

Es un pobre hombre, muy inocente, que llega al portal de Belén con las manos vacías porque está demasiado ocupado admirando todo lo que ve, cautivado por la belleza de las cosas. Un villancico cuenta la historia:
Y el cautivado alzaba los brazos
diciendo: ¡Dios mío,
qué cosa tan hermosa:
un hombre que era desgraciado
y ya no lo es!
Sus compañeros se burlan de él, le llaman vago, le acusan de no haber hecho nunca nada:
¿Cómo que no hice nada?,
miré a los demás y les animé.
Les dije que eran buenas personas,
y que hacían cosas hermosas.
Los demás siguen burlándose, hasta que interviene la Virgen:
No les hagas caso, cautivado.
Tú viniste a la tierra para admirar:
cumpliste tu misión y tendrás tu recompensa.
El mundo será maravilloso,
mientras haya gentes capaces de admirar.
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.