. Me respondió: No es osadía sino un inmenso placer conocer a uno de los poquísimos lectores que tuvo ese libro. No es necesario seguir copiando su educada y agradable respuesta pues se puede deducir fácilmente que la posibilidad de una traducción de la segunda parte es muy escasa. Para una editorial los libros son negocio y dudo que mi entusiasmo la hiciese cambiar de opinión, de nada serviría decirle que ese libro forma parte del libro de instrucciones de mi propia vida. Al menos la primera parte se puede encontrar en las librerías.
     
    PS: La imagen es la misma de la cubierta.

    · Amanecer invernal ·

    Tema: e s b o z o s ~ 28/01/2007 18:45 ~ Hay 2 comentarios.

    20070127221049-amanecer-invernal.jpgLas brumas de la mañana son los fantasmas de los bosques que huyen al amanecer. En su ascenso sólo pueden arrastrar la negritud del cielo pues las ramas de los árboles fijan el azul en su inmensidad. Y el hombre que mira a lo alto se siente pequeño porque, a fin de cuentas, lo es.

    El mito de Ícaro |André Comte-Sponville| [fragmentos del Prólogo]

    Tema: P E N S A R ~ 29/01/2007 20:35 ~ Hay 3 comentarios.

    20070127212930-el-mito-de-icaro-prologo.jpgNuestro tiempo pasará por ser el tiempo de la desesperanza. La muerte de Dios, el debilitamiento de las Iglesias, el fin de las ideologías... Sin embargo, yo lo veo más bien como el resultado de la fatiga. Se creen desesperados porque están decepcionados... Pero si estuvieran realmente desesperados no se sentirían decepcionados. Nuestro tiempo no es el tiempo de la desesperanza, sino el del desencanto. Vivimos el tiempo de la decepción.
     
    Y así cada uno de nosotros debe buscar nuevas razones para vivir y para sentir esperanza. Hay que soportar con entereza el presente y preparar las decepciones del porvenir... Así pues, la tristeza engendra tristeza y el consuelo de hoy prepara las decepciones de mañana. Cada nueva esperanza está ahí sólo para hacer soportable la frustración de esperanzas previas, y esta huida perpetua hacia el porvenir es lo único que nos consuela del presente. «De esta manera no vivimos nunca, pero esperamos vivir...» [B.Pascal]. La esperanza y la decepción son ambas hijas del mal vivir y lo reproducen indefinidamente.
     
    (...)
     
    [En este libro] Hablaré poco de la infelicidad. La conozco lo bastante como para saber lo que es y la impotencia que la filosofía muestra para enfrentarse a ella. Cuando se ha sufrido demasiado ya no se puede pensar; y cuando uno vuelve a pensar de nuevo eso no impide que se siga sufriendo. Al final del dolor ya sólo queda un grito y unas lágrimas; y la única sabiduría consiste en resignarse. No me gustan los filósofos que consuelan.
     
    Sin embargo, tampoco es verdad que la filosofía no sirva para nada. Es cierto que tan sólo está hecha de palabras y que sólo puede cambiar tales palabras o su orden o la disposición en nosotros de las palabras y las imágenes o nuestro pensamiento o el confuso murmullo de nuestra alma. Las cosas no filosofan y, por su parte, la filosofía deja las cosas tal y como son. Este silencio de las cosas las protege. No somos Dios y nuestro discurso no es más que un discurso: producción y desplazamiento de sentido y no creación de ser. Pero también las palabras mismas son las que llegan a constituir un problema; son las imágenes lo que es necesario llegar a dominar. El sufrimiento, la muerte, no son de entrada problemas; son hechos. Hechos contra los que el cuerpo se sabe defender y combate o muere como puede. Los animales no tienen necesidad de filosofía. La atrocidad es lo que es y ya está, y el pensamiento no puede hacer nada para cambiarla.
     
    Nada a excepción de esto: hacernos presente la atrocidad incluso cuando no está y, por la permanencia que le otorga en nosotros, obligarnos a cohabitar con ella. La excepción, al pensarla, se convierte en la regla. De ahí para nosotros la existencia de nuestra propia muerte y, en ausencia de todo temor, la tortura continuada de la angustia. La humanidad tiene este precio. El lenguaje nos libera del presente del ser y nos entrega atados de pies y manos -esclavos del tiempo y prisioneros de nosotros mismos- al mundo fantasmal de los seres que no son. La muerte, los dioses, el tiempo... La imaginación enloquece aquí al volverse humana. (...) El lenguaje y el tiempo son nuestros límites, límites que frecuentamos y que nos frecuentan. Vivir es un reino de sombras.
     
    Y es aquí donde la filosofía puede ser útil. Apenas nada puede contra la desgracia; poco puede a favor de la felicidad. Puesto que nuestra exigencia como seres humanos no es simplemente vivir, o evitar el sufrimiento, sino ser felices. Y el pensamiento, a la par que lo permite, lo hace difícil. Hay tantos problemas que superar, tantos obstáculos que vencer en nosotros, tanta angustia... El fracaso es una empinada pendiente. Hay, pues, que filosofar: lo que hace posible la filosofía –el pensamiento- la hace también necesaria. La única felicidad consiste en un pensamiento dichoso. La filosofía no transforma el mundo, pero es eficaz a su modo: porque no hay problemas sino pensamiento y no hay más angustias que las imaginarias. Los muertos no saben qué es la muerte. La filosofía no transforma el mundo, ni lo pretende. Pero puede cambiar la vida. Porque la vida está toda ella del lado del discurso y de lo imaginario. No hay vida más verdadera que la soñada.
     
    La filosofía es la verdad de este sueño y el sueño de esta verdad. No evita que seamos desgraciados, y menos que a nadie a aprendices como nosotros. No nos dispensa de sufrimientos. Pero puede enseñarnos la felicidad. Pues la felicidad jamás está dada. La felicidad no es un asunto de oportunidades, ni un regalo del destino. No es, por ejemplo, ausencia de infelicidad, su simple negación. La infelicidad es un hecho; la felicidad, no. La infelicidad es un estado; la felicidad, no. Llevado al límite: la felicidad no existe. Es preciso, por tanto, inventarla.
     
    La felicidad no es una cosa; es un pensamiento. No es un hecho; es una invención. No es un estado; es una acción. Digamos la palabra: la felicidad es creación. Aun así, esta creación no crea nada fuera de ella misma. (...) Vivir es un crear sin obra. La filosofía es la teoría de esta práctica, que sería la felicidad misma si lográramos tener éxito. Al menos podemos intentarlo, pues el propio Spinoza, «el sabio más íntegro» [según Nietzsche], nos invita a ello y nos acompaña en la tarea: «Si la vía que, según he mostrado, conduce a ese logro parece muy ardua, es posible hallarla, sin embargo. Y arduo, ciertamente, debe ser lo que tan raramente se encuentra. En efecto: si la salvación estuviera al alcance de la mano y pudiera conseguirse sin gran trabajo, ¿cómo podría suceder que casi todos la desdeñasen? Pero todo lo excelso es tan difícil como raro».

    No volveré a ser joven |Jaime Gil de Biedma|

    Tema: S E N T I R ~ 30/01/2007 20:24 ~ Hay 4 comentarios.

    20070130202755-no-volvere-a-ser-joven.jpg
    Que la vida iba en serio
    uno lo empieza a comprender más tarde
    -como todos los jóvenes, yo vine
    a llevarme la vida por delante.
     
    Dejar huella quería
    y marcharme entre aplausos
    -envejecer, morir, eran tan sólo
    las dimensiones del teatro.
     
    Pero ha pasado el tiempo
    y la verdad desagradable asoma:
    envejecer, morir,
    es el único argumento de la obra.

    El mito de Ícaro |André Comte-Sponville| [fragmentos de la Introducción]

    Tema: P E N S A R ~ 31/01/2007 19:37 ~ Hay 5 comentarios.

    20070127213034-el-mito-de-icaro-introduccion.jpgLa desesperanza, no la tristeza. E incluso: la desesperanza contra la tristeza. Pues la tristeza nunca es sino la decepción por una esperanza previa. Y no hay esperanza que no se vea frustrada, que no tenga su cuota de tristeza e inquietud. Trampas del tiempo. Laberinto de vivir. Mientras que la verdadera desesperanza -si es que es posible- no podría ser triste: si lo fuera, no podría sino esperar el fin de su tristeza y se anularía en esta contradicción. Si la tristeza es un estado negativo, la desesperanza, en el sentido en el que yo la tomo aquí, es un estado neutro. Es el grado cero de esperanza. Nada más; nada menos. Es una suerte de estado sin porvenir (puesto que no hay porvenir que no incorpore esperanza), en el que precisamente se trata de evaluar la posibilidad y las consecuencias. La desesperanza es el presente mismo. Dicho de otra forma: la eternidad de vivir. La palabra, sin embargo, me incomoda un poco, lo confieso, por lo que en apariencia evoca de negativo o triste, por sus connotaciones melancólicas, de nostalgia o, para decirlo todo, de romanticismo. Si sintiera atracción por los neologismos, voluntariamente habría utilizado el de inesperanza, como hacía Mounier en un sentido, por lo demás, bastante próximo: «no el luto de la esperanza sino la constatación de su ausencia...». Pues bien, es un poco eso -esta constatación- lo que en definitiva querría pensar; hasta el final, si es posible, es decir, también hasta su límite y hasta ese extremo en el que la felicidad se convierte por su parte en algo pensable. Pero esta palabra de inesperanza no ha conseguido imponerse. Y además es de justicia. Pues la desesperanza, incluso la más neutra, nunca es un estado original. Supone siempre la fuerza previa de un rechazo. La esperanza es lo primero; por tanto, hay que perderla. La des-esperanza indica esta pérdida que no es en principio un estado sino una acción. La desesperanza viene siempre después. Es el búho de Minerva del alma, y su comienzo. Algo así como en la historia de los números la invención final del cero. El niño cree al principio en Papa Noel...
     
    (...) Feliz es aquel al que, como se suele decir, «nada le cabe esperar», y Gide tenía razón al querer morir «totalmente desesperado»; eso sería morir feliz. La famosa frase que Dante inscribiera a las puertas de su Infierno -«¡Quien entre aquí abandone toda esperanza!»- debería servir más bien para dar entrada al Paraíso: no a un condenado que espera una salvación imposible, sino al bienaventurado que todo lo ha conseguido -y sólo a él- nada ya le cabe esperar. La esperanza es la espera de la felicidad -lo cual supone tanto como que uno aún no la tiene-. Sabemos que no se la puede esperar mucho tiempo, toda vez que la esperamos ya desde hace mucho. Madame Bovary soy en realidad yo mismo, todos nosotros: «De esta manera no vivimos nunca, pero esperamos vivir; y preparándonos siempre a ser felices, es inevitable que no lo seamos nunca». Tener esperanza es esperar; la felicidad comienza cuando ya no se espera. El desesperado quiere ser feliz inmediatamente, y tiene razón: su sabiduría es impaciente -y no tiene paciencia sino para la sabiduría-. Dios tiene razón al apreciar tanto la esperanza: ella es la que le hace vivir. Pero para el hombre, vivir de esperanza es tanto como vivir de ilusiones. De ahí la religión. De ahí también la tristeza. «Los tristes tienen dos razones para serlo: ignoran o esperan». Y muy a menudo esperan porque ignoran. Frente a ello, la verdad sin esperanza (puesto que es la verdad) es siempre verdad del presente, verdad eternamente presente. (...)
     
    Ésa es también la lección de Epicuro: «Nacemos una sola vez y dos no nos es dado nacer y es preciso que la eternidad no nos acompañe ya. Pero tú, que no eres dueño del día de mañana, retrasas tu felicidad y, mientras tanto, la vida se va perdiendo lentamente por ese retraso, y todos y cada uno de nosotros, aunque por nuestras ocupaciones no tengamos tiempo para ello, morimos». Frente a todo ello, la desesperanza le hace un sitio al placer presente -este placer que es «principio y fin de la vida dichosa»-. Si se quiere, no es más que el cigarrillo del condenado, pero toda la vida puede estar condensada en este cigarrillo, hermoso y único, que se halla suspendido sobre la nada. «Debemos reír a la vez que buscar la verdad», dice Epicuro, «y cuidar de nuestro patrimonio y sacar fruto a las demás propiedades». Es Sísifo feliz. Por lo demás, aquí no  hay roca o, si la hay, se trata sólo de una imaginaria. Lucrecio lo vio con claridad: la roca es la esperanza misma, y el temor. La una no se da sin la otra, y aquello que uno empuja ante sí, siempre vuelve a caer. Es esto lo que resulta absurdo, y triste, y trágico: siempre el peso de nuestros deseos insatisfechos, de nuestros temores vanos. Sísifo es Tántalo. Lo que desea «no es sino ilusión y jamás le será concedida». Y lo mismo con respecto a lo que teme. Todo eso no está sino «vacío», y queda reemplazado por la sola imaginación. Este vacío no es una carga tan pesada como el peso mismo de nuestros fantasmas. La roca está en nosotros, y es esto lo que la desesperanza anula, volviendo a darle al vacío la ligereza que le es propia. Es el comienzo de la paz. «La ambición y los dioses mueren juntos; juntos la esperanza y el dolor...». (...)
     
    Vémonos muy lejos de la «desesperanza» siniestra en que se quiere ver el clima espiritual de nuestra época, y que no se halla tejido sino por caídas en falso y ascensiones abortadas. Movimiento propio de una pulga, no de un pájaro... Lo que ocurre es que no se desciende lo suficiente, porque nunca se dejan de esperar miles y miles de cosas. No es desesperanza; se trata de una sucesión indefinida de esperanzas frustradas. Nuestra época no es la de la desesperanza; es la de la decepción. Y la de la decepción suprema: la que resulta de no ser inmortales. Lo que ocurre es que esperamos demasiado, siempre demasiado. Empujamos nuestras rocas y he aquí que una y otra vez estas rocas vuelven a caer... ¿Pero cómo podrían no hacerlo? Rocas son al fin... Y nosotros volvemos a descender con ellas, llorando por nuestras ilusiones perdidas y soñando ya con las siguientes... «Mientras que el objeto de nuestros deseos permanece alejado, nos parece superior a todo lo demás; para nosotros es para quienes deseamos otra cosa, y la misma sed de la vida sostiene siempre nuestro aliento...». (...) Este libro [“El mito de Ícaro”] tratará de pensar bajo la invocación de Ícaro una ascensión de otro tipo, sin rocas ni montañas -sí, sin más rocas que las imaginarias y sin más montañas que las soñadas-, una ascensión de la cual me parece, por hablar sólo de Occidente, que Epicuro y Spinoza -además de otros- no han hecho sino indicar el camino. Mi locura, si es tal, consiste en creer aún en él.
     
    Cada uno tiene sus alas y su viaje, decía, cada uno la inmensidad de su cielo... Azar de las vidas y de las capacidades: las alas que yo conozco son las del pensamiento. Filosofar es mi viaje; la sabiduría, el cielo al que yo tiendo. Hay otros caminos, sin duda, y quizá más hermosos o más cortos. Pero uno no elige. O, más bien (pues la voluntad tiene aquí algo que decir: ¿quién más podría decirlo?), uno no elige su elección, sino sólo su respuesta. Y la alternativa fijada por mí fue: desesperanza o filosofía. Azar de los días... Sucesivamente he elegido una cosa o la otra, según los momentos y las circunstancias de la vida, según las intermitencias del corazón y las dudas de la razón, antes de darme cuenta al fin de que los dos caminos se reúnen, puesto que la una no era sino el conocimiento verdadero de la otra. La sabiduría constituye el feliz punto de encuentro entre ambas, del que evidentemente no hablo por una experiencia personal (de haberla alcanzado, por otra parte, no sentiría la necesidad de hablar de ella), sino simplemente por haber tomado en serio, en lo que ella apunta como su fin propio, una tradición filosófica que es la nuestra. Se me dirá que esta tradición está superada, que es anacrónica, ilusoria... Tal vez, pero después de todo no importa, pues al fin y al cabo no hay ninguna otra cosa. En resumen, la dicha, si no la felicidad, no está al final del camino, sino en la marcha misma. Epicuro lo dice, Spinoza lo dice, y de esto al menos yo he podido tener experiencia. Lo confesaré de un modo ingenuo: me gusta la filosofía por la felicidad -aunque sea fugaz- que ella me procura.
     
    Me preguntarán entonces qué es la filosofía. Y sin duda no es algo que esté claro ya para un buen número de personas ante el extraño disparate que hoy día ha llegado a esconderse tras esta palabra, y que a menudo no consiste sino en mera erudición y juego de espíritu o, en general, en charlatanería de la razón. Pues en ocasiones también la razón habla por hablar... A decir verdad, no discutiré sobre las palabras y dejo a cada uno que le dé el nombre que prefiera. Lo importante es ponerse de acuerdo sobre las definiciones. La mía tiene más de dos mil años y me resulta grato tomarla prestada de Epicuro, sin tener que cambiar en ella una sola palabra, ni hallar nada que retocar en aquella insuperable formulación: «La filosofía es una actividad que, mediante el uso del discurso y del razonamiento, nos procura una vida feliz». Habrá que subrayar que no se hace referencia con ello a ese monstruo proteico que frecuenta nuestras bibliotecas, gran devorador de ofrendas y sacrificios (tesis, memorias, coloquios...), con sus misas y sus grandes sacerdotes, sus vestales y sus inquisidores, con sus libros sagrados, sus profetas y sus mártires que he llamado historia de la filosofía -disciplina estimable, bien lo sé, pero que un día acabará, si no estamos en guardia, por devorar a la filosofía misma, y que yo por mi parte abandono a manos de los historiadores-. Es hoy cuando hemos de vivir. Es hoy cuando hemos de pensar. Y Epicuro o el Buda, Lucrecio o Pascal, Marx o Spinoza sólo cuentan por lo que puedan -hoy- ayudarnos a ello. Y poco me importa que entre ellos difieran en tantos puntos. Lo que me interesa es lo que pueden en conjunto ayudarnos a pensar. Mi problema no es de eclecticismo sino de estrategia.

    ...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.

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