
La calculadora perdió la tecla de sumar, la más importante, que si hubiera sido cualquier otra no hubiera tenido apenas importancia. Pero la de sumar, siendo tan necesaria, era asunto grave. Y no sabía cómo había sido, tras una división rutinaria quiso sumar y sólo se encontró con el agujero en su teclado. Miró debajo de sí misma y dentro del compartimiento de las pilas, miró hacia los naturales positivos y hacia los racionales negativos; incluso le preguntó a su propietario que no la entendió pues de siempre había sido un patán para las matemáticas. Entonces, en el diferencial de lo que dura un suspiro se apagó agotada: ya no podía ser útil a la humanidad. Sin la suma no habría nunca un crecimiento pausado, la multiplicación llevaría al desborde infinito y la división y la resta acelerarían nuestra desaparición....y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.