
La ofensa se remontaba al origen de los tiempos, cuando Satán decidió abandonar el paraíso harto de que siempre hiciera buen tiempo y de que las buganvillas estuviesen permanentemente en flor. Entonces Dios, en su absoluta arrogancia, se había sentido terriblemente ofendido “con la de días que ha costado hacerlo” y no escuchó las razones de Satán, buenas o malas, qué sé yo, pero eran suyas y eso debiera haber sido suficiente para escucharlo. Entonces Satán se fue cabizbajo a ver mundo y, como en un principio no había nada más que paraíso, se creó el mundo que nosotros conocemos para poder verlo. Hacía ya una eternidad de todo ello cuando de repente sonó el teléfono del despacho de Satán:...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.