

Se dirigía un cura andando de una a otra parroquia, y como no logró atravesar el río porque bajaba muy crecido, se acercó junto a un parroquiano, que coincidió estar en aquel momento echando el agua a un prado, y le dijo:
- ¡Ay señor Ángel! Si me hiciese un favor... Quiero decir misa en la otra parroquia y no pude vadear el río. ¿Podría dejarme su burra?
- Sí hombre, sí -le contestó el labrador-. A pesar de que yo no soy hombre de misa, me agrada hacer favores a los clérigos para que el día de mañana intercedan por mí. Y como la burra resiste bien, podemos pasar los dos en ella.
Así pues se subieron los dos a la burra, y cuando se encontraban en mitad del río, empezó el cura a rezar pues ya el agua le llegaba a la sotana.
- ¡Ay señor cura, carajo! -le dijo el labrador-: no rece que esta burra es muy religiosa, y como se arrodille, vamos los dos a tomar por el culo.
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.