
El gato no hace nada, simplemente es, como un rey. Está sentado, acurrucado, tumbado. Está persuadido, no espera nada y no depende de nadie, se basta. Su tiempo es perfecto, se dilata y se contrae igual que su pupila, concéntrico y centrípeto, sin caer en ningún afanoso y monótono goteo. Su posición horizontal tiene una dignidad metafísica generalmente olvidada. Nos tumbamos para descansar, dormir, hacer el amor, siempre para hacer algo y volvernos a levantar nada más haberlo hecho; el gato está para estar, igual que nos tendemos delante del mar sólo para estar allí, tendidos y abandonados. Es un dios de la hora, indiferente, inalcanzable....y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.