
Sí, pero no próximamente. (...) Pensar -esta sugerencia ha llegado a mis oídos- que pronto podremos ordenar a un modelo de mesa de “caja musical” preprogramada, fabricada en serie y obtenible por veinte dólares mediante envío postal, que haga surgir de sus estériles circuitos composiciones que pudieron haber sido creadas por Chopin o por Bach si hubiesen vivido más tiempo, implica una grotesca y lamentable subestimación de la profundidad del espíritu humano. Para que un programa produzca la música que esos autores produjeron tendría que enfrentar al mundo por sí mismo, afanándose en atravesar el laberinto de la vida y sintiendo cada momento de esa experiencia. Tendría que comprender el gozo y la soledad de una fría noche ventosa, la necesidad de una caricia, la inaccesibilidad de una población distante, el desgarramiento y el consuelo tras la muerte de un ser humano. Tendría que conocer la resignación y el hastío de la vida, el dolor y la desesperación, la determinación y la victoria, la devoción y el temor reverencial. Tendría que haber experimentado la mezcla de elementos opuestos como la esperanza y el miedo, la angustia y el regocijo, la serenidad y la ansiedad. E integrado todo ello como la carne al hueso tendría que tener sentido de la gracia, el humor, del ritmo, y un sentido de lo imprevisto, además, por supuesto, de una exquisita conciencia de la magia de la creación pura. Aquí, y solamente aquí, se encuentran las fuentes de la significación musical....y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.