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    Resumen

    · Escribiendo un cuento ·

    Tema: e s b o z o s ~ 03/12/2006 18:39 ~ Hay 4 comentarios.

    20061203183932-2061203-ambiente.jpgEncendí el ordenador porque quería escribir un cuento de terror. Para empezar debía de crear el ambiente propicio para la historia, así que apagué las luces y dejé que la pantalla iluminara tenuemente mi cara y el teclado. El ordenador seguía su lento proceso de arranque. Encendí dos velas a la izquierda y coloqué un crucifijo a la derecha apoyado en una copa junto a una rosa marchita. La barra de color azul seguía surcando la pantalla, deteniéndose algunos momentos para volver luego otra vez a moverse. Después del ambiente era importante encontrar un personaje que fuese creíble como víctima, pues para héroes ya están las historias románticas. Alguien alto, desgarbado, pálido y con una tos enfermiza, como yo. "Se está cargando su configuración". Una vez creado el ambiente y escogido el personaje tocaba imaginar la situación en la que se vería implicado, algún toque sobrenatural o un contacto con la muerte sería suficiente. Un pitido del ordenador me arrancó de mis pensamientos y me obligó a fijarme en la pantalla: "Windows no pudo cargar su configuración, fue eliminada cuando usted murió."

    · Little Miss Sunshine ·

    Tema: m i r a d a s ~ 04/12/2006 20:00 ~ Hay 6 comentarios.

    20061204200036-2061204-little-miss-sunshine.jpgHay dos tipos de personas: las ganadoras y las perdedoras. Las primeras no son siempre las primeras pero las segundas siempre son las últimas, es decir, ganador es quien lo intenta y perdedor es quien no se atreve. Hasta aquí parece un resumen de manual barato de psicología americana, que podría serlo, pero lo chocante es que se aplique a una película en la que sale un homosexual suicida, un drogata sexagenario, un nihilista mudo, un fracasado de éxito, una madre desorientada, una niña del montón y una furgoneta escacharrada, y el resultado sea una película estupenda, amargamente divertida y muy recomendable de ver.

    Poemo |Jesús Lizano|

    Tema: S E N T I R ~ 05/12/2006 17:19 ~ Hay 6 comentarios.

    20080314233542-poemo.jpg
    Me asomé a la balcona
    y contemplé la ciela
    poblada por los estrellos.
    Sentí fría en mi caro
    me froté los monos
    y me puse la abriga
    y pensé: qué ideo,
    qué ideo tan negro.
    Diosa mía, exclamé:
    qué oscuro es el nocho
    y qué solo mi almo
    perdido entre las vientas
    y entre las fuegas,
    entre los rejos.
    El vido nos traiciona,
    mi cabezo se pierde,
    qué triste el aventuro
    de vivir. Y estuvo a punto
    de tirarme a la vacía...
    Qué poemo.
    Y con lágrimas en las ojas
    me metí en el camo.
    A ver, pensé, si las sueñas
    o los fantasmos
    me centran la pensamienta
    y olvido que la munda
    no es como la vemos
    y que todo es un farso
    y que el vido es el muerto,
    un tragedio.
    Tras toda, nado.
    Vivir. Morir:
    qué mierdo. 

    Divagación ante el retrato de la marquesa de Santillana |José Ortega y Gasset| [fragmentos]

    Tema: P E N S A R ~ 06/12/2006 18:37 ~ Hay 4 comentarios.

    20061206183716-2061206-hombre-y-mujer.gifLa mujer tiene un exterior teatral y una intimidad recatada; en el hombre es la intimidad lo teatral. (...)
     
    En las ideas usuales sobre psicología de ambos sexos, no hallo debidamente acentuada esta discrepancia radical. Se trata de dos instintos contrarios; en el hombre hay un instinto de expansión, de manifestación. Siente que si lo que él es no lo es a la vista de los demás, valdría tanto como si no lo fuera. De aquí su afán de confesión, el prurito de evidenciar su persona interior. El lirismo procede, en definitiva, de este genial cinismo varonil. A veces esta propensión a expresar su intimidad, como si en la transmisión a los demás cobrara su plenaria realidad, degenera en contentarse con decir las cosas, aunque éstas no existan. Una buena parte de los hombres no tiene más vida interior que la de sus palabras, y sus sentimientos se reducen a una existencia oral.
     
    Hay, por el contrario, en la mujer un instinto de ocultación, de encubrimiento: su alma vive como de espaldas a lo exterior, ocultando la íntima fermentación pasional. Los gestos del pudor no son sino la forma simbólica (véanse Darwin y Piderit) de ese recato espiritual. No es el cuerpo, en rigor, lo que le importa defender de las miradas masculinas, sino aquellas ideas y sentimientos suyos referentes a las intenciones del hombre con respecto a su cuerpo. El mismo origen tiene la mayor frecuencia e intensidad del azoramiento de la mujer. Es ésta una emoción suscitada por el temor de ser sorprendidos en nuestros pensamientos y afectos. Cuanto mayor es el deseo de mantener secreto algo de nuestra vida interior, más expuestos nos hallamos al azoramiento. Así el que miente suele azorarse, como si temiese que la mirada del prójimo perforara su palabra mendaz y pusiese a descubierto la verdadera intención que ocultaba. Pues bien, la mujer vive en perpetuo azoramiento, porque vive en perpetuo encubrimiento de sí misma. (...)
     
    Esta posesión de una vida propia, aparte y secreta, este señorío de una morada interior donde no se deja circular al prójimo, es una de las superioridades de la mujer sobre el hombre. (...) A esto obedece que la amistad entre las mujeres sea menos íntima que entre los hombres. Diríase que poseen una conciencia más clara de dónde empieza su vida propia e incomunicable y donde acaba la del prójimo.

    · Prisionero ·

    Tema: e s b o z o s ~ 08/12/2006 17:52 ~ Hay 3 comentarios.

    20061208162622-2061208-prisionero.jpg
    Es esta celda tan grande
    que los barrotes no veo,
    es la cadena tan liviana
    que su contacto no siento.
    ¿Dónde estás, carcelera,
    para librarme de tu deseo? 

    LA FE |Quim Monzó|

    Tema: S E N T I R ~ 10/12/2006 17:30 ~ Hay 11 comentarios.

    20061210173302-2061210.jpg

    -Quizá es que no me quieres.
    -Te quiero.
    -¿Cómo lo sabes?
    -No lo sé. Lo siento. Lo noto.
    -¿Cómo puedes estar tan seguro de que lo que notas es que me quieres y no otra cosa?
    -Te quiero porque eres diferente a todas las mujeres que he conocido en mi vida. Te quiero como nunca he querido a nadie, y como nunca podré querer. Te quiero más que a mí mismo. Por ti daría mi vida, me dejaría despellejar vivo, permitiría que jugasen con mis ojos como si fuesen canicas. Que me tirasen a un mar de salfumán. Te quiero. Quiero cada pliegue de tu cuerpo. Me basta mirarte a los ojos para ser feliz. En tus pupilas me veo yo, pequeñito.
    Ella mueve la cabeza inquieta.
    -¿Lo dices de verdad? Oh, Raül, si supiese que me quieres de veras, que te puedo creer, que no te engañas sin saberlo y por lo tanto me engañas a mí... ¿De verdad me quieres?
    -Sí. Te quiero como nadie ha sido capaz de querer nunca. Te querría aunque me rechazaras, aunque no quisieras ni verme. Te querría en silencio, a escondidas. Esperaría que salieses del trabajo nada más que para verte de lejos. ¿Cómo es posible que dudes de que te quiero?
    -¿Cómo quieres que no dude? ¿Qué prueba tengo, real, de que me quieres? Tú dices que me quieres, sí. Pero son palabras, y las palabras son convenciones. Yo sé que te quiero mucho. Pero ¿cómo puedo tener la certeza de que tú me quieres a mí?
    -Mirándome a los ojos. ¿No eres capaz de leer en ellos que te quiero de verdad? Mírame a los ojos. ¿Crees que podrían engañarte? Me decepcionas.
    -¿Te decepciono? No será mucho lo que me quieres si te decepcionas por tan poco. ¿Y todavía me preguntas por qué dudo de tu amor?
    El hombre la mira a los ojos y le coge las manos.
    -Te quiero. ¿Me oyes bien? Te q u i e r o.
    -Oh, «te quiero», «te quiero»... Es muy fácil decir «te quiero».
    -¿Qué quieres que haga? ¿Que me mate para demostrártelo?
    -No seas melodramático. No me gusta nada ese tono. Pierdes la paciencia enseguida. Si me quisieras de verdad no la perderías tan fácilmente.
    -Yo no pierdo nada. Sólo te pregunto una cosa: ¿qué te demostraría que te quiero?
    -No soy yo la que tiene que decirlo. Tiene que salir de ti. Las cosas no son tan fáciles como parecen. -Hace una pausa. Contempla a Raül y suspira-. Quizá sí tendría que creerte.
    -¡Pues claro que tienes que creerme!
    -Pero ¿por qué? ¿Qué me asegura que no me engañas o, incluso, que tú mismo estás convencido de que me quieres pero en el fondo del fondo, sin tú saberlo, no me quieres de verdad? Bien puede ser que te equivoques. No creo que obres de mala fe. Creo que cuando dices que me quieres es porque lo crees. Pero ¿y si te equivocas? ¿Y si lo que sientes por mí no es amor sino afecto, o algo parecido? ¿Cómo sabes que es amor de verdad?
    -Me aturdes.
    -Perdona.
    -Yo lo único que sé es que te quiero y tú me desconciertas con preguntas. Me hartas.
    -Quizá es que no me quieres.

    · Activia 2.0 ·

    Tema: e s b o z o s ~ 11/12/2006 19:02 ~ Hay 4 comentarios.

    20061211134826-activia-2.0.gifPor los pasillos de las oficinas ultrasecretas de Danone (sólo conocidas por Google) venía corriendo un señor con bata blanca y una probeta en la mano. Abrió de sopetón la puerta de uno de los laboratorios, sin hacer uso del identificador por iris ocular que no funcionaba desde que una trabajadora gallega le echase mal de ojo. Los compañeros desviaron su atención de los instrumentos en pos del intruso, menos Paco que estaba ensimismado mirando por microscopio cómo copulaban dos bífidus especialmente activos. “Pero bueno, que hay gente trabajando, un poquito de por favor”, dijeron al unísono. Ramón, el intruso, se detuvo en seco bajo el umbral, con la probeta en la mano y el sonrojo en las mejillas. “Lo tenemos, ¡lo tenemos!”, dijo. Sus compañeros se pusieron en pie de inmediato, menos Paco, y comenzaron a lanzar gritos de alegría. Por fin se había logrado una nueva generación de bífidus capaces de aniquilar los de la competencia. Bastaría un único yogur para que el cliente quedase inmunizado contra cualquier otro no patentado por Danone, ¡un hito de la ingeniería alimenticia! Entonces Paco apartó distraído la mirada del microscopio y mientras miraba con tristeza a sus compañeros dijo: “Haz el amor, no la guerra.”

    · Mi blog ·

    Tema: e s b o z o s ~ 15/12/2006 21:44 ~ Hay 4 comentarios.

    20061215214413-2061215.jpgInquieto cada vez más ante las inquietudes que me inquietan y queriendo dar desahogo al ahogo que me producen, hace una semana decidí crear un blog para mis momentos de intimidad pública. El lunes escribí lo mal que me cae el jefe en la puerta del lavabo del excusado, un clásico de la introspección. El martes lo escribí en la máquina del café, promoviendo la tertulia. El miércoles lo escribí en el techo de la oficina, cambiando puntos de vista. El jueves lo grabé con un buril en el parabrisas de su coche nuevo, ampliando horizontes. El viernes me despidieron, total, por un blog.

    Epigrama |Marcial|

    Tema: S E N T I R ~ 16/12/2006 18:58 ~ Hay 2 comentarios.

    20061215184720-2061215.gifVitam quae faciunt beatiorem,
    iucundissime Martialis, haec sunt:
    res non parta labore, sed relicta;
    non ingratus ager, focus perennis;
    lis nunquam, toga rara, mens quieta;
    vires ingenuae, salubre corpus,
    prudens simplicitas, pares amici,
    convictus facilis, sine arte mensa;
    nox non ebria, sed soluta curis;
    non tristis torus, attamen pudicus;
    somnus qui faciat breves tenebras;
    quod sis esse velis nihilque malis,
    summum nec metuas diem nec optes.
     
    [Son éstas, mi queridísimo Marcial,/ las cosas/ que hacen la vida más feliz:/ un patrimonio/ no con esfuerzo acumulado,/ sino heredado;/ un campo fértil,/ un fogón siempre encendido,/ ningún pleito y en ningún lugar,/ pocas visitas y un ánimo tranquilo,/ fuerzas de hombre sobrio y elegante/ en un cuerpo lleno de salud,/ sabia simplicidad, amigos iguales,/ huéspedes que no sean difíciles,/ sencilla la comida,/ noches sin ebriedad,/ libres de ansias y preocupaciones,/ en la cama con una mujer alegre,/ y sin embargo púdica,/ un sueño que vuelva breves las tinieblas;/ estar contento con uno mismo,/ no desear otra cosa,/ no temer ni anhelar/ el último día.]

    · Ranueva ·

    Tema: e s b o z o s ~ 18/12/2006 21:45 ~ No hay comentarios. Comentar.

    20061217114030-2061218-postes.jpgLa rana metió en un hatillo de helecho sus pocas pertenencias y de un salto abandonó la charca. Ante ella se extendía el inmenso erial que rodeaba aquel eximio afloramiento de agua, paraíso líquido, cuna y sepultura de sus ancestros, hogar de los allegados. Matojos secos y rastrojos crujían cuando el viento soplaba a su través, no había vuelta atrás, la decisión había sido tomada y el primer salto ya había sido dado, las consecuencias sólo podían ser inevitables a partir de aquel momento. Durante el día se agazapaba en la sombra de alguna piedra, no hubiera resistido los hirientes rayos que a otros colman de alegría. Avanzaba de noche cuando todos los gatos son pardos y no pocos los peligros para una rana del páramo, pero ella avanzaba con la fuerza de sus ancas, seguía recto, hacia donde la noche siempre parecía más oscura, hasta que los primeros rayos del sol aparecían invariablemente tocando a retreta. Pasaron varias noches con sus días, sombras que proyectaban cuerpos aunque todos opinen lo contrario. Continuaba infatigable, salto a salto avanzaba, poco cada vez pero suficiente para dejar atrás la tortuga de Zenón inmovilizada desde tiempos inmemoriales en su paradoja. Llegó el alba del séptimo día, quizás un número especial para la cábala pero que para una rana lo único extraño que se le podía achacar es que terminase en timo. En uno de sus saltos cayó en terreno húmedo, otro salto más y aún había más humedad, un tercer salto y era agua lo que la recibió; el agua no juzga, sólo moja. Había llegado a dónde nadie la esperaba para encontrarse a sí misma.

    Carta del editor de la revista LEER (Julio-Agosto 2000) |José Luis Gutiérrez| [fragmento]

    Tema: P E N S A R ~ 19/12/2006 21:30 ~ Hay 2 comentarios.

    20061219213027-2061219.jpgConozco desde hace ya muchos años las recomendaciones de todos los prontuarios para gobernantes para desenvolverse con posibilidades de éxito en los inclementes territorios del poder. Desde Maquiavelo a Gracián, una infinidad de autores insisten en la misma recomendación: en ciertos ámbitos de la vida en colectividad, y más concretamente, los que atañen más de cerca al uso y manejo del poder en cualquiera de sus formas, es preceptivo no fiarse nunca de los amigos.
     
    He de confesar que, salvo excepciones, no he prestado demasiada atención a tan prudente y sabia norma, por entender que acaso la vida no merezca demasiado la pena si ni siquiera puedes depositar unas dosis mínimas de confianza y buena fe en las personas en las que has invertido algún capital de afectos y coincidencias de espíritu.
     
    Este olvido de tan precavido principio me ha proporcionado sinsabores y sorpresas, cuando percibes que vínculos que pensabas sólidos y firmes se han debilitado a causa de la fatiga de los años, de la divergencia de intereses, de posicionamientos diferentes, incluso como consecuencia de interesadas activaciones desde instancias externas. O, simplemente, por ese pragmatismo creciente que emana del simple hecho de envejecer, pues la amistad parece asunto más propio de la adolescencia o la juventud, que es momento vital en el que los hombres albergan dentro de sí las intenciones más idealistas, limpias y pujantes. A veces, incluso el mero hecho de considerar el impulso amistoso puede ocasionar que te sitúen bajo el nada recomendable síndrome de Peter Pan.
     
    Y al final, cuando comienzan a aparecer los recelos y las desconfianzas, las miradas furtivas, los campos de minas, los cepos trampas y otros ademanes del arsenal de gestos y conductas que advierten del engaño o la traición, decides refugiarte en la melancolía ante la índole intrínsecamente perversa de la condición humana o guarecerte al abrigo de los libros-testimonio o el memorialismo.
     
    Pero junto a deslealtades o decepciones, tan escasamente práctico proceder te suscita también grandes satisfacciones, pues el comportamiento humano es tan proteico y cambiante que junto a las mayores miserias de las conductas ávidas de poder y en pos de la recompensa, también te topas con algunas gentes limpias, desinteresadas, espiritualmente impecables.

    El cautivado [costumbre navideña de la Provenza]

    Tema: S E N T I R ~ 20/12/2006 21:44 ~ Hay 6 comentarios.

    20061220214633-2061221.jpg

    Es un pobre hombre, muy inocente, que llega al portal de Belén con las manos vacías porque está demasiado ocupado admirando todo lo que ve, cautivado por la belleza de las cosas. Un villancico cuenta la historia:
     
                Y el cautivado alzaba los brazos
                diciendo: ¡Dios mío,
                qué cosa tan hermosa:
                un hombre que era desgraciado
                y ya no lo es!
     
    Sus compañeros se burlan de él, le llaman vago, le acusan de no haber hecho nunca nada:
     
                ¿Cómo que no hice nada?,
                miré a los demás y les animé.
                Les dije que eran buenas personas,
                y que hacían cosas hermosas.
     
    Los demás siguen burlándose, hasta que interviene la Virgen:
     
                No les hagas caso, cautivado.
                Tú viniste a la tierra para admirar:
                cumpliste tu misión y tendrás tu recompensa.
                El mundo será maravilloso,
                mientras haya gentes capaces de admirar.

    · Luna azul ·

    Tema: e s b o z o s ~ 22/12/2006 18:09 ~ Hay 4 comentarios.

    20061223101344-2061222la.jpg
    Amor, te quise tanto, tanto,
    cuando pensaba quererte,
    que ahora que no pienso
    siento que no te quiero.

    · dixit I ·

    Tema: c u a d e r n o ~ 23/12/2006 20:02 ~ Hay 4 comentarios.

    Dice Carmen Martín Gaite en sus Cuadernos de todo: “No hay duda de que lo que no voy escribiendo, por escribir se queda. Me quiero engañar, pensando vagamente que cada visión y experiencia me enriquece, y así me van lloviendo encima los días, sin que me esfuerce por investigar en qué aljibe se recoge toda esa agua o qué tierra fertiliza. Me conformo con alimentar la débil esperanza de que un día u otro recogeré el tiempo de este tiempo cuyo pasar acecho pasmada, inmóvil, con esa mezcla de resignación y sobresalto con que se pulsa en la noche la muñeca de un enfermo, esperando el milagro de la mejoría. Pero ponerse a escribir es un oficio y un oficio que exige disciplina. Las manos se entumecen, se amodorran, sin entrenamiento.”
     
    Aquí empieza el mío.

    La Nochebuena de 1836. Yo y mi criado. Delirio filosófico |Mariano José de Larra|

    Tema: S E N T I R ~ 24/12/2006 12:15 ~ No hay comentarios. Comentar.

    20061224112012-2061224nb.jpg

    (Por esta vez sacrifico la urbanidad a la verdad. Francamente, creo que valgo más que mi criado; si así no fuese, le serviría yo a él. En esto soy al revés del divino orador, que dice: Cuadra y yo.)
     
    El número 24 me es fatal: si tuviera que probarlo, diría que en día 24 nací. Doce veces al año amanece, sin embargo, día 24; soy supersticioso, porque el corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer; sin duda por esa razón creen los amantes, los casados y los pueblos a sus ídolos, a sus consortes y a sus Gobiernos, y una de mis supersticiones consiste en creer que no puede haber para mí un día 24 bueno. El día 23 es siempre en mi calendario víspera de desgracia, y a imitación de aquel jefe de policía ruso que mandaba tener prontas las bombas las vísperas de incendios, así yo desde el 23 me prevengo para el siguiente día de sufrimiento y resignación, y, en dando las doce, ni tomo vaso en mi mano por no romperle, ni apunto carta por no perderla, ni enamoro a mujer porque no me diga que sí, pues en punto a amores tengo otra superstición: imagino que la mayor desgracia que a un hombre le puede suceder es que una mujer le diga que le quiere. Si no la cree es un tormento, y si la cree... ¡Bienaventurado aquel a quien la mujer dice no quiero, porque ése a lo menos oye la verdad!
     
    El último día 23 del año 1836 acababa de expirar en la muestra de mi péndola, y consecuente en mis principios supersticiosos, ya estaba yo agachado esperando el aguacero y sin poder conciliar el sueño. Así pasé las horas de la noche, más largas para el triste desvelado que una guerra civil; hasta que por fin la mañana vino con paso de intervención, es decir, lentísimamente, a teñir de púrpura y rosa las cortinas de mi estancia.
     
    El día anterior había sido hermoso, y no sé por qué me daba el corazón que el día 24 había de ser día de agua. Fue peor todavía: amaneció nevando. Miré el termómetro y marcaba muchos grados bajo cero; como el crédito del Estado.
     
    Resuelto a no moverme porque tuviera que hacerlo todo la suerte este mes, incliné la frente, cargada como el cielo de nubes frías, apoyé los codos en mi mesa y paré tal que cualquiera me hubiera reconocido por escritor público en tiempo de libertad de imprenta, o me hubiera tenido por miliciano nacional citado para un ejercicio. Ora vagaba mi vista sobre la multitud de artículos y folletos que yacen empezados y no acabados ha más de seis meses sobre mi mesa, y de que sólo existen los títulos, como esos nichos preparados en los cementerios que no aguardan más que el cadáver; comparación exacta, porque en cada artículo entierro una esperanza o una ilusión. Ora volvía los ojos a los cristales de mi balcón; veíalos empañados y como llorosos por dentro; los vapores condensados se deslizaban a manera de lágrimas a lo largo del diáfano cristal; así se empaña la vida, pensaba; así el frío exterior del mundo condensa las penas en el interior del hombre, así caen gota a gota las lágrimas sobre el corazón. Los que ven de fuera los cristales los ven tersos y brillantes; los que ven sólo los rostros los ven alegres y serenos...
     
    Haré merced a mis lectores de las más de mis meditaciones; no hay periódicos bastantes en Madrid, acaso no hay lectores bastantes tampoco. ¡Dichoso el que tiene oficina! ¡Dichoso el empleado, aun sin sueldo o sin cobrarlo, que es lo mismo! Al menos no está obligado a pensar, puede fumar, puede leer la Gaceta.
     
    -¡Las cuatro! ¡La comida!-, me dijo una voz de criado, una voz de entonación servil y sumisa; en el hombre que sirve, hasta la voz parece pedir permiso para sonar.
     
    Esta palabra me sacó de mi estupor, e involuntariamente iba a exclamar como Don Quijote: "Come, Sancho, hijo, come, tú que no eres caballero andante y que naciste para comer''; porque al fin los filósofos, es decir, los desgraciados, podemos no comer, pero ¡los criados de los filósofos! Una idea más luminosa me ocurrió; era día de Navidad. Me acordé de que en sus famosas saturnales los romanos trocaban los papeles y que los esclavos podían decir la verdad a sus amos. Costumbre humilde, digna del cristianismo. Miré a mi criado y dije para mí: "Esta noche me dirás la verdad." Saqué de mi gaveta unas monedas; tenían el busto de los monarcas de España. Cualquiera diría que son retratos; sin embargo, eran artículos de periódico. Las miré con orgullo.
     
    -Come y bebe de mis artículos-añadí con desprecio-; sólo en esa forma, sólo por medio de esa estratagema se pueden meter los artículos en el cuerpo de ciertas gentes.
     
    Una risa estúpida se dibujó en la fisonomía de aquel ser que los naturalistas han tenido la bondad de llamar racional sólo porque lo han visto hombre. Mi criado se rió. Era aquella risa el demonio de la gula que reconocía su campo.
     
    Tercié la capa, calé el sombrero, y en la calle.
     
    ¿Qué es un aniversario? Acaso un error de fecha. Si no se hubiera compartido el año en trescientos sesenta y cinco días, ¿qué sería de nuestro aniversario? Pero al pueblo le han dicho: "Hoy es un aniversario" y el pueblo ha respondido: "Pues si es un aniversario, comamos, y comamos doble." ¿Por qué come hoy más que ayer? O ayer pasó hambre u hoy pasará indigestión. Miserable humanidad, destinada siempre a quedarse más acá o ir más allá.
     
    Hace mil ochocientos treinta y seis años nació el Redentor del mundo; nació el que no reconoce principio y el que no reconoce fin; nació para morir. ¡Sublime misterio!
     
    ¿Hay misterio que celebrar? "Pues comamos", dice el hombre; no dice: "Reflexionemos." El vientre es el encargado de cumplir con las grandes solemnidades. El hombre tiene que recurrir a la materia para pagar las deudas del espíritu. ¡ Argumento terrible en favor del alma!
     
    Para ir desde mi casa al teatro es preciso pasar por la plaza tan indispensablemente como es preciso pasar por el dolor para ir desde la cuna al sepulcro. Montones de comestibles acumulados, risa y algazara, compra y venta, sobras por todas partes y alegría. No pudo menos de ocurrirme la idea de Bilbao. Figuróseme ver de pronto que se alzaba por entre las montañas de víveres una frente altísima y extenuada; una mano seca y roída llevaba a una boca cárdena, y negra de morder cartuchos, un manojo de laurel sangriento. Y aquella boca no hablaba. Pero el rostro entero se dirigía a los bulliciosos liberales de Madrid, que traficaban. Era horrible el contraste de la fisonomía escuálida y de los rostros alegres. Era la reconvención y la culpa, aquélla, agria y severa; ésta indiferente y descarada.
     
    Todos aquellos víveres han sido aquí traídos de distintas provincias para la colación cristiana de una capital. En una cena de ayuno se come una ciudad a las demás.
     
    ¡Las cinco! Hora del teatro. El telón se levanta a la vista de un pueblo palpitante y bullicioso. Dos comedias de circunstancias, o yo estoy loco. Una representación en que los hombres son mujeres y las mujeres hombres. He aquí nuestra época y nuestras costumbres. Los hombres ya no saben sino hablar como las mujeres, en congresos y en corrillos. Y las mujeres son hombres, ellas son las únicas que conquistan. Segunda comedia: un novio que no ve el logro de su esperanza; ese novio es el pueblo español: no se casa con un solo gobierno, con quien no tenga que reñir al día siguiente. Es el matrimonio repetido al infinito.
     
    Pero las orgías llaman a los ciudadanos. Ciérranse las puertas, ábrense las cocinas. Dos horas, tres horas, y yo rondo de calle en calle a merced de mi pensamiento. La luz que ilumina los banquetes viene a herir mis ojos por las rendijas de los balcones; el ruido de los panderos y de la bacanal que estremece los pisos y las vidrieras se abre paso hasta mis sentidos y entra en ellos como cuña a mano, rompiendo y desbaratando.
     
    Las doce van a dar: las campanas que ha dejado la junta de enajenación en el aire, y que en estar todavía en el aire se parecen a todas nuestras cosas, citan a los cristianos al oficio divino. ¿Qué es esto? ¿Va a expirar el 24 y no me ha ocurrido en él más contratiempo que mi mal humor de todos los días? Pero mi criado me espera en mi casa como espera la cuba al catador, llena de vino; mis artículos hechos moneda, mi moneda hecha mosto se ha apoderado del imbécil como imaginé, y el asturiano ya no es hombre; es todo verdad.
     
    Mi criado tiene de mesa lo cuadrado y el estar en talla al alcance de la mano. Por tanto es un mueble cómodo; su color es el que indica la ausencia completa de aquello con que se piensa, es decir, que es bueno; las manos se confundirían con los pies, si no fuera por los zapatos y porque anda casualmente sobre los últimos; a imitación de la mayor parte de los hombres, tiene orejas que están a uno y otro lado de la cabeza como los floreros en una consola, de adorno, o como los balcones figurados, por donde no entra ni sale nada; también tiene dos ojos en la cara; él cree ver con ellos, ¡qué chasco se lleva! A pesar de esta pintura, todavía seria difícil reconocerle entre la multitud, porque al fin no es sino un ejemplar de la grande edición hecha por la Providencia de la humanidad, y que yo comparo de buena gana con las que suelen hacer los autores: algunos ejemplares de regalo finos y bien empastados; el surtido todo igual, ordinario y a la rústica.
     
    Mi criado pertenece al surtido. Pero la Providencia, que se vale para humillar a los soberbios de los instrumentos más humildes, me reservaba en él mi mal rato del día 24. La verdad me esperaba en él, y era preciso oírla de sus labios impuros. La verdad es como el agua filtrada, que no llega a los labios sino al través del cieno. Me abrió mi criado, y no tardé en reconocer su estado.
     
    -Aparta, imbécil-exclamé, empujando suavemente aquel cuerpo sin alma que en uno de sus columpios se venía sobre mí-. ¡Oiga! Está ebrio. ¡Pobre muchacho! ¡Da lástima!
     
    Me entré de rondón a mi estancia; pero el cuerpo me siguió con un rumor sordo e interrumpido; una vez dentro los dos, su aliento desigual y sus movimientos violentos apagaron la luz; una bocanada de aire colada por la puerta al abrirme, cerró la de mi habitación, y quedamos dentro casi a oscuras yo y mi criado, es decir, la verdad y Fígaro, aquélla en figura de hombre beodo arrimado a los pies de mi cama para no vacilar, y yo a su cabecera, buscando inútilmente un fósforo que nos iluminase.
     
    Dos ojos brillaban como dos llamas fatídicas en frente de mí; no sé por qué misterio mí criado encontró entonces, y de repente, voz y palabras, y habló y raciocinó; misterios más raros se han visto acreditados; los fabulistas hacen hablar a los animales, ¿por qué no he de hacer yo hablar a mi criado? Oradores conozco yo de quienes hace algún tiempo no hubiera hecho una pintura más favorable que de mi astur, y que han roto, sin embargo, a hablar, y los oye el mundo y los escucha, y nadie se admira.
     
    En fin, yo cuento un hecho; tal me ha pasado; yo no escribo para los que dudan de mi veracidad; el que no quiera creerme puede doblar la hoja; eso se ahorrará tal vez de fastidio; pero una voz salió de mi criado, y entre ella y la mía se estableció el siguiente diálogo:
     
    -Lástima-dijo la voz, repitiendo mi piadosa exclamación-. ¿Y por qué me has de tener lástima, escritor? Yo a ti, ya lo entiendo.
     
    -¿Tú a mí?-pregunté sobrecogido ya por un terror supersticioso; y es que la voz empezaba a decir verdad.
     
    -Escucha: tú vienes triste como de costumbre; yo estoy más alegre que suelo. ¿Por qué ese color pálido, ese rostro deshecho, esas hondas y verdes ojeras que ilumino con mi luz al abrirte todas las noches? ¿Por qué esa distracción constante y esas palabras vagas e interrumpidas de que sorprendo todos los días fragmentos errantes sobre tus labios? ¿Por qué te vuelves y te revuelves en tu mullido lecho como un criminal, acostado con su remordimiento, en tanto que yo ronco sobre mi tosca tarima? ¿Quién debe tener lástima a quién? No pareces criminal; la justicia no te prende al menos; verdad es que la justicia no prende sino a los pequeños criminales, a los que roban con ganzúas o a los que matan con puñal; pero a los que arrebatan el sosiego de una familia seduciendo a la mujer casada o a la hija honesta, a los que roban con los naipes en la mano, a los que matan una existencia con una palabra dicha al oído, con una carta cerrada, a esos ni los llama la sociedad criminales ni la justicia los prende, porque la víctima no arroja sangre, ni manifiesta herida, sino agoniza lentamente consumida por el veneno de la pasión que su verdugo le ha propinado. ¡Qué de tísicos han muerto asesinados por una infiel, por un ingrato, por un calumniador! Los entierran; dicen que la cura no ha alcanzado y que los médicos no la entendieron. Pero la puñalada hipócrita alcanzó e hirió el corazón. Tú acaso eres de esos criminales y hay un acusador dentro de ti, y ese frac elegante, y esa media de seda, y ese chaleco de tisú de oro que yo te he visto, son tus armas maldecidas.
     
    -Silencio, hombre borracho.
     
    -No; has de oír al vino una vez que habla. Acaso ese oro que a fuer de elegante has ganado en tu sarao y que vuelcas con indiferencia sobre tu tocador, es el precio del honor de una familia. Acaso ese billete que desdoblas es un anónimo embustero que va a separar de ti para siempre la mujer que adorabas; acaso es una prueba de la ingratitud de ella o de su perfidia. Más de uno te he visto morder y despedazar con tus uñas y tus dientes en los momentos en que el buen tono cede el paso a la pasión y a la sociedad. Tú buscas la felicidad en el corazón humano, y para eso le destrozas, hozando en él, como quien remueve la tierra, en busca de un tesoro. Yo nada busco, y el desengaño no me espera a la vuelta de la esperanza. Tú eres literato y escritor, y ¡qué tormentos no te hace pasar tu amor propio, ajado diariamente por la indiferencia de unos, por la envidia de otros, por el rencor de muchos! Preciado de gracioso, harías reír a costa de un amigo, si amigos hubiera, y no quieres tener remordimiento. Hombre de partido, haces la guerra a otro partido; o cada vencimiento es una humillación, o compras la victoria demasiado cara para gozar de ella. Ofendes y no quieres tener enemigos. ¿A mí quién me calumnia? ¿Quién me conoce? Tú me pagas un salario bastante a cubrir mis necesidades; a ti te paga el mundo como paga a los demás que le sirven. Te llamas liberal y despreocupado, y el día que te apoderes del látigo azotarás como te han azotado. Los hombres de mundo os llamáis hombres de honor y de carácter, y a cada suceso nuevo cambiáis de opinión, apostatáis de vuestros principios. Despedazado siempre por la sed de gloria, inconsecuencia rara, despreciarás acaso a aquellos para quienes escribes y reclamas con el incensario en la mano su adulación; adulas a tus lectores para ser de ellos adulado, y eres también despedazado por el temor, y no sabes si mañana irás a coger tus laureles a las Baleares o a un calabozo.
     
    -¡Basta, basta!
     
    -Concluyo; yo, en fin, no tengo necesidades; tú, a pesar de tus riquezas, acaso tendrás que someterte mañana a un usurero para un capricho innecesario, porque vosotros tragáis oro, o para un banquete de vanidad en que cada bocado es un tósigo. Tú lees día y noche buscando la verdad en los libros hoja por hoja, y sufres de no encontrarla ni escrita. Ente ridículo, bailas sin alegría; tu movimiento turbulento es el movimiento de la llama, que, sin gozar ella, quema. Cuando yo necesito de mujeres, echo mano de mi salario y las encuentro, fieles por más de un cuarto de hora; tú echas mano de tu corazón, y vas y lo arrojas a los pies de la primera que pasa, y no quieres que lo pise y lo lastime, y le entregas ese depósito sin conocerla. Confías tu tesoro a cualquiera por su linda cara, y crees porque quieres; y si mañana tu tesoro desaparece, llamas ladrón al depositario, debiendo llamarte imprudente y necio a ti mismo.
     
    -Por piedad, déjame, voz del infierno.
     
    -Concluyo; inventas palabras y haces de ellas sentimientos, ciencias, artes, objetos de existencia. ¡Política, gloria, saber, poder, riqueza, amistad, amor! Y cuando descubres que son palabras, blasfemas y maldices. En tanto, el pobre asturiano come, bebe y duerme, y nadie le engaña, y, si no es feliz, no es desgraciado; no es, al menos, hombre de mundo, ni ambicioso, ni elegante, ni literato, ni enamorado. Ten lástima ahora del pobre asturiano. Tú me mandas, pero no te mandas a ti mismo. Tenme lástima, literato. Yo estoy ebrio de vino, es verdad; pero tú lo estás de deseos y de impotencia...!
     
    Un ronco sonido terminó el diálogo; el cuerpo, cansado del esfuerzo, había caído al suelo; el órgano de la Providencia había callado, y el asturiano roncaba.
     
    -¡Ahora te conozco-exclamé-día 24!
     
    Una lágrima preñada de horror y de desesperación surcaba mi mejilla, ajada ya por el dolor. A la mañana, amo y criado yacían, aquél en el lecho, éste en el suelo. El primero tenía todavía abiertos los ojos y los clavaba con delirio y con delicia en una caja amarilla donde se leía mañana. ¿Llegará ese mañana fatídico? ¿Qué encerraba la caja? En tanto, la noche buena era pasada, y el mundo todo, a mis barbas, cuando hablaba de ella, la seguía llamando noche buena.

    · orphans: Brawlers, Bawlers & Bastards |Tom Waits| [2006] ·

    Tema: t e s o r o s ~ 26/12/2006 18:29 ~ Hay 2 comentarios.

    20061226182944-2061225.jpg

    ¿Existe la magia? Menuda tontería, claro que no, eso creía yo... Me han regalado mi primer disco de Tom Waits, su último orphans, formado con canciones alborotadoras, boceantes y bastardas, es decir, descartadas de discos anteriores. Con semejantes antecedentes la decepción está al acecho en espera de su oportunidad. Hasta que descubres que colocarlo en el reproductor es meter la mano en una chistera de la que saldrán sonidos sorprendentes rodeados de recitaciones hipnóticas, es dejarse serrar por su voz áspera y recomponerse milagrosamente cuando el disco deja de girar, es hundirse en la tierra y es levitar,... es magia que se ha podido grabar.

    Apreciemos el instante |Robaiyyat de Omar Jayyam|

    Tema: S E N T I R ~ 27/12/2006 18:25 ~ Hay 2 comentarios.

    20061225180922-2061225.jpg
    Un instante separa devoción de blasfemia,
    un instante divide lo cierto de lo incierto;
    disfruta de este instante y tenlo en mucho aprecio,
    que el total de la vida suma lo que este instante.

    · L'illa dels esclaus |Biblioteca de Catalunya| ·

    Tema: m i r a d a s ~ 29/12/2006 19:09 ~ No hay comentarios. Comentar.

    20061229192105-2061229dfie.jpgLa Companyia Dei Furbi se lanza a las turbulentas y traicioneras líneas de un texto de Marivaux, soltándose valientemente del asidero de los divertimentos anteriores y prescindiendo del continuo jolgorio enmascarado. Y, al igual que los personajes de L'illa dels esclaus, consiguen salvarse sobradamente ante lo que hubiera podido ser el naufragio de su cambio de rumbo.
     
    Una comèdia francesa impregnada de la tradició de la Commedia dell'Arte italiana, una metàfora sobre la corrupció inherent als mecanismes del poder: Ifícrates i Arlequí el seu criat, junt a Eufrosina i la seva criada Cleantis, han naufragat i es troben en una illa dominada per esclaus alliberats. Obligats a acceptar les seves lleis, els patrons seran esclaus i els criats seran els nous patrons.

    · El Gran Secret |Teatre Nacional de Catalunya| ·

    Tema: m i r a d a s ~ 30/12/2006 21:36 ~ No hay comentarios. Comentar.

    20061230213625-2061230gs.jpgEl gran secreto es que el amor no correspondido es una invención, lo dicen al principio y la obra se dedica a demostrárnoslo. Es más, a mí me ha convencido incluso de que el amor, todo él, es una invención. Los modelos para nuestras relaciones se toman de la ficción y sólo podemos elegir si comportarnos trágica, cómica o dramáticamente. Seducir es representar un papel que la cotidianeidad se ocupará de rasgar por muy pintado de azul que esté.
     
    Sin embargo, esto intentaba ser una crítica de teatro: La obra es muy interesante, bien representada y con esas grandes dosis de imaginación visual a las que nos tiene bien acostumbrados Comediants. Las elucubraciones respecto al amor son eso, elucubraciones.
     
    Aunque no puedo evitarlo: El amor es una invención, lo importante es querer de verdad.
     
    [Albert Espinosa dixit:] El gran secret és, sens dubte, una preciosa història d’amor entre en Joan Font i un servidor. Una història que va tenir com a teló de fons el teatre. Vaig conèixer en Joan quan ell estrenava l’espectacle Bi a Pequín i jo feia un documental com a guionista a TV3 sobre la barreja entre orient i occident. L’eufòria i l’amor pel teatre i per la vida que es desprenen d’en Joan em van fascinar. És una persona capaç d’il·lusionar-se, i sempre sembla que faci les coses per primer cop. I també m’entusiasmava el món visual de Comediants en aquell Pequín tan llunyà. Vam voler trobar un projecte en comú i, de cop, en va sortir un. I el tema havia de ser el teatre, la història del teatre. Al cap i a la fi, però, el teatre està al costat de l’amor. Per què no fer, doncs, una història de l’amor? Teatre i amor, un binomi que dóna ales a tothom.
     
    El gran secret fa un repàs per la història del teatre, un repàs diferent, atrevit, irònic i divertit. Un repàs que estableix connexions entre el teatre i l’amor, dos grans temes que estan molt interrelacionats.
     
    Perquè, ¿estimem de la manera que estimem gràcies al teatre? El teatre ens ha donat Romeo i Julieta, ens ha donat La gata sobre la teulada de zinc. ¿Sense aquestes dues obres, sabríem estimar de la manera que estimem o estimem de la manera que ens suggereix el teatre?
     
    Una obra plena de diversió, d’imatges, de tendresa i d’il·lusió, que desitgem que resti en les retines de tota aquella gent que vingui a veure-la.

    Añoranza |Tom Wujec| [traducción: M. Taboada]

    Tema: S E N T I R ~ 31/12/2006 12:39 ~ Hay 2 comentarios.

    20061230152712-2061230abc.jpg
    Alzábanse allí antaño abetos, abedules,
    ballet benevolente, belleza bienhechora...
    Calveros coloridos, con cánticos campestres
    de divinas doncellas, desbordantes de dádivas.
    Extendíanse entonces en edénico espacio
    florestas fabulosas, fortalezas fantásticas.
    Graciosas golondrinas giraban gayamente
    -homenaje hechizante, horizonte hiperbólico-,
    instaurando ideales, inscribiendo ilusiones.
    ¡Jornadas jubilosas, jolgorios juveniles,
    kermesses kaiserianas, kioscos kilométricos!
    Luengos lustros labraron las lúdicas leyendas.
    Mis muertos mantuvieron mil mitos memorables.
    Nacieron nuestros niños, nidada numerosa...
    Olvidando orgullosos obsoletas ofrendas,
    partieron presurosos, petulantes, pueriles.
    Quedamos quebrantados, quietamente quejosos.
    Recordando riquezas, rumiábamos rencores...
    Sursum! Sonreíamos serenos, sosteniéndonos solos.
    Trabajando tenaces, tolerantes, tranquilos,
    una ufana utopía urdiremos unánimes.
    Valientes, volaremos venerables vestigios
    -Walhallas, Waterloos, Washingtones, walkirias,
    xirimías, xilófonos, xenofobias, xenones-,
    ya yertos y yacentes, yugulados y yermos.
    ¡Zanjemos zarandajas, zarpemos zahareños...!
    ¡Adiós, ahora, amigos! Agotado abandono...

    ...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.

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