

el disc 1 de pomada es una rareza que sólo se podía comprar por correo, en los conciertos o gracias a un golpe de suerte. Pero dado que fue autoeditado sin el apoyo de una discográfica y que el grupo ya ha desaparecido, quizá haya otros imposibles más probables, como erradicar las guerras. Por lo tanto, aparte del propio valor, indudable, hay que añadir el del “artista muerto”.
Pomada eran un dúo de cuatro: a la vista, Carles Belda y Helena, y, en la trastienda, Oriol Casas y Xavier Batllés. Su música es festiva (aquí retomo el presente pues el viento sólo se lleva las palabras, que la música permanece, afortunadamente), profesionalmente casera y ejemplo de buena onda. El resto es historia, es decir, ya forma parte de mí.
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.