
Sostuve su mirada el tiempo suficiente para demostrarle que era rabia y no afecto lo que pretendía. El primer puñetazo lo recibí en la mejilla izquierda y, como la Biblia ordena, multipliqué los peces al partirle una caja de boquerones congelados en la cabeza. Trastabilló ligeramente pero antes de ponerme a la defensiva recibí el segundo puñetazo en la boca del estómago. Expulsé el aire de golpe y tardé en recuperarlo nuevamente, lo suficiente para que el tercer puñetazo impactara en mi ojo derecho. Era mi oportunidad, los brazos en alto le dejaban al descubierto los pechos, maravilla de la naturaleza. Así a ojo (con el izquierdo) calculé que le vendría bien una talla 95 con una copa tipo B. Cada Navidad que pasa me es más difícil encontrarle el regalo adecuado....y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.