
Hay días en los que el tiempo se detiene, nos mira a los ojos y nos dice: “Mañana iré más rápido que nunca”. Entonces comprendemos que hay cosas que nunca llevaremos a cabo, veremos escapar las oportunidades en un remolino tras el tiempo en fuga. Y estaremos quietos en medio del vendaval de horas que transcurren, habremos llegado a la mitad de nuestras vidas sin ser conscientes de haber vivido. Todo fue vano pues se trocó en pasado lejano, y el futuro resulta menos halagüeño en tanto que aún no existe. Mientras tanto el presente, ese instante inaprensible, se reirá a nuestras espaldas y no nos podremos girar para preguntarle el motivo. Y al final, si algún rastro queda tras nuestro será por haber arrastrado los pies....y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.