
Sr. Juez,
Empiezo esta carta con la firme pretensión de, al terminar, lanzarme al vacío desde el piso treinta de este bloque de oficinas en el que me encierro día tras día desde hace ocho años. Ya sé que no me conoce, a lo sumo le habrán facilitado unos meros datos: donde nací, mi profesión, mi estado civil, si tenía antecedentes y, seguramente, si tenía problemas psiquiátricos. Pero eso no es conocerme sino estar informado de mis vínculos con la sociedad, precisamente lo que más detesto y que, a fin de cuentas, me han precipitado a este final inminente. Así que antes de que se forme una imagen errónea de mí he pensado explicarle quién soy o, mejor dicho, quién quise ser pues es ahí y sólo ahí donde realmente puedo decir “yo” con propiedad: Quise amar con dulzura y mi amor naufragó en un mar de dudas, quise tener muchos amigos y pocos lo fueron de verdad, más bien ninguno, pues nunca correspondí a ellos, y si luché por lo que creía fue hasta darme cuenta de lo relativo que resulta cualquier principio. Entonces me dejé arrastrar por la masa. Fui un hombre incierto, viví mientras viví y ahora muero porque me siento muerto. Disponga a su parecer de mis males pues bienes no me quedan ya para repartir.
Atentamente,
Un Suicida Cualquiera
Sr. Suicida Cualquiera,
Aunque sus ojos no puedan leer ya esta carta, pues habrán reventado a causa de la sobrepresión intracraneal en el momento del impacto de su caída libre desde el piso treinta, confío en que de alguna manera que no alcanzo a comprender su espíritu sea capaz de recoger lo que a continuación le vendré a referir. Sepa usted, señor Suicida Cualquiera, que ha cometido un error, un tremendo error, el cual carece de solución. Piense que la vida no es lo suficientemente inteligente como para urdir un complot en su contra, ni lo suficientemente estúpida como para no merecer ser vivida y disfrutar de los deleites que inocentemente nos depara. Es bien visto que todo depende del cristal con qué se mira, un mismo paisaje nos podrá parecer tenebroso o mágico. Así que está en nuestras manos la interpretación de la realidad que se nos presenta. Si usted encontró que su vida estaba vacía, ¿acaso se llenará al desaparecer?, quizás muerto el perro se acabó la rabia pero roto el cántaro, ¿quién lo llenará? Perdió la última oportunidad de demostrar que si hay algo que valga la pena es precisamente vivir, día a día, entre penas y alegrías. Estar aquí nunca será bueno o malo, es simplemente maravilloso.
Atentamente,
El Juez