
La avinguda Carrilet de L'Hospitalet es anodina, a un lado la zona industrial con sus naves bajas y viejas, al otro los bloques de edificios como muralla de la ciudad habitada. Pasar por ella era ceñirse al hecho de pasar, mero trayecto que sólo sirve para acercarnos de un punto a otro. Así era hasta ayer por la noche. Ahora cada vez que pase por delante de la salamandra (av. Carrilet, 301) recordaré con satisfacción un piano de cola y un micrófono, recordaré un virtuoso capaz de arrancarle sonidos insospechados y una voz portentosa arrebatándonos los sentidos, recordaré a Deine Lakaien y su fantástico concierto, lo mejor que he presenciado en mucho tiempo....y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.